Angelina niega y lleva de la mano a Melissa; ambas están en el jardín practicando pintura. A través de esto, la pequeña ha estado plasmando el día fatídico en el que quedó huérfana, pero también hizo otro donde ha estado dejando el tono oscuro y dibujando un gigante de color rosa.
—Mikhailo es este gigante —pregunta, y Melissa asiente.
Angelina sonríe al tomar otro dibujo y ver varios personajes de diferentes colores; suelta la risa.
—Son tus tíos, lo sé, pero... pero ¿por qué parecen delfines...? —suelta una carcajada y Melissa sonríe.
—Vi un video y quise hacer este dibujo —explica, tocándose la barbilla.
—A ver, cuéntame sobre ese video, preciosa.
Melissa busca en su tablet y su pequeño dedito viaja por la pantalla con agilidad.
—El pequeño delfín... —comenta Melissa en el micrófono, y este muestra una serie de videos que hacen que Angelina estalle en risas.
Aparece gente disfrazada de delfín cantando al ritmo del sonido que hacen los delfines.
Melissa señala con su mano a cada delfín en su dibujo y le pone nombre.
—Este es tío Viktor, él tío Oleksandr, este es tío Román —sus ojitos brillan mientras habla—. Él es tío Dmytro y él es el abuelito Maksim.
Angelina mira hacia la mansión y en su cabeza algo se forma.
—¿Qué te parece si les dices a tus tíos y a tu papi que te ayuden a hacer un video así? ¿No te gustaría? —la provoca Angelina; ellos se merecen una pequeña lección.
—¡Siii, gracias, Angelina, gracias! —salta Melissa y corre adentro con el dibujo en la mano.
Angelina se levanta y va tras ella. Esos hombres no saben con quién se metieron y Mikhailo debe pagarle el haberla obligado a casarse. Se adentra a la mansión con la malicia en el rostro, tatuado con tinta indeleble.
Los gritos de Meli se oyen hasta la entrada y se detiene cuando varias voces diferentes y graves comienzan a darle excusas.
Los pasos de la italiana se dan hasta estar detrás de una columna y cruza los brazos mirando el espectáculo.
—Vamos, tíos, es un video —salta y grita—. Estos son ustedes —les muestra el dibujo y Viktor está rojo de tanto reírse.
—Melissa, ¿de qué video hablas? Te dijimos que las pantallas eran malas —Dmytro la señala con el dedo, tratando de parecer serio cuando en realidad no sabe cómo va a salir de esta.
—Es un delfín que hace... —y empieza a hacer un sonido de delfín a un ritmo de melodía.
La seriedad, los rostros ceñudos, la falsa molestia se va de paseo ante lo que la pequeña acaba de hacer.
Viktor está a nada de colapsar y Angelina suelta la risa, aunque lleva su mano a la boca.
—Meli... ¿de quién fue esta maravillosa idea? —pregunta Maksim, y Angelina abre mucho los ojos allí donde está escondida.
—De nadie, voy a buscar para mostrarles el video —extiende su mano para tomar el teléfono de Dmytro, canta el pedacito y aparece la sarta de videos que los pone pálidos.
Angelina los observa y se aleja lento, retrocediendo en silencio. En este momento no sabe qué pueda pasar, pero choca con un muro, uno que huele a roble, y cuando se da la vuelta lo ve: Mikhailo tiene una mirada intensa y una mueca que es difícil decir si es una sonrisa o no.
—¿Qué haces? —pregunta; su tono grave y normal.
—Shhh... no hagas ruido, por favor —con las manos estiradas le tapa la boca y lo aleja de allí.
—¿Qué estás tramando, italiana, o debo decirte cariño? —sonríe y ella rueda los ojos.
—Nada, Melissa amaneció feliz hoy y me dijo que les diría algo a sus tíos y a su padre; quise saber qué era —responde tratando de sonar tranquila, pero sus manos la delatan; juegan entre sí.
—Pues ven, así anunciamos la noticia de una vez —murmura Mikhailo, pero ella niega.
—Eh... la niña dejó sus cosas afuera, yo... iré por ellas —trata de escapar, pero sin mucho esfuerzo es detenida por el brazo de Mikhailo.
—Dije que vamos —comenta, y Angelina asiente, pero en realidad espera que no noten que fue su idea.
—Papi, mira este video, vamos a hacerlo, ¿sí? —le dice Melissa alegre a su padre.
Angelina se imagina al gigante en ese aprieto y esconde su rostro en la espalda de él y comienza a reír.
—Por favor, papi, sería genial, mira, hice un dibujo —continúa, y Angelina está privada de tanto reírse.
Mikhailo observa a sus amigos, quienes niegan serios, aunque Viktor no puede ni hablar; la risa se le escapa por más que aprieta sus labios.
El pakhan gira y clava su vista en la italiana, que trata de lucir inocente.
—Yo los grabo —Angelina suelta una risita.
—Melissa, dime, ¿de quién fue esta fabulosa idea? —pregunta Mikhailo sin dejar de ver a Angelina.
La joven luce tranquila, pero está rezando a quien pueda escucharla que, por favor, no la mencione.
—A mí, papito, podemos hacer, míralo —le muestra el video y en ese instante la carcajada de Angelina es estruendosa.
—Te verías muy lindo, princesa, igual que tú, Mikhailo —continúa.
El pakhan niega, entrecerrando sus ojos, y le da una sonrisa a la mujer que le hiela la sangre.
—Bien, cariño, pero no ahora. Angelina y yo nos vamos a casar, entonces primero ayúdala a elegir un vestido —menciona como una sentencia, y la sonrisa se borra del rostro de la italiana.
—¿A casar? ¿Eso qué es...? —pregunta en su infinita inocencia.
—Quiere decir que Angelina será tu nueva mami —comenta Oleksandr, y Melissa salta una y otra vez, luego la abraza.
—No te vas a dormir, ¿verdad? Como mamá y papá... —los ojos de la niña se llenan de lágrimas.
—No, cariño, no me voy a dormir —le acaricia el rostro—. Recuerdas lo que dije, ellos están aquí, en tu cabecita, y aquí, en tu corazón.
Melissa asiente y Mikhailo la carga en brazos.
—Luego hacemos ese video; primero ayuda a Angelina a buscar un vestido bonito, ¿bien? —le da un toquecito en la nariz.
—De acuerdo, pero vamos a hacer el video.
—Sí, cariño, pero creo que tengo que enviar a ver algunas cosas —comienza Román, y los demás intentan esa misma salida.