El amor en juego

Capítulo 5: Paris

—Debe ser emocionante escribir historias basadas en casos reales. Quedé alucinada cuando leí el primer libro de la trilogía de la detective Amaro. Sentí todo lo que ella sentía. Era como estar dentro de la historia.

Me río, genuinamente.

—Me lo dicen mucho.

—¿Y los detectives no tienen problemas en contarte sobre los casos?

—No. Solo hablan de casos cerrados, nunca de investigaciones abiertas. Además, no escribo todo de forma literal; los uso como inspiración y no utilizo nombres reales. Hay mucha ficción.

—¿Tu padre lee los libros antes de que se publiquen?

Asiento.

—Sí. Mi editora Gina y mi padre son mis lectores beta. Él revisa la parte policial y me corrige si me equivoco en detalles técnicos. Gina se enfoca en el aspecto editorial y comercial.

Kike asiente con una sonrisa.

—Es fantástico que tengas ese apoyo. Bueno, me gustaría hacerte muchas preguntas más, pero el tiempo se termina y debemos cerrar. Solo haré dos preguntas de parte de tus lectoras. Puedes responder o no.

Me preparo. Conozco bien a mis lectoras, o buscan spoilers o se cuelan en terrenos personales.

—Adelante.

—Las elegí al azar. La primera es: ¿vas a darle un detective guapo del que se enamore la detective Amaro?

No puedo evitar reírme.

—La trama principal no gira en torno al amor. La vida romántica de la detective no es el eje y el romance no es precisamente mi estilo. Sin embargo, nunca se sabe. Planeo que el cuarto libro de la serie sea el último. Quizás tenga un final así, aunque ni yo lo sé con certeza.

—Es válido, y yo personalmente espero que sí. —reímos—. Y la última pregunta: ¿tienes un hombre en tu vida actualmente?

No me sorprende la pregunta. A algunas lectoras les causa curiosidad; para periodistas y entrevistadores, parece un punto central.

Un ruido capta mi atención. Rowan aparece en el marco de la puerta y me hace un gesto de disculpa. Vuelvo la mirada a la cámara.

—Prefiero mantener mi vida personal en privado. Solo diré que se puede estar soltera y aun así no estar sola.

Kike ríe y aplaude brevemente.

—Una excelente respuesta. Bueno, Paris, muchas gracias por esta entrevista. Espero tener la oportunidad de conocerte en persona, aunque ya tengo tus libros firmados.

—Gracias a ti, Kike. Será un placer conocerte. Y gracias a todas mis lectoras fieles que me siguen desde el primer libro y están aquí apoyando. Rachel Amaro no habría visto la luz sin ustedes.

Lanzo besos, me despido y la transmisión en vivo finaliza. Kike me envía un mensaje privado agradeciéndome de nuevo.

Al levantar la mirada, Rowan sigue ahí, de pie junto a la entrada, esperando sin invadir el espacio, aunque su sola presencia ya lo altera todo.

—Lo siento, Paris. No quería interrumpir, pero antes de empezar necesito saber si prefieres que comience por algún lugar en particular. No puedo retrasarme mucho, teniendo en cuenta el tiempo límite que me diste.

Cierro la laptop con más cuidado del necesario y me pongo de pie. El movimiento me da algo que hacer con las manos y evita que me quede observándolo.

—No. Mientras el día esté lindo, trabajaré afuera. Me instalé en la habitación que era de mi abuela. Empieza por lo más complicado y deja los detalles para el final.

—Eso no tienes que decirlo —responde—. Necesito saber si quieres conservar el color original de la pintura o cambiarlo. Hay zonas con papel en la pared…

Levanto la mano antes de que continúe. El gesto es automático, casi reflejo, y noto la tensión en mis hombros.

—No me importa mientras quede bien para vender. Haz lo que resulte más práctico. Tal vez los futuros dueños derriben la casa y hagan algo distinto.

Rowan no responde de inmediato. Siento su mirada fija en mí, evaluándome con más atención de la necesaria.

—¿Nunca pensaste en quedarte con la casa? Podría servirte para escapadas. Creciste aquí. Siempre decías que amabas este lugar y la ubicación.

Tomo aire y lo suelto despacio, obligándome a mantener el tono firme. Cruzo los brazos, no por frío, sino para marcar una distancia que necesito.

—Decía muchas cosas antes. Eso era cuando no conocía el mundo. Era joven y no entendía nada. Si soy honesta, ya no siento que esta isla sea mi lugar. No hay nadie aquí con quien quiera mantener lazos.

Descruzo los brazos y vuelvo a sentarme, buscando el respaldo de la silla. Abro la laptop sin mirarlo.

—Entendido —dice al cabo—. Veo que la Paris de antes ya no existe.

Levanto la vista solo un segundo.

—No. Ya no. Alguien se encargó de romper sus ilusiones y de mostrarle la realidad.

Algo cruza su mirada, apenas perceptible. Tal vez culpa, tal vez dolor. No me detengo a descifrarlo. Si le hubiera importado de verdad, no habría hecho esa apuesta ni me habría ocultado la verdad hasta después de acostarse conmigo.




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