—Chase, ten cuidado con esos materiales. Si rompes algo, se te descuentan.
—Sí, jefe.
Tacho de la lista los materiales que llegaron para comprobar si falta alguno y hago el conteo, asegurándome de que esta vez esté el número correcto y no haya menos de lo requerido, pues traer material a la isla no es fácil, es caro y cualquier error retrasa todo. Mi padre estuvo a punto de quebrar años atrás por delegar las cosas y no supervisar de la forma correcta. Yo no cometeré ese mismo error, no cuando me ha costado tanto sacar la constructora adelante y por fin ha dejado de estar en números rojos para dar ganancias, no después de asumir responsabilidades que nadie más quiso cargar.
No estuve a favor de la construcción del nuevo hotel hasta que supe que Finn se ocuparía de diseñar, planificar y dirigir la construcción del hotel, aun así, acepté más por obligación que por entusiasmo porque sé que este proyecto es un ingreso enorme para mi empresa y generará trabajo para toda la comunidad, y porque hay decisiones que no se toman desde el gusto sino desde la necesidad. Tacho el último material de la lista y sonrío satisfecho, una sonrisa breve que dura lo justo antes de volver al trabajo.
—Cuando terminen, pueden llevar todo a la construcción.
Los dejo terminar con el trabajo y me dirijo a la oficina. Mi madre, quien ocupa el puesto de asistente, me intercepta en el camino con una sonrisa que reconozco de inmediato, una que no tiene nada que ver con presupuestos ni contratos y que me obliga a prepararme antes de que diga una sola palabra.
—Hijo querido.
—No iré a ninguna cita a ciegas con nadie.
Ella deja de sonreír y yo sé que he acertado.
—Así nunca vas a sacarte y a darme nietos.
—No está en mis planes por el momento.
Entro en la oficina con ella pisándome los talones, consciente de que este tema nunca se queda afuera.
—Solo tuviste una novia.
—Quien me dejó cuando me negué a dejar la isla.
—Eso era sabido desde el principio. Vino de vacaciones, se enamoró de la isla, pero después de unos meses comprendió que aquí no encontraría vida nocturna ni una vida social de élite.
Suspiro mientras tomo asiento porque discutir no cambia nada.
—Hace cuatro años era así, ahora está cambiando —fijo la mirada en ella—. Mamá, ya te dije que no voy a salir con cualquier mujer solo para complacerte.
—Amanda es una buena opción. Tiene un año más que tú, lleva siete años viviendo en la isla y ya es una más. Es una buena mujer.
—Ya tuve una cita con ella y fue muy aburrida. No tenemos nada en común salvo el amor por la isla. Deja morir el tema, mamá. Presionándome lograrás el efecto contrario. Mejor habla con Bella.
Rueda los ojos.
—Tu hermana apenas tiene dieciocho años y apenas acaba de terminar la escuela. No sabe si ir a la Universidad o tomarse un año sabático para viajar.
—Ayúdala a decidir y luego puedes esperar hasta que ella decida casarse. Estoy seguro que lo hará antes que yo.
Resopla y niega con la cabeza.
No sé por qué se obsesiona tanto con el matrimonio y los hijos. Mi madre fue sometida por papá, quien no la dejaba trabajar y ella lo permitió, y durante años aceptó un lugar que no le correspondía. Solo comenzó a involucrarse en la empresa cuando yo se lo pedí tras la muerte de papá, cuando todo se desmoronaba y necesitaba apoyo, aunque nunca fue un matrimonio feliz y ella debería saberlo mejor que yo.
Saco una botella de agua del mini refrigerador y le doy un trago para refrescarme la garganta. Incluso con el aire acondicionado encendido, el verano aquí es intenso durante el día y el cansancio se acumula en el cuerpo sin pedir permiso.
—Bueno, dejando el tema a un lado, ya hice los arreglos con Cameron para ocuparnos de las reparaciones de la casa Levigton.
Trago con fuerza y levanto la vista, notando cómo el nombre se instala en mi mente antes de que pueda evitarlo.
—¿La casa Levigton?
Ella asiente.
—Sí. Van a venderla y quieren reparar todo lo necesario para obtener un buen precio, o eso dijo Cameron. No te preocupes, ya hablé con Declan para que se ocupe de ese trabajo, dado que tú estás ocupado con el hotel y con la vieja fábrica.
Niego con la cabeza mientras una presión incómoda aparece en el pecho.
—Esa casa lleva cinco años abandonada desde que la señora Levigton fue llevada a Nueva York por su hijo para poder ocuparse de ella. Cameron dijo que probablemente quedaría abandonada sin interés de nadie.
—Así es, pero es una casa vieja que se está desmoronando y Cameron decidió hablar con los Levigton. La señora Levigton está muerta, su hijo se fue de la isla hace mucho y solo venía para visitar a su madre y a su hija. No hay posibilidad alguna de que Paris regrese a vivir. Si no regresó cuando su abuela aún vivía aquí, menos lo hará ahora para quedarse. Aun así, es una perdida de terreno porque está bien ubicada.
La culpa se instala sin aviso y me obliga a apretar la mandíbula porque sé que se fue por mi causa. Nunca pude hablar con ella ni explicarle nada y esa ausencia de palabras pesa más que cualquier discusión. Esperé que volviera para intentar arreglar algo, pero nunca lo hizo y con el tiempo aprendí que hay silencios que se convierten en finales.