El mafioso es mi nuevo papá.

¿Quién fue?

Mikhailo cruzó sus brazos mientras escuchaba los autos de sus amigos y se acomodó en el asiento para esperar que entraran.
La puerta se cerró con un clic a su paso.

—¿Cómo está Meli...? —el tono de Oleksandr era urgente; sin embargo, no recibió una respuesta de parte del pakhan, quien tenía sus brazos sobre el pecho, con el ceño fruncido y un rostro para nada amable.

—Mikhailo, habla. ¿Dónde está la niña? Se calmó —ahora Román sonaba preocupado.

Los ojos de Mikhailo pasaban de un hombre a otro, detallaba sus rostros y no dejaba ver nada, pues su expresión era seria.

—Ya que no hablas iré por ella, Melissa... —gritó Viktor con la intención de ir a buscarla, pero el tono de voz del pakhan los detuvo.

—Alto —certero y preciso soltó Mikhailo.

La atención de los demás recayó en él, ansiosos por saber qué se traía con esa actitud.

—¿Quién demonios amenazó a la maestra con picarla en pedazos y dársela de comer a los niños? —esperó con la mirada fija en ellos.

Un silencio se formó en la sala y varios sostuvieron la risa; sin embargo, no dijeron nada.

—¿Tampoco me dirán quién golpeó a los padres de los niños que se metieron con la mocosa? —achicó su vista y ni así logró hacerlos hablar.

—Bueno, ya, no sé quién le dijo eso a la maestra, tampoco quién golpeó a esos hombres incapaces de enseñarle a respetar a sus hijos —Maksim estalló—. Solo monté a la maestra en el auto y le di una clase de tortura, nada más; si no aguantó la vista es su problema, no el mío —cruzó los brazos y refunfuñó.

—A mí no me vean, yo solo apunté al director a la cabeza; debe ver a quién contrata. Mi niña acaba de sufrir un trauma y ellos no se pueden reír de ella —Dmytro subió los hombros, restándole importancia.

—¿Qué demonios piensan? ¿Saben cuántos favores pedí para no tener a los policías encima?

Los chicos se miraron entre sí; saben que fueron imprudentes.

—Yo también me molesté, pero con torturarlos sin levantar sospechas bastaba —Mikhailo se relaja—. Esto solo demuestra que una escuela no es la mejor opción para mi hija, mía, no tu niña —señaló a su amigo, causando varias risas.

—Melissa es nuestra, no seas egoísta; además, ya sabes la solución: traigamos a una maestra o psicóloga, o que sea ambas —propone Viktor, sin dejar de mirar las escaleras.

—Es muy arriesgado y deja de mirar para allá. Melissa está dormida, lloró mucho —Mikhailo apretó la mandíbula al recordarlo y sus puños se cerraron, cortando el flujo de sangre a sus nudillos.

—¿Ves? Lloró, y todavía te enojas con lo que hicimos... Te guste o no es nuestra. Ahora bien, te pasaré a quienes investigué; solo una cumple con todo.

Viktor le pasó una serie de fotos y archivos a su celular y Mikhailo murmuraba leyendo todo. Se quedó en la última foto, con los rostros expectantes de sus amigos frente a él.

—No lo sé, si le hace algo a la niña...

—Mikhailo, somos más que tus socios, somos tus amigos y sabemos lo que le pasó a Mikhail, pero esto no tiene nada que ver. Ya la investigamos —Román se acercó—. Todos han hablado y necesitan a una mujer que no solo le enseñe, también que hable con ella.

—Esa hija de puta también parecía buena gente —murmuró Mikhailo, molesto.

—Aquí hay cámaras, hermano. Veremos lo que hacen; tampoco nos vamos a ir dejándolas solas —Oleksander se sirve un trago y se sienta en el sofá más grande.

—De acuerdo, trataré de no enloquecer, pero Melissa sigue durmiendo en mi habitación.

Todos movieron la cabeza de acuerdo con el pakhan; sabían lo duro que era para él. A su hermano le tomó años en un psicólogo aceptar que lo que le pasó no fue su culpa y que no debía ser tocado así.

—Bien, en la madrugada iremos por ella. Vive en otro país, pero sé que ayudará mucho a mi sobrina —Maksim asintió; era lo mejor para su niña, una mujer presente en su vida.




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