Despierta, Kira.

Seis

Hola, princesa.

¡Feliz aniversario, amor!

Quiero dejar de lado todo el asunto de la desgracia que nos envuelve en la actualidad, olvidar por un momento la tristeza que me ataca sin piedad alguna y centrarme en esta fecha tan especial. Se supone que estos días, en su mayoría, traen buenos recuerdos, alegría y aquella nostalgia que te hace sentir orgulloso de lo que has conseguido al correr del tiempo.

Porque sí, hoy, hace exactamente siete años atrás, comenzaba nuestra relación. O más bien, comenzaba nuestra relación como un romance; porque bien sabemos los dos que técnicamente nuestra relación comenzó a los 6 años cuando te mudaste a la casa junto a la mía. ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? Porque siendo honesto, yo no. En aquella época yo estaba demasiado centrado en un estúpido juego en una consola portátil, y estoy seguro de que el día en que nos conocimos no te presté demasiada atención por estar jugando. Sin embargo, estoy seguro de que a la tercer o cuarto vez que nos vimos, tú me pediste que te cediera un turno para jugar y así lo hice.

En fin, quiero agradecerte por darme los mejores momentos de mi vida y por estar siempre a mi lado, aún estando inconsciente. Realmente espero que sepas lo agradecido que estoy ante el hecho de que una mujer tan maravillosa como tú sea quien me ha acompañado a lo largo de estos años y por haberme hecho sentir especial y amado cada uno de los 365 días del año, e incluso los 366 días de un año bisiesto. Gracias por haberme hecho reír incluso en los momentos en que sentía que me derrumbaba y por alentarme en cada paso nuevo que daba. Eres mi mejor amiga, mi primer amor, mi gran amor, el amor de mi vida y mi persona favorita en este mundo.

Una vez me preguntaste si creía en el destino y sólo me reí de tu pregunta. En aquel momento no lo había pensado, a decir verdad, me daba igual si mi vida y todas las cosas que sucedían en ella eran gracias al destino, coincidencias o por alguna causa en especial. Nunca respondí, pero creo que sí.

En cierto modo, el destino conspiró en que termináramos juntos. Mi plan para pedirte que seas mi novia consistía en enviarte un mensaje y ya. Nada romántico, lo sé... pero sería menos doloroso haber sido rechazado de ese modo. Aunque ahora que lo pienso, de haberlo hecho de esa manera tan desinteresada, lo más probable es que sí hubiera sido rechazado por ti.

Recuerdo que mi batería se descargó y no encontraba el cargador, por lo que decidí correr hacia tu casa. No pude ir por el camino más rápido debido a que cerraron esa calle por una construcción. Gracias al cielo eso sucedió. Tomé el camino del parque y corrí sin fijarme en las personas; sólo quería decirte lo que sentía antes de que fuera demasiado tarde y me acobardara. Tropecé con una castaña, y si no me insultabas, juro que no me habría dado cuenta de que eras tú.

Me disculpé y te sonreí. Tú tampoco habías notado que era yo.

Entonces... suspiré, cerré los ojos intentando calmar todo aquel nerviosismo que me recorría y comencé a hablar. Las palabras no podían parar de salir de mi boca e intentaba decirte todo lo que sentía.

Tus ojos cafés brillaban más que nunca y tus labios se curvaron hacia arriba formando una sonrisa que pronto deslumbraría el lugar. Era como tener el sol frente a mí en medio de un mundo gris. Recuerdo que el clima estaba completamente nublado, los faroles aún no estaban encendidos y no había ni un alma en la calle además de nosotros dos. Desde ese día supe que tú serías la luz que iluminaría mis días.

Firme, feliz y con cierto miedo; hice aquella pregunta que venía insinuándote hacia demasiado tiempo ya. Constantemente te daba señales de que me gustabas y quería que saliéramos en lo que todo el mundo considera «una cita romántica». Hoy en día entiendo que por mi actitud parecía que solo quería pasar el rato o incluso que te estaba haciendo una broma.

«Sé que hemos pasado toda nuestra vida discutiendo por temas tan insignificantes que ni siquiera llegan a mi mente en este momento» comencé a decir. Intentaba aparentar estar tranquilo, ¡pero dios!, créeme cuando digo que mis piernas temblaban como si estuvieran hechas de gelatina

«Pero también sé que cada vez que he estado mal y que he necesitado de alguien, tú siempre me ofreciste tu hombro para llorar. Cada vez que las peleas de mis padres se encargan de hacer que mi vida sea una mierda, tú te quedas conmigo; abrazándome y dándome la seguridad de que puedo llorar sin problema alguno frente a ti»

Un trueno resonó por toda la zona y supe que no quedaba mucho tiempo antes de que las gotas comenzaran a caer, pero tampoco me importaba. Necesitaba decirte todo lo que llevaba pensando durante varios meses y nada me detendría.

«No sé cuándo fue que todo cambió. No sé cuándo empecé a discutirte solo para tener motivos para hablarte y que tú me prestes atención. No sé absolutamente nada sobre qué me ocurre, pero hay algo que sí puedo afirmarte con certeza: me gustas, Kira.»

Tus ojos estaban cristalizados, y por la sonrisa que se había formado en tus labios, supe que no me había equivocado a la hora de confesarte mis sentimientos. Las gotas comenzaron a caer de golpe y con tanta intensidad que parecía el fin del mundo; pero nada de eso importaba. Acortaste el poco espacio que nos separaba y finalmente uniste nuestros labios en lo que siempre será nuestro primer beso.

La construcción, el choque y la lluvia hicieron que comprendiera que estábamos hechos el uno para el otro. No sé si el destino nos quiso juntos, no sé si todo fue una serie de eventos afortunados o si existe una razón mística por la cual nuestros caminos se cruzaron; pero supongo que hay un poco de todo en nuestra historia, ¿verdad?




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