El amor en juego

Capítulo 24: Rowan

La puerta de mi oficina se abre y mi madre entra con la seguridad que la caracteriza. No toca antes de pasar ni duda un segundo; avanza directo hasta el escritorio.

No necesito preguntarle qué hace aquí. Si vino hasta la empresa, es para hablar de mi vida amorosa otra vez.

Aparto los papeles que estaba revisando y me reclino apenas en la silla mientras ella toma asiento frente a mí y deja el bolso sobre sus piernas con más fuerza de la necesaria.

—Me tengo que enterar de todo por los demás.

Levanto la vista hacia ella. Lleva el cabello perfectamente acomodado, labios pintados y esa expresión de indignación que conozco desde niño.

—¿De qué cosa exactamente?

—No te hagas el tonto. Ya me dijeron que rechazaste a Amanda en el bar, la dejaste ahí y saliste detrás de la escritora favorita de tu hermana. Y para completar, alguien los vio besándose.

Contengo un suspiro mientras tamborileo los dedos sobre el escritorio.

La peor parte de vivir en la isla nunca fueron los turistas, sino los chismes. Todo circula demasiado rápido y una mirada equivocada basta para que al día siguiente medio pueblo tenga una versión distinta de la historia.

—¿Qué quieres que diga, madre?

Ella da un par de golpecitos sobre el escritorio con las uñas cortas y perfectamente arregladas.

—Que vas en serio. Que planeas casarte con ella, darme nietos y dejar de hacerme pasar vergüenza.

Una sonrisa se me escapa antes de poder evitarlo.

—No voy a mentirte diciendo que no deseo algo serio con ella, pero las cosas son más complicadas de lo que crees.

Mi madre frunce el ceño al instante. Para ella las relaciones siempre fueron simples: o quieres a alguien o no. Nunca entendió demasiado bien las zonas grises.

—¿Por qué? Ya sé que no vive en la isla y tiene su carrera, pero puede escribir desde aquí y viajar cuando haga falta.

Bajo la mirada hacia los documentos abiertos frente a mí, aunque hace rato dejé de prestarles atención, y paso el pulgar por el borde de una hoja mientras intento ordenar algo que ni siquiera yo termino de comprender del todo.

—Mi relación con ella viene de hace años. Estuvimos juntos en secreto cuando todavía vivía aquí, pero hice algo que arruinó todo.

Mi madre se reclina lentamente en la silla y la molestia en su rostro se transforma en atención.

—¿Qué hiciste?

Me humedezco los labios y desvío la mirada hacia la ventana de la oficina. Afuera, el movimiento del puerto sigue igual. El mundo sigue avanzando mientras yo me preparo para admitir algo que todavía me avergüenza.

Durante un momento considero suavizar la historia o contarla a medias, pero si quiero que entienda por qué las cosas entre Paris y yo son tan delicadas, no sirve esconder lo peor.

Le cuento todo. La apuesta y como comenzó. Cómo terminé enamorándome cuando ya había arruinado cualquier posibilidad de que aquello fuera limpio desde el principio. Mientras hablo, observo cómo cambia su expresión de sorpresa, pasa a incredulidad y finalmente decepción.

No me interrumpe ni una sola vez, y eso casi resulta peor.

Cuando termino, el silencio se instala entre los dos.

—Aunque ella te perdonó, entiendo por qué las cosas siguen sensibles.

Asiento despacio.

—Sí.

Mi voz sale más baja de lo normal.

—Yo… —exhala—. ¿Cómo pudiste hacer algo así, Rowan? ¿Qué habrías hecho tú si alguien jugara así con tu hermana?

Aprieto la mano debajo del escritorio hasta sentir tensión en los dedos. La pregunta me golpea más de lo que esperaba porque ya me la hice demasiadas veces durante los últimos años.

—Lo sé. No necesito que me lo recuerden. Me odié bastante por eso. —ella guarda silencio. No parece satisfecha con la respuesta, pero tampoco insiste—. Cuando estuvimos juntos de verdad, yo ya la amaba. No estaba con ella por la apuesta, pero eso no cambia lo que hice antes ni el daño que le causé.

Mi madre niega con la cabeza lentamente.

—No quiero juzgarte. Eres mi hijo y todos cometemos errores, pero sí me decepciona un poco. Y me sorprende que esto nunca saliera a la luz en la isla.

—Jenny y yo nos encargamos de evitarlo.

Recuerdo las discusiones con Jenny, las veces que me obligó a enfrentar el desastre que había provocado y también las ocasiones en que me cubrió incluso estando furiosa conmigo.

Mi madre asiente todavía seria.

—¿Y ella quiere estar contigo?

Me acomodo en la silla antes de responder.

—No hay garantías. Solo acordamos intentarlo y ver qué pasa.

—Pero tú sí la quieres en tu futuro.

—Sí —respondo sin dudar.

Mi madre me observa unos segundos, como si intentara descubrir cuánto hay de verdad en todo esto y cuánto es culpa o nostalgia.




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