El Deseo de Daphne

Capítulo 3

Daniel la miró con curiosidad, pero asintió.

—Claro. ¿Todo bien? ¿Pasó algo con Daphne?

—No, ella está bien. Es solo... ¿podemos hablar afuera? Tal vez en el parque de enfrente mientras ella se baña.

La expresión de Daniel se tornó ligeramente preocupada. En los tres años desde su divorcio, Paulina nunca había pedido "hablar" de forma tan seria. Sus conversaciones siempre eran breves, funcionales, en el marco de la puerta.

—Está bien. Dame un segundo.

Daniel asomó la cabeza dentro de la casa.

—¡Daphne! Voy a estar en el parque con tu mamá por unos minutos, ¿sí? Pórtate bien.

—¡Okay, papi!

Caminaron en silencio hacia el pequeño parque que estaba frente al edificio de Paulina. Era un lugar que habían visitado cientos de veces cuando estaban juntos, donde habían llevado a Daphne cuando apenas aprendía a caminar. Los columpios chirriaban suavemente con la brisa de la tarde.

Se sentaron en una banca, manteniendo una distancia cuidadosa entre ellos. Paulina podía sentir la tensión emanando de Daniel.

—Me estás asustando un poco, Pau —dijo él finalmente—. ¿Qué pasa?

Paulina había ensayado este momento docenas de veces en su cabeza durante todo el fin de semana. Había planeado exactamente qué decir, cómo decirlo, el tono que usaría. Pero ahora que estaba aquí, todas esas palabras cuidadosamente elegidas se habían evaporado.

—Daphne quiere un hermano —soltó abruptamente.

Daniel parpadeó, claramente desconcertado por el rumbo de la conversación.

—Okay... ¿y?

—No para de pedírmelo. Todos los días, Daniel. Está obsesionada con la idea.

—Bueno, es normal. Muchos niños quieren hermanos —Daniel se relajó un poco, asumiendo que era una conversación ordinaria sobre crianza—. Eventualmente se le pasará.

—No creo que se le vaya a pasar —Paulina retorció sus manos sobre su regazo—. Ya lleva meses así. Está afectando su estado de ánimo. Dibuja familias con bebés, reza por un hermano antes de dormir, me pregunta constantemente cuándo va a llegar.

Daniel frunció el ceño, procesando la información.

—No sabía que era tan intenso.

—Lo es. Y yo... —Paulina tomó aire profundamente—. He estado pensando en opciones.

—¿Opciones?

—Sí. Ya sabes, maneras de... darle lo que está pidiendo.

Daniel se giró completamente hacia ella, ahora genuinamente confundido.

—Pau, no estoy seguro de entender hacia dónde va esto. ¿Estás saliendo con alguien? Porque si es así, está bien. No necesitas mi permiso para rehacer tu vida.

—No estoy saliendo con nadie —dijo Paulina rápidamente—. No tengo tiempo para salir con alguien. Y aunque lo tuviera, tomaría años desarrollar una relación lo suficientemente seria como para considerar tener un hijo juntos.

—Entonces... ¿qué? ¿Estás considerando adopción? Porque tampoco necesitas mi opinión sobre eso. Es tu decisión.

—No es adopción —Paulina sintió que su corazón iba a explotar—. Pensé en un banco de esperma, pero se siente... impersonal. Y Daphne no solo quiere cualquier hermano. Ella quiere alguien que sea realmente familia, alguien que comparta su sangre, su historia...

Las palabras se le atascaron en la garganta. Daniel la miraba con creciente confusión, esperando que llegara al punto.

—Daniel, yo... necesito pedirte algo. Y sé que va a sonar completamente loco, pero necesito que me escuches hasta el final antes de responder, ¿okay?

—Me estás asustando de verdad ahora.

—Solo... solo escucha —Paulina cerró los ojos por un segundo, reuniendo coraje—. Daphne quiere un hermano. Específicamente, un hermano que sea su familia real. Y tú eres... tú eres su padre. Eres la única persona con quien podría tener ese tipo de hermano.

El silencio que siguió fue ensordecedor.

Paulina podía ver la mente de Daniel trabajando, procesando, conectando los puntos. Su expresión pasó de confusión a incredulidad, luego a algo que podría haber sido shock.

—Paulina... ¿estás... estás pidiéndome lo que creo que estás pidiéndome?

Ella asintió, incapaz de formar palabras.

—Quieres que... que nosotros... —Daniel se pasó una mano por el cabello, un gesto que siempre hacía cuando estaba abrumado—. Dios, Pau. ¿Quieres que tengamos otro bebé?

—Solo para Daphne —se apresuró a decir Paulina—. No sería... no tendría que significar nada entre nosotros. Sería solo... un acuerdo. Algo que haríamos por nuestra hija.

Daniel se puso de pie abruptamente y comenzó a caminar de un lado a otro frente a la banca.

—Esto es... no puedo creer que estés diciendo esto en serio. ¿Sabes lo que estás pidiendo?

—Lo sé. Créeme, sé que suena demente. He pasado semanas pensando en esto desde todos los ángulos posibles.

—¿Semanas? —Daniel se giró hacia ella—. ¿Has estado pensando en esto durante semanas y recién ahora me lo dices?

—Porque sabía que pensarías que estoy loca.

—¡Porque estás loca! —exclamó Daniel, luego bajó la voz al recordar dónde estaban—. Pau, estamos divorciados. Nos divorciamos por una razón. Por muchas razones.

—Lo sé.

—No funcionamos como pareja. Peleábamos constantemente. No podíamos estar en la misma habitación sin terminar discutiendo por algo.

—Lo sé —repitió Paulina, sintiendo que las lágrimas amenazaban con aparecer—. Pero eso fue hace tres años. Hemos cambiado. Hemos madurado. Y no estoy pidiendo que volvamos a estar juntos. Solo estoy pidiendo... ayuda. Para darle a Daphne lo que está pidiendo.

Daniel se sentó nuevamente, pero esta vez más lejos de ella, como si necesitara el espacio físico para procesar.

—¿Y cómo funcionaría exactamente? ¿Esperamos que un día mágicamente esto no sea increíblemente incómodo y complicado?

—Estableceríamos reglas —dijo Paulina, tratando de sonar más segura de lo que se sentía—. Límites claros. Sería algo... clínico. Práctico. Sin expectativas emocionales.

Daniel soltó una risa sin humor.

—¿Clínico? ¿Práctico? Paulina, estamos hablando de tener un bebé, no de compartir una cuenta de Netflix.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.