Las palabras dichas por el juez pondrán muy alegres a todos, por lo que a la líder de la elite se le retirarán las esposas y la corona de madera oscura, quedando al fin libre, esperada por sus amigos y subordinados entre las bancas para el público.
—Vaya, fue largo, pero al final, satisfactorio.
—Es verdad. Creí que nunca iba a acabar —secundo Kantry a Joseph, estirándose al tener enfrente a su líder.
—Ya pasó —declarará la pelirroja sobándose las muñecas por el peso que perdió gracias a que la soltaron de las esposas—, ahora hay que seguir con los planes ya dictaminados.
—Me gustaría saber qué tramarás ahora, Marianne —dirá desde las espaldas de la mujer Ángel, haciendo que todos volteen a verlo.
—¡Muchas gracias, Escoria! En verdad fuiste de mucha ayuda en esta ocasión —agradecerá la pelirroja al hombre, quien volverá a ponerse los lentes oscuros además de su sombrero tan pronto haya escuchado eso.
—¿Escoria? ¡Qué manera tan más amable de dirigirte a quien te salvó el pellejo!
—No te preocupes, Maynard. Conocí a Escoria desde antes de este juicio y es un gran amigo. Él se ganó el apodo.
—No en balde —responderá Ángel a lo declarado por la mujer—, creo que es un apodo que me queda bastante bien; pero eso no es lo importante ahora. ¿Cuándo piensas declarar toda la información que tienes a los gremios?
—Tan pronto comience con mi nueva prueba. Lo cual será en un par de días. Prometo no escaparme esta vez.
—Me alegra oír eso —contestará el hombre con una sonrisa, no entendiendo del todo lo que la pelirroja dijo, mas seguro de creerle en absoluto—. Si no tienen dónde pasar la noche, creo que estaría bien que les preste unos departamentos en la zona de Europa. Ahí pueden pasar la noche hasta que consigan un lugar propio donde vivir.
—Me parece excelente, muchas gracias —enunciará la mujer, a la cual Ángel le entregará las llaves e indicará dónde se encuentra el lugar para pasar allí la noche.
Sin ya mucho más qué decirse, los miembros de la Elite de fuego pasarán a despedirse de Ángel, para luego encaminar a Maynard y Herald fuera de la ciudad, puesto ellos dos regresarán a sus respectivas bases, recordando a la pelirroja que debe visitarlos pronto. Una vez que ellos se pierden a la vista, la mujer pide a sus demás subordinados adelantarse al hogar de Ángel, en donde les alcanzará después de unos momentos, pues ya será de noche y ella desea apreciar detenidamente las estrellas, pensando algunas cosas en completa soledad.
Todos se despedirán de la mujer, dejándola sola en las afueras de Terra Nova, pasando el frío viento nocturno a través de sus ropas, hondeando su cola de caballo y su flequillo, trayendo consigo un sentimiento oscuro que llena el corazón de la líder con una horrida nostalgia, borrando su sonrisa de momento.
—Creí en verdad que jamás volvería a verte, Marianne Ozuna. —Al escuchar esto, la pelirroja volteará a ver detrás de ella, para encontrarse a todo un escuadrón de mujeres vestidas con ropas oscuras, encabezadas por el enemigo principal de la Elite de fuego en los tiempos antes del primer juicio.
—Chibi…
—Es el fin, Marianne —dictará la mujer de ropas oscuras, mientras el viento nocturno sopla con gran fuerza, bajo el nocturno cielo estrellado de Vitanovus, desplegando una terrible sensación parecida a la de la mismísima muerte.
Las shadow layers, representantes de la tercera y más poderosa facción en cuanto a poder militar se trata, harán acto de presencia enfrente de la mujer pelirroja, cerrándole su camino de vuelta a la ciudad de los humanos.
Cada uno de los principales miembros de dicha organización estará ahí presente, viendo directo a los ojos azules eléctrico de la misteriosa líder de la Elite de fuego, a la cual conocen desde hace ya más de tres mil años, desde antes de los eventos de los tres juicios. Ocasionado el primero de ellos por la misma mujer que tendrán enfrente y su organización, cuando se hallaba en su máximo esplendor.
La expresión de la pelirroja, lejos de quedarse quieta o mostrar miedo, se volverá una llena de confianza. Una oscura y magnánima sonrisa de ego será dibujada en el rostro de la mujer, mientras observa a sus oponentes. Dichas no cambiarán su expresión, continuarán observándola con un rostro serio.
La noche fría caerá cual pesado martillo sobre los hombros de Marianne, con su frío viento y la luz de la luna que le iluminará su figura, al igual que las oscuras prendas de cada una de las mujeres que le atrapan con su mirada.
—Me parece que no están aquí para felicitarme por mi victoria ante el jurado de CES —alardeará la líder de la Elite de fuego, cruzando sus brazos por debajo de sus senos, mientras cierra sus ojos con confianza para volver a abrirlos poco y así dirigirlos a Chibi.
—Muy lejos de ser una victoria, fue un espectáculo, como los que te encanta dar, Marianne.
—Posiblemente —responderá la pelirroja a la chica de cabello negro—, pues tienes razón. Amo obtener la atención de todos. Como de ustedes en este momento. Ningún miembro de las shadow layers sería capaz de despegar su mirada de mí, aunque quisiera. Saben a lo que se atienden.
—No te hagas la ingenua, Marianne —replicará Chibi, quien moverá hacía con su mano derecha su gabardina de tergal negro para revelar la blanca empuñadura de su espada—. Sabes perfectamente que hemos venido a terminar con tus planes, sean cuales sean. —Al comentar aquello el viento mecerá las ropas de la mujer, al igual que sus cabellos.
La piel aperlada de la mujer brillará bajo la luz de la luna, al igual que su oscura cabellera y sus ojos rojos, que estarán clavados a la mirada azul de la pelirroja que le hace frente en el momento.
—¿Debería sentirme intimidada?
—Definitivamente.
—Pues no está haciendo efecto. Algo estás haciendo mal, Chibi.
—No tientes tu suerte, Marianne. Has cometido un sinfín de crímenes en el pasado. No importa que demuestres tu inocencia en los tiempos actuales. Tus errores grabados en la historia de este mundo han de ser suficientes para que yo, Kage no Chibi, líder de las Shadow layers, te condene a muerte. —Mientras la mujer declara esto, tomará su arma con ambas manos y la pondrá por enfrente de ella, mostrándola a la pelirroja, desenvainando la katana de hoja color hueso que oculta en su interior, hasta que llegue al medio de ésta y la jale a gran velocidad, revelándola en su totalidad y empuñándola con ambas manos hacia su víctima después de colocar su funda en su cintura, sujeta a un cinturón.
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Editado: 07.11.2026