El amor en juego

Capítulo 32: Rowan

No creo que haya estado realmente tranquilo desde que Bella me llamó.

Incluso ahora, sentado en la habitación del hospital mientras mi madre duerme y escucho el sonido constante de las máquinas acompañando su respiración, una parte de mí sigue esperando que algo cambie, que alguien entre por la puerta y vuelva a decirnos que hay un problema que resolver. Supongo que después de pasar tantas horas esperando noticias es difícil aceptar que la peor parte terminó, incluso cuando el médico nos aseguró que la operación salió bien y que la recuperación de mamá está avanzando como esperaban.

La miro desde la silla junto a la ventana y trato de concentrarme en el hecho de que está aquí, en que hace apenas unos días pensé en la posibilidad de perderla y ahora puedo verla descansar, molesta porque los médicos no la dejan levantarse sola y quejándose de que todos la tratan como si fuera incapaz de tomar una decisión por sí misma. Es una buena señal, lo sé, porque significa que vuelve a ser ella, pero aun así no puedo evitar pensar en lo fácil que fue que algo así ocurriera sin que ninguno de nosotros lo notara.

Siempre pensé que conocía a mi madre mejor que nadie, pero quizás esa es una de las cosas que cambian cuando creces, descubres que las personas que te criaron también tienen partes de su vida que no compartieron contigo, miedos que escondieron y momentos en los que tuvieron que seguir adelante sin decirte que estaban cansadas.

Después de la muerte de papá, mamá hizo exactamente eso. Siguió funcionando, siguió cuidándonos y asegurándose de que Bella y yo estuviéramos bien incluso cuando ella también estaba intentando descubrir cómo vivir con una ausencia que ninguno de nosotros sabía manejar. Tal vez por eso me cuesta tanto aceptar que ahora haya sido ella quien necesitó que alguien cuidara de ella.

La puerta se abre y levanto la mirada cuando Bella entra con dos cafés en la mano. Cierra con cuidado para no despertarla y me mira con esa expresión que tiene desde que llegué, una mezcla de preocupación y cansancio que intenta esconder detrás de la normalidad.

—Pensé que quizás ya te habrías ido a dormir.

Miro hacia mi madre antes de responder.

—No quería dejarla sola.

Bella se acerca y me entrega uno de los vasos antes de sentarse a mi lado.

—Rowan, hay tres enfermeras, dos médicos y probablemente media isla pendiente de ella. No creo que mamá esté en peligro porque cierres los ojos unas horas.

Sonrío apenas porque sé que tiene razón, pero también porque escucharla hablar así me recuerda que las cosas empiezan a parecer normales otra vez.

—Supongo que todavía me cuesta creer que esté bien.

Bella baja la mirada hacia su café antes de contestar.

—A mí también.

Durante unos segundos nos quedamos mirando hacia la cama. No es un silencio incómodo, sino uno de esos que existen cuando dos personas están pensando en lo mismo y ninguna necesita explicar por qué.

—El médico cree que podrá volver a casa pronto —dice después.

Asiento lentamente.

—Lo escuché.

—Es una buena noticia.

—Sí, lo es.

Bella gira la cabeza hacia mí y me observa con esa expresión que siempre tiene cuando sabe que estoy pensando demasiado.

—Pero sigues buscando algo más.

No puedo evitar sonreír un poco.

—¿Tan obvio es?

—Para mí sí.

No respondo enseguida porque sé que probablemente no está hablando solo de mamá. Desde que llegué he intentado concentrarme en lo que tenía delante, en las cosas que necesitaban atención inmediata, pero eso no significa que haya dejado de pensar en todo lo que quedó pendiente antes de volver.

Bella no necesita decir su nombre.

—Paris —dice finalmente.

Suelto el aire lentamente.

—Hemos hablado, pero se siente algo distante. Ya terminó su gira por España y ahora debe estar regresando a Nueva York.

Bella no parece sorprendida, y aunque intento no tomarlo como una señal, una parte de mí se siente incómoda al ver que para ella tiene sentido. Supongo que esperaba que alguien me dijera que estaba exagerando, que seguramente era una coincidencia, que no debía pensar demasiado en ello.

Pero Bella solo se queda callada.

—No sé qué hacer con eso —admito después de unos segundos—. Quiero decirle tantas cosas, incluso que la amo, pero siento que debería ser en persona.

Bella deja el café sobre sus manos.

—¿Y qué es lo que más te preocupa? ¿Que decida no seguir contigo o que sí?

La pregunta me toma por sorpresa porque no esperaba que fuera capaz de resumirlo tan bien.

—No sé—y es frustrante decirlo, porque llevo días intentando encontrar una respuesta más concreta—. Creo que sigo intentando encontrar una forma de estar seguro antes de hacer cualquier cosa —digo finalmente—. Como si hubiera una manera de saber que estoy tomando la decisión correcta antes de tomarla.




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