El amor en juego

Capítulo 20: Rowan

Dejar que Declan termine los arreglos de la casa es lo mejor para poner distancia con Paris. He tenido que admitir que no la superé y no estoy seguro de poder hacerlo. Estar cerca de ella despierta demasiadas emociones, y no son correspondidas de la misma forma. No quiero presionar, no otra vez.

Escucharla hablar con ese tal Ryan solo sirvió para entender mejor el daño que causé con aquella apuesta estúpida. A veces me sorprendo pensando en lo distinto que habría sido todo si hubiese sido sincero desde el principio, o si al menos no me hubiese acostado con ella sin hablar antes. Pero no tiene sentido darle vueltas. El tiempo no retrocede.

Paris me perdonó. Lo hizo de verdad, sin reproches en la voz, ni en la mirada. Aun así, no ha olvidado, y no quiero ser quien vuelva a abrir esa herida. No se fue de la isla por mi culpa, eso ya estaba decidido desde antes, pero sí es mi responsabilidad que no quisiera regresar en todos estos años.

Exhalo despacio, me limpio con la palma de la mano los restos de pintura en el pantalón y bajo de las escaleras con cuidado, sintiendo el leve crujido de los peldaños bajo mis botas.

—Va quedando bien.

Comienzo a limpiar el rodillo con movimientos mecánicos, concentrándome más de la cuenta para no levantar la vista hacia ella.

—Me alegro de que te guste. Declan ya tiene todo claro, así que no te preocupes.

Escucho sus pasos antes de verla. Entra en la habitación y, aunque no la miro, noto su presencia en el aire, en el leve cambio de temperatura, en la forma en que mi cuerpo reacciona sin pedirme permiso.

—Es hora del almuerzo —dice—. Gina me dejó sola porque fue al pueblo a hacer algunas compras y almorzará con Jenny. Yo no pude ir porque tenía que escribir, y pensé que podrías acompañarme.

Dejo el rodillo a un lado y me limpio las manos con un trapo, tomándome un segundo más del necesario.

—Estoy bien. Comeré más tarde en casa de mi madre cuando pase a verla. No te preocupes.

Me incorporo y me giro al mismo tiempo que ella se coloca delante, bloqueándome el paso. No tengo más opción que mirarla.

—¿Me estás evitando?

Frunzo el ceño, más por reflejo que por otra cosa.

—¿Qué? ¿Por qué haría eso?

Ella no aparta la mirada.

—Le entregas el trabajo a Declan, no quisiste tomar algo conmigo ayer y ahora rechazas almorzar conmigo. Tampoco me miras cuando hablas. Estás distante.

Paso la lengua por el interior de la mejilla, buscando una respuesta que no suene a excusa.

—No, es que…

—Me perseguiste para que escuchara tu versión y te perdonara, y lo hice —continúa, con la voz firme—. Después me dijiste que aún sentías algo por mí y me besaste. ¿Qué pretendes con eso, Rowan? ¿Acercarte para luego apartarte?

—Por supuesto que no.

—¿Entonces?

Aparto la mirada un instante y doy un par de pasos hacia atrás, creando un poco de espacio entre los dos. Me paso la mano por la nuca antes de volver a mirarla.

—Me di cuenta de cuánto te lastimé y no pienso repetirlo —digo al fin—. Me sigues gustando, y cada vez que te veo quiero besarte, pero hay demasiado entre nosotros. Un abismo que yo mismo abrí. Y tenerte cerca me afecta más de lo que debería.

Ella no responde de inmediato. Se queda mirándome unos segundos, evaluando cada palabra. Luego acorta la distancia sin prisa, hasta quedar muy cerca, lo suficiente para que su respiración roce mi mentón.

—Es verdad que hay mucho pasado entre nosotros —dice con calma—. Y no es sencillo, pero he decidido dejar eso atrás para poder avanzar.

Parpadeo, intentando entender.

—¿Y eso qué significa?

Sus labios se curvan en una sonrisa leve.

—Que voy a dejar de pensar tanto. Solo quiero dejarme llevar.

No llego a decir nada más. Ella da el paso que falta y elimina la distancia. Sus labios encuentran los míos con decisión.

Durante un instante me quedo quieto, sorprendido, con la mente en blanco. Pero la reacción llega sola. Paso los brazos alrededor de su cintura y la acerco, sintiendo la calidez de su cuerpo contra el mío, el ritmo de su respiración.

El beso se prolonga, lento al principio, más firme después. Cuando me separo, lo hago apenas unos centímetros. Sostengo su barbilla con cuidado, obligándola a mirarme.

—Paris, te he deseado durante mucho tiempo. Si vuelves a besarme, tienes que entender que no voy a detenerme a medio camino.

Ella sonríe sin dudar. Toma mi mano y la coloca de nuevo en su cintura.

—Más te vale. No me gusta quedarme con las ganas.

Vuelvo a besarla. Esta vez no hay sorpresa, solo intención. Me permito disfrutarlo sin reservas, siendo consciente de que es ella quien ha dado el paso.

—Espera —digo al separarme un poco—. Estoy sucio y no es lo más apropiado.

Ella suelta una risa breve y niega con la cabeza.

—No me importa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.