El amor en juego

Capítulo 9: Paris

Aitana me recuerda mucho a Jenny de pequeña. No solo por la energía constante o la curiosidad que la lleva a tocarlo todo, sino por esa inocencia que todavía no ha aprendido a protegerse. Físicamente es la copia exacta de su padre, incluso en ciertos gestos que repite sin notarlo, pequeñas expresiones que aparecen cuando frunce el ceño o sonríe satisfecha por algo mínimo.

Declan es un hombre corpulento y se ve bien al lado de mi amiga; ella no es muy alta y apenas le llega al hombro, pero juntos transmiten estabilidad. Basta observar la forma en que escucha a Aitana sin interrumpirla o cómo le pasa la mano por la espalda a Jenny cuando ella habla para entender que es un buen hombre, uno que quiere profundamente a su esposa y a su hija. Su carácter tranquilo equilibra a Jenny, siempre acelerada, aunque la maternidad la ha cambiado más de lo que ella admite.

—¿Te puedo decir tía Paris?

La pregunta de la pequeña queda suspendida mientras la observo abrazar su muñeca con fuerza, esperando. Nunca me imaginé ocupando ese lugar en la vida de alguien, y menos de una niña que acaba de conocerme. No trato mucho con niños, siempre mantuve cierta distancia, aunque durante años pensé en cómo sería tenerlos. Esa palabra, tía, despierta algo que no esperaba sentir.

—¿Eso quieres?

Asiente y toma mi mano con naturalidad, sin dudar.

—Sí, mami dijo que son amigas desde niñas y que estabas lejos por trabajo, pero que ahora te veremos más seguido.

Aprieto sus dedos con suavidad.

—No tengo experiencia siendo tía, no tengo sobrinos.

Ella sonríe, sin parecer preocupada por eso.

—Yo seré tu sobrina. No tienes que hacer mucho, solo jugar conmigo, darme regalos sin malcriarme y mimarme —se queda pensativa unos segundos—. Mi tío Duke dice que los tíos existen para malcriar, aunque no sé bien qué es eso. Papi y mami no quieren y siempre lo regañan —suspira—. Es raro.

Su lógica infantil me saca una sonrisa.

—Te prometo jugar contigo cada vez que nos veamos y traerte regalos cuando venga de visita o cuando tú vayas a verme a Nueva York. ¿Te parece?

—Perfecto, tía Paris. —abraza su muñeca y se acerca—. ¿Qué es Nueva Tork?

—Es Nueva York. Una ciudad muy grande, llena de edificios y cosas para hacer donde vivo.

Saco mi teléfono y le muestro algunas fotos. Se acerca más, apoya su dedito en la pantalla y pasa las imágenes con soltura, muy concentrada.

—Wow, hay muchas luces. ¿Yo puedo ir? —me mira, expectante.

—Claro, con tus padres.

Se pone de pie de un salto, sin medir el volumen de su voz.

—¡Mamá, la tía Paris me invita a Nueva Tork!

Río sin poder evitarlo, sintiéndome extrañamente viva. No tengo dudas de que voy a malcriar a esa niña, no solo por ser hija de Jenny, sino porque me agrada de verdad.

—No sé si hiciste bien en decirle lo de Nueva York —dice Rowan, apareciendo en la sala—. No dejará tranquilos a los padres hasta que la lleven.

Mi cuerpo reacciona antes que mi mente. Enderezo la espalda y bajo el teléfono, consciente de su presencia.

Me pongo de pie con la muñeca en la mano y vuelvo a sentarme en el sofá, buscando algo que hacer para no quedarme quieta. No entiendo por qué Jenny y Declan nos dejaron solos; Rowan no tendría que haber aceptado quedarse a cenar cuando Declan lo invitó. Jenny estuvo a punto de asesinar a su esposo por eso, pero lo dejé pasar porque no quiero dramas ni darles más importancia de la necesaria.

—Estoy segura de que sabrán manejarlo.

Asiente y se sienta frente a mí. El silencio se alarga apenas un segundo.

—¿Deseas tener hijos algún día? Se te dan bien los niños.

Enarco una ceja, sorprendida por la pregunta.

—No lo sé, no lo pensé demasiado —respondo, aunque durante años lo hice—. ¿Y tú? Pensé que ya estarías casado y con hijos. Decías que querías ser padre joven, a menos que eso también haya sido una mentira.

Lo noto tensarse de inmediato y me arrepiento. Esa conversación pertenece a otro tiempo, uno que no quiero traer al presente, pero ya no puedo retirarla.

—No te mentí, salvo por no decirte lo de la apuesta. Todo lo demás fue verdad.

Trago saliva y me pongo de pie.

—Iré a ver si Jenny necesita ayuda.

—Está bien, huye.

La palabra me detiene antes de llegar al pasillo. Me quedo quieta, respiro hondo y giro para mirarlo.

—¿Huir?

—Sí, es lo que haces. No te culpo ni te juzgo, sé que fui un idiota y te herí, y lo lamento.

Regreso y me siento otra vez. No porque sea el momento adecuado, sino porque no quiero darle la razón.

—Con lamentarlo no me alcanza, Rowan. Te perdoné, pero no puedo olvidarlo.

Asiente, sin discutir.

—No encontré a una mujer con la que quisiera tener hijos, por eso no los tengo. Aún quiero ser padre joven, pero no voy a traer un hijo al mundo solo por cumplir un deseo.

El cambio de tema me alivia. Aun así, una parte de mí quiere escuchar más, no para justificarlo, sino para entender y dejar atrás lo que nunca cerró.

Antes de que diga algo, Jenny aparece con Aitana de la mano.

—Lamento que Declan nos abandonara para ayudar a la vecina. Es una señora mayor, la hija se fue de vacaciones y perdió a su esposo el año pasado.

—No pasa nada, yo ya debería irme.

Aitana se arrima y toma mi mano.

—No, quédate a dormir, tía Paris. Te presto mi cama.

Sonrío y acaricio su mejilla.

—Otro día, ¿te parece?

—Mami dijo que iremos a Nueva Tork.

—Voy a acostarla y cuando regrese Declan le pido que te lleve.

Aitana me abraza, me besa y se despide de Rowan llamándolo tío, luego sube con su madre. El silencio vuelve a ser nuestra compañía.

—Me voy —dice él—. Te llevaría, pero sé que dirás que no.

—No se supone que estarías en la cena.

—Declan fue amable al invitarme y Jenny cocina muy bien. Siento que mi presencia te haya incomodado.

—No es eso, me sorprende que tú y Jenny se lleven tan bien.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.