—Gracias por haber interrumpido, Gina.
—Claro, te conozco y en cuanto escuché que él te comenzaba a acorralar supe que tenía que intervenir.
Observo las olas golpear contra las rocas y exhalo con fuerza, dejando que la brisa mañanera me acaricie el rostro mientras intento ordenar las emociones que rondan mi mente.
—No sé qué me pasó.
—Pasó que ese hombre te mueve todo. No ayuda en nada que tengan un pasado en común. Y no te culpo porque es guapísimo.
—Está más guapo que cuando era adolescente —me atrevo a confesar, sintiendo el calor subir por mi cuello.
Ella ríe, satisfecha de mi admisión.
—Los años le sentaron demasiado bien. Deberíamos haber traído un vino —mira hacia atrás—. Esta conversación lo merece.
Enarco una ceja.
—Son las diez de la mañana.
—Tuve un vuelo horrible, entre un niño llorando detrás de mí, el hombre sentado a mi lado que casi me vomita encima y algo de turbulencia que no me permitió disfrutar del desayuno. Después de eso, el vino debería ser medicina.
Me encojo de hombros y luego me abrazo a mí misma, acariciando los brazos, intentando calmar la sensación extraña que todavía me recorre tras el beso. No es solo el contacto lo que me alteró, son sus palabras diciendo que lo nuestro no está terminado y que no soy indiferente, porque tiene razón y eso me inquieta más de lo que quiero aceptar.
¿Cómo pude responder al beso? No fue únicamente sorpresa. Hubo un reconocimiento inmediato, una reacción que apareció antes de que pudiera pensar.
—Tendré que evitar a Rowan y todavía me queda una semana aquí.
—Seré buena amiga y me quedaré contigo por más tiempo, pero tendrás que hablar con él, decirle cómo te sentiste y cómo te sientes. Tal vez si entiende el daño que te hizo se sienta culpable y te deje en paz.
—¿En serio piensas eso?
—Sí. Está claro que él no se anda con vueltas y tú te vuelves gelatina ante él. En este momento, él tiene control y debes recuperarlo, luego hacer una novela de eso y dedicarme la primera copia con agradecimiento dramático incluido.
Me río pese a todo.
—No cambias.
—Eso dice mi madre, aunque ella prefiere que cambie para el lado de despertar matrimonial e hijos —sacude la cabeza—. Se ha vuelto algo intensa con eso. Ser hija única tiene sus desventajas y al parecer mi útero es un proyecto familiar.
—Depende…
—Habla con Rowan y cierra ese capítulo, ya sea para dejar todo en el pasado en buenos términos o si quieres intentar estar con él…
—No digas tonterías, Gina. Rowan y yo no vamos a estar juntos. No solo tenemos vidas diferentes, sino que no puedo simplemente olvidar. Perdonar sí, olvidar no.
—Es tu decisión, solo resuélvelo para que no te moleste y la próxima vez que él te bese no le respondas o finge que te da asco, puedo darte clases privadas de actuación si lo necesitas.
Comienza a caminar por el sendero de regreso a la casa y la sigo sin decir nada, escuchando el sonido del océano al fondo.
No le respondí porque me guste. Me tomó por sorpresa y se sintió familiar, eso fue todo. No significa que siga sintiendo algo por él. Es ridículo siquiera plantearlo.
Trato de no pensar en ello hasta que llegamos a la casa y nos encontramos con Rowan nuevamente, concentrado en su trabajo. Le pido a Gina que no lo distraiga porque ya se cayó de las escaleras una vez y no quiero otra escena dramática antes del almuerzo.
Entramos y preparo algo rápido porque la cocina no es mi fuerte y Gina no sabe ni hervir agua sin supervisión.
Comemos ligero y ella decide ir a recostarse un rato.
—Mañana por la noche saldremos.
—No hay mucho que hacer aquí, aunque no sé bien en realidad porque cambiaron muchas cosas.
Ella sonríe con esa expresión de plan en marcha.
—Estuve investigando y hay un bar bueno en el centro donde sirven buenos cócteles, música y karaoke. Necesitamos distraernos antes de que empieces a escribir poemas trágicos sobre besos no resueltos.
—Podría escribirle a Finn.
Enarca una ceja con interés inmediato.
—¿Y ese quién es?
—Un arquitecto que conocí.
—¿Uno guapo que despertó tu interés?
Escucho los pasos de Rowan en el pasillo y decido jugar un poco con fuego. Sé que son amigos y no saldría con Finn, no solo porque no me siento atraída por él sino porque tampoco se interesa en mí, pero Rowan no tiene por qué saberlo y ya dejó claro antes que el tema le incomoda.
—Es guapo y agradable.
—Totalmente tu tipo… y el mío, y el de la mayoría de las mujeres con pulso.
Me río.
—No cambias, Gina.
—Ya suenas como mi padre —se encoge de hombros—. Iré a descansar y luego hablamos de negocios y seguimos poniéndonos al día, que no vine hasta aquí solo para analizar tu vida amorosa aunque sea muy entretenida.