El lado oculto de la Cueva Vespersie

Capítulo 1

El amanecer en Borleside es realmente agradable. El sonido de los pájaros, el olor del pan recién horneado y el sol que da en el rostro es como quisiera despertar siempre. Pero consigo lleva los gritos de Sophia y Enzo, que pelean todas las mañanas porque toman cosas del otro sin permiso. No me quejo; algunas veces he tomado cosas sin que se den cuenta, pero cuando lo hacen, no me culpan porque las peleas siempre han sido entre ellos dos.

Los tres compartimos piso desde que cumplimos los 20 porque somos la vergüenza de nuestros padres, o al menos así lo vemos. No somos como nuestros hermanos, que a los 22 años ya tenían su propia oficina. Nosotros vemos de otra manera la vida. Solo somos jóvenes que prefieren disfrutar de todo lo maravilloso que nos da.

Borleside se caracteriza por su suave y delicioso pan. Siempre he vivido en esta ciudad tan hermosa y colorida. Sophia y Enzo se mudaron cuando solo tenían 12 años. Desde entonces, somos mejores amigos.

—Estoy hablando en serio —Sophia se sentó en el sofá—. Tenemos que conseguir un trabajo fijo y no de días.

—Tranquilízate —Enzo la imitó—. Aún tenemos dinero.

—Cuando se termine, ¿qué? —se cruzó de brazos.

—¿Habrá algún día en el que dejen de pelear? —les di un vaso de jugo—. Hoy mismo iré a buscar trabajo, pero no discutan —sonreí.

—Yo también —Sophia dio un sorbo—. Lo siento, es que todo esto me estresa. Solo he sabido quejarme cuando tú has hecho la mayor parte.

—Descuida, somos un equipo, ¿no? —estiré la mano hacia el centro.

—Lo somos —Sophia puso su mano sobre la mía—. ¿Enzo? —dijo al ver que estaba demorando en hacer lo mismo.

—Claro que lo somos —puso su mano sobre la de Sophia—. También saldré a buscar trabajo para aportar.

Después de ducharme y escuchar de nuevo a mis amigos pelearse para ver quién era el siguiente, tomé mi bolso y salí en busca de trabajo. Si hay algo que agradezco es que las personas que viven por mi zona son muy amables conmigo. Hay personas de otras zonas que dicen que es gracias a lo interesada que soy. Sí, es cierto que ayudo cada vez que puedo, pero también es cierto que lo hago porque me nace.

—Leonor, hijita —me dijo desde el otro lado de la calle—. ¿Has desayunado?

—Señora Mariel —sonreí—. Lo he hecho, gracias.

Si es cierto que todos son buenos conmigo, pero también lo son con Sophia y Enzo. Creo que es algo que nos hemos sabido ganar: el cariño de las personas. Aunque haya cariño por todas partes, al momento de buscar trabajo cambia totalmente. Todos se vuelven muy estrictos; es la razón por la que hemos fracasado muchas veces al intentarlo y porque no hay plazas disponibles.

Me la pasaba de tienda en tienda para ver si conseguía algo, pero nadie necesitaba empleados. Exhausta de la misma respuesta, regresé con la señora Mariel. Siempre que tengo un mal día, ella sabe animarme, y más si me habla de mi leyenda favorita de Borleside.

—Entonces, ¿quieres escuchar la leyenda de Borleside mientras preparo chocolate calientito para degustarlo con el riquísimo pan de nuestra hermosa ciudad? —la señora Mariel se levantó de su silla favorita.

—¿Incluirá chocolate calientito? —pregunté con alegría—. De ser así, pediré que la cuente unas, ¿diez veces?

Ambas empezamos a reír mientras nos dirigíamos hacia la cocina.

—Entonces… —se puso la gabacha—. Se dice que Borleside sigue manteniéndose con vida por algo sorprendente. Si alguien llega a descubrirlo, Borleside puede acabar —decía mientras movía el chocolate.

—Aún me pregunto qué será esa cosa —incliné la cabeza hacia mi derecha mientras me cruzaba de brazos—. Es espeluznante escuchar eso, pero me encanta.

—Lo sé, también me sigo preguntando qué es lo que mantiene con vida a Borleside —sacó el aire que estaba conteniendo en el pecho—. Pero después recuerdo que es solo una leyenda contada por mi abuela.

—Señora Mariel —reí—. Es mejor que vaya por el pan antes que se termine —me lamenté—. Con eso de que a esta hora van todos por dos bolsas de pan.

Siempre a eso de las tres de la tarde se termina el pan porque lo usan para hacer recetas, para visitas o simplemente para degustarlo con chocolate. En nuestro caso, preferimos combinarlo con un buen chocolate mientras conversamos. Debo de admitir que la señora Mariel prepara el chocolate más delicioso de todo Borleside.

—No se estresen tanto por buscar un trabajo, les he dicho que pueden venir a comer las veces que deseen —se quejó—. Solo soy una anciana que quiere ayudar a las personas que la ayudan. Quiero devolverles todo lo que han hecho por mí.

—Y lo agradecemos mucho, pero no queremos ser una molestia —admití mientras le daba un gran bocado al pan—. Está haciendo mucho con los consejos que nos da; no queremos molestarla más. Además, no esperamos nada a cambio, lo hacemos de corazón.

—Las puertas de mi casa están abiertas para cuando deseen venir. Saben que no importa la hora, siempre tendré el gusto de recibirlos —sonrió.

—Lo agradezco mucho —la tomé de la mano—. Es una lástima que tenga que irme ya, necesito hablar con Sophia y Enzo —me levanté—. Muchas gracias por recibirme con su delicioso chocolate.

Saliendo de la casa de la señora Mariel, me encontré con la señora Rossie. Ella también es muy amable conmigo; quizá esa sea la razón por la que Steff, su hija, no me trate tan bien. De todos modos, trato de seguir intentando llevarme bien con ella.

—Mi linda Leonor, ¿gustas pasar? —preguntó amable.

—Señora Rossie, recién vengo de la casa de la señora Mariel —dije apenada—. Necesito hablar con Sophia y Enzo, pero le agradezco mucho la invitación.

—Es una lástima —se lamentó—. Quizá otro día puedas venir.

Seguí mi camino hacia el piso esperando a que ellos hayan tenido un poquito de suerte con el trabajo. Pasando el bosque, vi a lo lejos unas flores que creí que se verían hermosas como decoración del piso. Fui por ellas, pero a medida que cortaba más, veía de otro tipo. Claramente tenía que ir por ellas porque eran igual de hermosas que las otras y combinarían bastante al ponerlas en un jarrón.




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