El amor en juego

Capítulo 15: Paris

Cuando llegamos a la mesa, Jenny besa a su esposo como si llevaran semanas sin verse. Declan apenas alcanza a apoyar su vaso sobre la madera antes de que ella lo tome del rostro y lo bese con entusiasmo, provocando que Gina aplauda como si estuviera presenciando el final de una comedia romántica y luego se presenta sola con Declan.

Yo me dejo caer en una silla mientras observo la escena con una mezcla de diversión y resignación.

—Pensé que Finn estaba con ustedes —digo mientras acomodo el bolso que cruza mi cuerpo.

Rowan levanta su cerveza y da un sorbo antes de responder, con esa tranquilidad que siempre parece rodearlo.

—Se tuvo que ir porque tenía algo que hacer.

—Quería conocer a ese tal Finn —musita Gina, inclinándose ligeramente hacia mí con interés—. Me hablaste bien de él, Paris, y me dio curiosidad porque no sueles ser tan entusiasta cuando hablas de hombres.

Jenny ríe de inmediato, apoyando el codo sobre la mesa, y yo evito comentar nada porque sé exactamente hacia dónde quiere llevar Gina la conversación. Ella no tiene cura y, además, estoy casi segura de que lo dijo a propósito.

—¿Lo quieres para ti o para Paris, Gina? —pregunta Jenny con una sonrisa divertida.

Gina rueda los ojos con dramatismo.

—No, gracias. Yo evito a cualquier hombre que se llame Finn. Detesto ese nombre.

Declan y Rowan intercambian una mirada breve, de esas que pasan tan rápido que cualquiera podría ignorarla, pero yo alcanzo a notarla y me quedo con la sensación de que hay un chiste interno del que no participamos.

—Bueno —dice Declan mientras se levanta—, si no les importa, me voy a llevar a mi mujer y aprovechar que la niña dormirá con la señora Leiva.

Jenny ni siquiera intenta disimular su entusiasmo. Se pone de pie de inmediato, rodea el cuello de su esposo con los brazos y le sonríe con amor.

Declan sonríe con esa expresión de hombre completamente rendido.

—Eso estaba pensando.

Nadie protesta. Gina incluso les hace un gesto exagerado de despedida mientras la pareja se aleja entre la gente.

—Que alguien piense en los solteros abandonados —murmura.

No pasan ni dos minutos antes de que un camarero se acerque y deje un trago frente a Gina.

—El caballero de la barra se lo envía.

Todos dirigimos la mirada hacia allí. Apoyado contra el mostrador hay un hombre unos años mayor que nosotras, alto, bien parecido y con la clase de sonrisa confiada que anuncia problemas antes incluso de decir una palabra. En otras palabras, exactamente el tipo de Gina.

Ella levanta el vaso, observa el color del trago con atención y luego le da un sorbo, como si estuviera evaluando la calidad de la bebida antes de emitir un veredicto. Tras un segundo de silencio asiente con satisfacción.

—Buena elección —dice finalmente, antes de volver a mirarme—. Amiga, te veré más tarde… o mañana. —Me guiña un ojo—. Voy a turistear.

—Ni siquiera sabes cómo se llama.

—Eso es parte de la aventura.

La veo levantarse con una seguridad que siempre me ha resultado admirable y ligeramente peligrosa. Camina hasta la barra con paso tranquilo y el hombre la recibe con una sonrisa que se ensancha apenas ella se acerca. Intercambian algunas palabras que no logro escuchar entre la música y el murmullo del lugar, pero el resultado es evidente porque Gina ríe y se apoya en el mostrador, dejando claro que está interesada.

Sabiendo que sería inútil intentar detenerla, vuelvo a concentrarme en la mesa y pido una bebida sin alcohol. Es entonces cuando siento la mirada de Rowan sobre mí.

—Cantas bien.

La afirmación llega sin rodeos y me hace reír mientras tomo mi vaso.

—No necesitas darme cumplidos. Ya te perdoné.

—¿Eso significa que no me vas a ignorar más?

—Exacto.

La pequeña exclamación de alivio que suelta me resulta inesperadamente sincera.

—No me importaría que me ignores un poco —dice después—, aunque me alegra que me saludaras cuando bajaste del escenario.

Frunzo el ceño.

—¿Qué? No te saludé a ti.

—Entonces me estabas ignorando —concluye con una sonrisa satisfecha.

—No. Saludé en general. ¿Por qué estás sonriendo? Estás raro.

Lo observo con un poco más de atención de la que pretendía. Rowan siempre ha sido seguro de sí mismo, incluso demasiado, pero esta noche hay algo diferente en su forma de mirarme. ¿Acaso está analizando mis palabras?

Sacude la cabeza.

—No me hagas caso. Creo que tomé más de la cuenta.

Su respuesta me hace reír otra vez, aunque no estoy completamente convencida.

Al menos no ha pedido perdón ni ha mencionado nada sobre nuestra historia en común, lo que tal vez significa que finalmente decidió dejarlo ir.

La música cambia y comienza una canción conocida. Sin pensarlo demasiado empiezo a moverme al ritmo desde mi asiento, golpeando suavemente la mesa con los dedos mientras observo el ambiente del bar. Cuando giro la cabeza para buscar a Gina entre la gente, alguien se coloca frente a mí bloqueando la vista.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.