Mi cabeza debería estar en el libro que debo terminar y en la situación del plagio, pero Rowan ocupa gran parte de mis pensamientos.
Después de hablar y pasear con Ryan, comprendí que la razón por la que nunca quise nada serio con él —ni con ningún otro hombre— es porque no he superado a mi primer y único amor. Y empiezo a entender que huir ya no es una opción viable.
La gira del libro por España se pospuso por toda la cuestión del plagio. Será posible una vez que todo este drama pase, así que me quedaré en la isla hasta que los arreglos de la casa estén terminados. No es el peor lugar para estar atrapada, aunque preferiría no tener este lío encima.
Mi consuelo es que mis fans me apoyan. Aunque he recibido algunos haters, la mayoría son de apoyo. Quien sí ha recibido mucho odio es la falsa autora: tengo lectoras de distintas partes del mundo que han ido en masa a atacarla, al punto de que tuvo que poner sus redes en privado. A veces abro los comentarios, leo dos o tres mensajes agradables, sonrío… y cierro antes de encontrarme con alguno que me arruine el ánimo.
Gina me dijo que no me preocupe, que en un abrir y cerrar de ojos todo esto estará aclarado y podré contrademandar. Sin embargo, debo mantener un perfil bajo. Total, la venta de mis libros ha aumentado, así que intento consolarme con eso, aunque suene un poco superficial incluso para mí.
Termino la copa de vino y la dejo con más fuerza de la necesaria sobre la mesa de madera del balcón. El sonido seco hace que Gina gire la cabeza.
—¿Por qué tan frustrada?
—¿En serio lo preguntas, Gina?
Se sienta a mi lado, se acomoda la bata y cruza las piernas con calma, como si estuviéramos hablando del clima.
—Mi instinto de amiga me dice que esto tiene que ver con tu “harén”.
Intento fulminarla con la mirada, pero ella ni se inmuta.
—No empieces con eso. No tengo un harén.
Se inclina hacia adelante y se sirve lo que queda del vino sin pedir permiso.
—Me refiero a Ryan y a Rowan… ¿Qué pasa contigo y los nombres con R? ¿Te los recomienda una app o algo así?
Suelto una risa breve y le quito la copa antes de que beba.
—Ryan se va a ir porque no queremos lo mismo. Rowan es mi pasado.
Y aunque una parte de mí siente que no es tan simple, no hay nada que pueda hacer al respecto.
—Voy a fingir que te creo —dice, apoyando la mejilla en la mano.
—No puede ser parte de mi presente, Gina.
Me arrebata la copa con rapidez y se termina el vino como si yo no estuviera ahí.
—¿Por qué no? Las relaciones a distancia no siempre fracasan. Y, en ocasiones, son mejores. Menos discusiones por cosas como quién dejó la toalla mojada en la cama.
—¿Y si lo que siento es deseo? No puede ser amor.
—Entonces acuéstate con él —responde sin dudar—. Método científico. Prueba y error.
La miro con incredulidad.
—Tus teorías son preocupantes.
—Mis teorías funcionan —se encoge de hombros—. Si es solo deseo, se te va a pasar. Si es amor, bueno… ahí ya es problema tuyo.
—Gracias por tanto apoyo emocional.
—De nada, para eso estoy.
La observo unos segundos.
—Tú tampoco le das oportunidad a los hombres, no desde que ese Finn misterioso te rompió el corazón.
Hace una mueca y se acomoda mejor en la silla.
—No me he cerrado al amor por Finn, sino porque no hay hombres. Si no son idiotas, están casados; si no, son raros o gays. Tuve dos novios después de Finn, y con el segundo casi me caso. ¿Recuerdas?
—Tu compromiso duró un día.
—Bueno, pero fue un día muy intenso —dice con seriedad fingida—. Además, no fue mi culpa que me fuera infiel.
—Tal vez por eso el destino nos juntó, para hacernos compañía en la soltería.
—O para que yo te dé buenos consejos y tú los ignores —responde, estirando el brazo para intentar recuperar la botella—. Ya no pienses tanto, Paris. Busca a Rowan, plántale un beso y quítale la ropa. Explora, disfruta y luego te vas. Es prácticamente un servicio a la humanidad.
—No es cualquier hombre, es Rowan.
—Y tú eres la que siempre dice que es mejor intentarlo y equivocarse antes que no hacer nada y arrepentirse. No te reconozco. ¿Te cambiaron en el aeropuerto?
Exhalo despacio mientras me levanto a buscar otra botella.
—No ayuda que me recuerdes mis propias frases.
—Para eso están las amigas.
A la mitad de la segunda botella, Gina se queda dormida en la silla, con la cabeza ladeada y una mano aún sujetando el aire, como si estuviera en medio de una conversación imaginaria. La observo unos segundos para asegurarme de que respira con normalidad. Luego miro el cielo estrellado y escucho el sonido del mar al fondo, constante, sin apuro.
Tal vez Gina tiene razón y debería explorar un poco mis sentimientos por Rowan. Acostarme con él no sería algo nuevo, ya lo hicimos antes, aunque en ese momento yo era virgen y todo era distinto.