—Rowan, si te duchas como cortas las verduras, siento pena por tu futura esposa.
Dejo el cuchillo sobre la mesada y miro a mi madre con evidente fastidio.
—Hazlo tú, ya que te gusta tanto criticarme.
Ella ni siquiera se inmuta.
—No te pongas tan sensible. Sé que sabes cortar bien, pero hoy estás distraído. ¿Es por Paris?
Exhalo despacio y me hago a un lado para dejarle espacio frente a la tabla.
—¿No puedo tener un mal día sin que tenga que ver con alguien?
—Sí, pero no es tu caso.
La respuesta consigue sacarme una sonrisa breve, apenas visible.
—No es nada. Solo no dejo de pensar que quizás no vuelva.
Mi madre continúa cortando las verduras con tranquilidad.
—Entonces tendrás que seguirla si realmente la amas.
La miro, desconcertado.
—¿Qué?
—Lo que escuchaste. ¿De verdad piensas perderla solo porque quiera quedarse en Nueva York? ¿Ella tiene que elegir entre su vida allá o estar contigo?
Trago saliva mientras apoyo ambas manos sobre la mesada.
—No lo había pensado de esa manera. Nunca imaginé irme de la isla. ¿Qué haría yo en Nueva York?
—Lo mismo que haces aquí: trabajar, construir una vida, enamorarte… solo que en otro lugar.
Frunzo el ceño.
—¿Quieres que me vaya?
Ella deja el cuchillo a un lado y finalmente me mira con atención.
—Claro que no. Nada me haría más feliz que verte casado, viviendo aquí y llenando esta casa de nietos, pero si elegiste enamorarte de una mujer que construyó su vida lejos de esta isla, tienes que aceptar lo que eso significa. ¿O esperas que sea ella quien renuncie a todo?
Niego de inmediato.
—Jamás le pediría algo así. Nunca le pediría que dejara su carrera ni su vida por mí, aunque eso significara perderla.
—Entonces no pienses solamente en si Paris se queda o se va. También piensa qué estás dispuesto a hacer tú. —Señala la puerta con la cabeza—. Y ahora ve a socializar con tu hermana antes de que se convierta oficialmente en parte del sofá.
Salgo de la cocina todavía dándole vueltas a sus palabras y, aunque intento descartarlas, permanecen ahí de una forma incómoda porque sé que tiene razón.
Alguna vez pensé en irme a Nueva York a buscar a Paris. La idea estuvo presente durante un tiempo, pero terminé quedándome para ayudar a levantar la empresa y construir una vida aquí. En ese momento no imaginaba que Paris regresaría a la isla y mucho menos que tendría una oportunidad con ella.
Estos últimos días había intentado convencerme de que una relación a distancia podría funcionar. Viajes, videollamadas, semanas en Nueva York y otras aquí. Incluso llegué a pensar que podríamos acomodarnos sin demasiados problemas, pero cada vez que imaginaba un futuro más serio, todo empezaba a complicarse. No quiero hijos creciendo lejos de mí, ni tampoco separados de su madre durante meses. Y aun así estoy dispuesto a considerarlo porque la idea de perderla me resultaba peor.
Lo que no había considerado de verdad era mudarme yo. Vivir en Nueva York. Adaptarme a una ciudad llena de ruido, tráfico y edificios interminables.
Intento imaginarme allí junto a Paris y, por primera vez, no descarto la idea inmediatamente.
Mi madre dejó todo por mi padre. Aunque ama esta isla y nunca se iría de aquí ahora, sé que hubo años en los que sufrió profundamente haber abandonado su ciudad, su trabajo y la vida que tenía antes de conocerlo. Yo era demasiado pequeño para entenderlo en ese entonces, pero crecí viendo pequeños rastros de ese arrepentimiento en silencios, llamadas telefónicas y ciertas conversaciones que ella creía que nadie escuchaba.
No podría soportar que Paris sintiera algo parecido por mi culpa.
—¡Rowan!
La voz de Bella me saca de mis pensamientos. Giro la cabeza y la encuentro tirada sobre el sofá, con el teléfono sostenido sobre el pecho.
—¿Qué?
—¿Qué haces ahí parado mirando la nada? Pareces un zombie.
Tomo asiento en el sillón pequeño frente a ella.
—¿Te escuchas cuando hablas? Nunca tienes sentido.
Bella se incorpora apenas para mostrarme el dedo medio antes de volver a acomodarse.
—¿Estás pensando en mi futura cuñada? Solo se fue por cuatro días. Ya va a volver y, si no vuelve, vas tú a buscarla.
—No es eso.
—Bueno, igual quiero dejar claro que no aceptaré otra cuñada. Gina me cae bien, pero no pega contigo.
La sola idea me hace negar enseguida.
—No, ni hablar.
Gina jamás sería una opción. No solo es la mejor amiga de Paris, también es la ex de Finn, y cualquiera con ojos puede darse cuenta de que él todavía no logra acomodarse después de verla otra vez. Además, nunca me interesó de esa manera.