El amor en juego

Capítulo 18: Rowan

Termino de pintar la habitación y decido irme de aquí. El olor a pintura fresca se pega a la ropa y a la piel, acompañándome mientras reviso el trabajo por última vez. Podría quedarme un rato más, buscar algún detalle mínimo que corregir, pero sé que lo más conveniente es no estar cuando Paris regrese de su paseo hasta la playa con su acompañante.

No he dejado de pensar en lo que no dijo anoche. Pudo mencionar a ese hombre y no lo hizo. El detalle se queda dando vueltas, abriendo preguntas sin respuesta clara. Aprieto la mano en un puño y la suelto antes de descargar el golpe contra la pared. No serviría de nada y solo complicaría el trabajo de mañana.

Aunque ella me interese, no pienso pelearme con un hombre de ciudad que tiene lugar en su vida.

Guardo todo lo que traje con cuidado, acomodando cada herramienta en su lugar, limpiando lo necesario para no dejar rastros del trabajo más allá de la habitación terminada. Me paso un trapo por las manos y luego por el cuello, intentando quitarme la sensación pegajosa. Después cruzo la sala. Gina ha estado ahí casi todo el día, inclinada sobre su computadora, con la espalda rígida y la atención fija en la pantalla. Apenas se mueve más allá de lo necesario para tomar papeles o responder mensajes. La tensión en el ambiente es evidente. Seguramente está ultimando detalles para la gira del libro de Paris, que empieza en unos días.

Le aviso que debo irme. No levanta la vista.

—Okay.

Nada más. Sus dedos siguen moviéndose sobre el teclado. Me quedo un segundo de más, esperando algún gesto que confirme que me escuchó, pero no llega. Al final me encojo de hombros y salgo de la casa.

Bajo los escalones y empiezo a acomodar las herramientas en la camioneta. Voy cerrando cajas, asegurando lo que puede moverse durante el camino. Cuando ya estoy por terminar, me doy cuenta de que olvidé el celular en la habitación. Suelto un suspiro breve, cierro la puerta y vuelvo a entrar.

Subo, cruzo el pasillo y recupero el teléfono del balcón. Lo tomo casi sin mirarlo, pero antes de guardarlo, una voz me detiene.

—Paris, ¿en serio vas a terminar conmigo?

Me quedo quieto. Camino despacio hasta un punto desde el que puedo ver sin ser visto y me asomo lo suficiente.

Son Paris y su acompañante, en la entrada trasera.

—Ryan, nunca salimos formalmente. La relación funcionaba porque era casual y no tengo intención de formalizarla.

El tono de Paris es claro, firme, sin espacio para interpretaciones. Él da un paso hacia ella.

—Lo sé, pero me enamoré de ti. El otro día mi madre me hablaba de casarme y me vi casándome contigo. No pude imaginar a nadie más.

Así que no son novios, sino amantes. Aun sabiendo eso, siento una presión en la mandíbula que no logro aflojar.

—Pues deberás hacerlo porque yo no quiero casarme, ni contigo ni con nadie —Paris suena firme y molesta—. Te lo dije desde el principio, no te enamores de mí.

—Lo sé, pero pasó sin planearlo. Tú debes sentir algo…

—Te tengo cariño, no se puede estar con una persona varios meses sin sentir algo, pero amor no. Yo perdí la capacidad de amar hace mucho tiempo.

La frase se queda conmigo más de lo que debería. Intento apartarla, pero vuelve. Es inevitable preguntarme si tiene algo que ver conmigo, con lo que pasó entre nosotros, aunque han pasado años y lo más probable es que haya otra historia que no conozco.

—Yo no creo que eso sea posible, solo debes darte una oportunidad, danos una oportunidad —él toma sus manos—. Paris…

Ella se las quita, aunque no se aleja. Suspira, cansada, y ese gesto deja claro que la conversación ya la ha desgastado más de lo que está dispuesta a tolerar.

—Ryan… esto no tiene que ver con nadie más.

—¿Con el constructor?

El pulso se me acelera. Siento el cambio en la respiración.

Paris frunce el ceño.

—¿Qué?

—Lo vi contigo. Cómo te mira… cómo le hablas. No soy idiota.

El silencio se vuelve tenso. Me quedo inmóvil, atento a cada movimiento.

—No tengo nada con él.

La respuesta es inmediata.

—¿Segura?

—Sí —dice—. Y aunque lo tuviera, no tendría nada que ver contigo ni con esto.

Debería bastar y tranquilizarme, pero no lo hace.

—Entonces ¿por qué…?

—Porque no quiero, Ryan —lo interrumpe—. No quiero una relación. No contigo, ni con nadie. No ahora, ni después. No es tan complicado.

—Pero…

—No —repite—. No debiste venir, pero ya que estás aquí, terminamos todo. —Se libera de él y marca distancia con un paso atrás—. Vuelve a Nueva York y busca a alguien más.

—Paris…

—No voy a cambiar de opinión, Ryan.

Él insiste.

—Bueno, pero no terminemos. Esperemos un poco. Tal vez sea bueno que sepan que tienes una relación en este momento, para apaciguar los rumores.

Aprieto los dientes al escucharlo.

—Ryan, nunca me han importado los rumores. Me da igual que me digan que soy antirromántica o fría y que espanto a los hombres, o que me gustan las mujeres y no quiero salir del closet —se ríe sin humor—. Quiero ser reconocida por mis libros, no por mi vida amorosa. Tampoco que se metan en mi vida personal y opinen con historias de chismes baratos. Y creo que me ha ido bastante bien.

—Justo ahora está la cuestión del plagio.

Frunzo el ceño. ¿Qué plagio?

—Eso es algo pasajero que Gina y el equipo de la editorial solucionarán. Yo no plagié a nadie, los lectores lo saben y la persona que me acusa sufrirá las consecuencias. —hace una pausa—. Además, no entiendo qué tiene que ver eso con tener una relación. ¿Acaso piensas que teniendo pareja va a cambiar algo?

—No, pero…

—Los vuelos desde y hacia la isla no son frecuentes, así que puedes quedarte hasta el próximo. Aunque tendrás que quedarte en una posada porque la casa está con remodelaciones.

Paris pasa a su lado. Él intenta sujetarla del brazo, pero ella se suelta y sigue caminando sin detenerse ni mirar atrás.




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