El amor en juego

Capítulo 29: Rowan

La librería está llena incluso antes de que empiece la firma. Hay personas formando filas entre los estantes, empleados moviéndose de un lado a otro y voces mezclándose en español tan rápido que apenas consigo entender algunas palabras.

Desde la entrada alcanzo a ver una mesa preparada al fondo con pilas de libros, botellas de agua y un cartel enorme con el cartel del último libro de Paris, y durante unos segundos me quedo quieto observando toda la escena mientras ella saluda a una mujer de la organización que le habla con entusiasmo.

Nunca la había visto en un lugar así.

La había imaginado cientos de veces hablando con lectores, viajando, dando entrevistas y sonriendo para fotos, pero estar aquí y verlo de verdad es distinto.

Paris se mueve entre toda esa gente con una naturalidad que me sorprende. Responde preguntas, escucha indicaciones y agradece cada cosa que le dicen sin perder la calma ni por un segundo. Hay algo casi hipnótico en verla desenvolverse de esta manera, tan segura, tan cómoda en un ambiente que a mí ya me agotó apenas cruzamos la puerta.

Ella gira la cabeza hacia mí justo en ese momento y sonríe apenas.

—No pongas esa cara.

—¿Qué cara?

—La de “quiero escapar por la salida de emergencia”.

Suelto una risa por lo bajo porque tiene razón.

—No sabía que las firmas de libros podían ser tan caóticas.

—Esto no es caos. Espera a la feria de Madrid.

La miro con incredulidad.

—¿Hay algo peor que esto?

Paris termina de firmar unos papeles y se acerca hasta quedar frente a mí. Lleva el cabello suelto y una expresión relajada que me hace pensar que podría quedarse aquí durante horas sin cansarse.

—Te estás portando muy bien para ser tu primer evento literario.

—Gracias. Intento ser fuerte.

Ella se ríe y acomoda el cuello de mi camisa con un gesto distraído que consigue que toda la tensión en mi cuerpo disminuya un poco.

—No tienes que impresionarme, Rowan.

El problema es que no intento impresionarla a ella. Lo que me inquieta es todo lo demás.

Las personas que se acercan a saludarla parecen conocer perfectamente este mundo. Hablan de editoriales, traducciones, presentaciones y redes sociales con una facilidad que me hace sentir fuera de lugar. Yo apenas puedo seguirles el ritmo cuando cambian de idioma en mitad de una oración y continúo preguntándome en qué momento terminé tan lejos de la isla, rodeado de cámaras y lectores mientras mi novia firma libros al otro lado del océano.

Todavía hay una parte de mí que teme despertarse y descubrir que esto nunca pasó, que Paris nunca volvió y no me eligió otra vez.

Un chico joven se acerca para avisarle que la fila sigue creciendo afuera y ella abre los ojos con sorpresa genuina.

—¿En serio?

—Sí, y varias personas preguntaron si habrá fotos también.

Paris se lleva una mano al pecho y gira hacia mí.

—Voy a desmayarme.

No puedo evitar reírme.

—No parecías nerviosa hace un minuto.

—Porque todavía no había visto la fila completa. Eso cambia todo.

—Demasiado tarde para huir.

—Podría hacerlo. Tú eres fuerte, puedes cargarme y sacarme de aquí.

—Claro. Y después nos perseguirá una multitud furiosa de lectores.

Paris sonríe y niega con la cabeza antes de acercarse un poco más a mí.

—No te burles. Estoy sensible.

La manera en que lo dice consigue que vuelva a reírme y, durante un momento, todo se siente más ligero. Eso siempre pasa con ella. Incluso en lugares donde siento que no pertenezco, Paris encuentra la manera de hacerme respirar con normalidad otra vez.

Una mujer mayor se aproxima enseguida para pedirle una foto y yo doy un paso hacia atrás para dejarle espacio, pero Paris me toma de la muñeca antes de que pueda apartarme del todo.

—Tú también.

—¿Qué?

—La foto.

—Paris…

—Vamos, no seas antipático. Después dirán que mi novio odia España.

La mujer se ríe enseguida y termino aceptando únicamente porque Paris me mira divertida, claramente disfrutando verme incómodo.

Cuando la foto termina, ella vuelve a acercarse.

—Lo hiciste bien.

—Voy a necesitar una medalla cuando sobreviva a esto.

—Te compraré una con forma de libro.

Niega suavemente con la cabeza y después enlaza su brazo con el mío mientras caminamos hacia la mesa principal. Varias personas la saludan en el camino y ella responde una por una, aunque lo que más me sorprende no es la cantidad de gente, sino la manera en que Paris cambia cuando habla con sus lectores. Se vuelve todavía más cálida, más abierta, y entiendo por qué la quieren tanto. No los trata con distancia ni actúa por compromiso; realmente escucha lo que le dicen.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.