En el abismo

12. Familia

La noche con su hermano, su prometida y Winston había sido tan horrible como Sam imaginó desde un principio.

Nila sólo tenía un tema de conversación… ella. Sus viajes, sus conocidos, sus desfiles, sus uñas. Era la persona más horriblemente vacía y superficial que conocía y… conocía mucha gente así.

John por otro lado, lo único que había hecho durante toda la velada fue adular a su prometida, que, según Sam, era porque ella venía de una familia con demasiado dinero, él no estaba enamorado de ella, para nada. También había hecho sentir mal a su hermana durante varias oportunidades, diciendo algún comentario irónico o haciendo lo que mejor hacía en la vida, ser un maldito pasivo - agresivo que te destrozaba los nervios.

Winston había sido Winston toda la noche, intentó aliviar la tensión, hizo chistes y narró anécdotas divertidas, pero nada de eso funcionó, no logró que, ni por un segundo, Sam se sintiera bien.

Al llegar a su habitación se encontró con un chocolate sobre su cama y una nota.

— ¿Qué es esto? — le preguntó a su amiga, la cual estaba leyendo uno de esos libros eróticos que amaba y que había insistido en que Sam también lea.

— Tu hippie lo trajo hace unas horas. — Jess la miró y sonrió de costado. — Ese chico no puede más contigo.

Sam rodó los ojos y sonrió para sus adentros, se cambió, puso su pijama, se metió en la cama y abrió el chocolate, lo partió y le dio la mitad a su amiga.

— Eres un ángel mi pastelito de manzana. He estado deseando esto desde que lo trajo.

— Lo sé, por eso te comparto. — ambos rieron. La chica se acurrucó y leyó la nota que venía con el regalo.

Supuse que necesitarías algo para levantar tu ánimo luego de la cena a la que no querías ir.

El chocolate me pareció la mejor opción. 

La serotonina del cacao es un antidepresivo natural y estimula la producción de endorfinas.

¿Qué? ¿Esperabas una frase romántica y sin sentido alguno?

Pues no, soy bioquímico, no poeta.

Espero que te guste.

Calvin, si, como tu ropa interior.

Sam suspiró como una tonta cuando terminó de leer y miró de reojo a Jess, la cual la estaba mirando.

— Te enamoraste del hippie Samantha Blake. — le dijo de repente y comenzó a aplaudir. — Estás enamorada hasta los huesos de ese chico. — agregó, como si la primera frase no hubiera sido suficiente. 

— No es eso Jessica. — se defendió intentando tapar su rostro con su cabello. Su amiga seguía aplaudiendo como una loca, su cabello rubio con ondas, se movía de forma pareja y constante. Sam quería que se detuviera que dejara de hacerlo, estaba sintiendo demasiada vergüenza. — Es imposible. — comentó intentando parecer superada.

— Blake, puedes estar enamorada de él aunque aún no hayan tenido sexo. ¿Lo sabes no? 

— ¡Jessica! — grito la chica sintiendo que el calor le subía demasiado rápido. — ¿Cómo lo sabes? — agregó por lo bajo.

— Es más que obvio. Eres una chica de sociedad, una dama, te educaron para eso… además… él te mira como si fueras su cena y créeme un hombre que tuvo sexo contigo, al menos una vez no te mira de esa forma.

Antes de irse a dormir le envió un mensaje a Calvin agradeciéndole el chocolate. Se durmió pensando en que Jess tal vez tenía razón

 

***

La semana había transcurrido con relativa tranquilidad para todo el mundo, menos para Sam, la cual estaba enfrentando una crisis emocional; las clases de química eran cada vez más difíciles y por más que se lo explicarán mil veces no lograba entender.

Era frustrante para ella saber qué algo que parecía tan sencillo, pudiera resultarle una tarea imposible.

Estaban hacía dos horas en la casa de Calvin, con el mismo ejercicio, el cual no podía resolver.

La chica se levantó de la silla con tanto ímpetu que hizo que la misma se cayera al suelo.

— Sam. — dijo asombrado Calvin y comenzó a seguirla con la mirada. — ¿Qué pasa? — caminaba por toda la sala como una desquiciada. En ese momento se puso a llorar. — ¿Qué sucede? — se acercó a ella y puso sus manos en los hombros de Samantha. — No te salió la fórmula, no es tan grave, lo intentas nuevamente y ya...

— No es eso. — la chica se tapó los ojos con las manos y continuó llorando. 

— ¿Qué es entonces? 

— Estoy harta de mentir. — gritó. — Estoy cansada de tomar clases extras, de dormir poco, para que mi familia esté feliz. — la chica estaba desesperadamente, sus pupilas estaban dilatadas y su respiración era un lío. — Odio los lunes sólo porque sé que pasaré horas escuchando cosas que no me interesan, perdiendo mi tiempo.

— No lo hagas...

— No entiendes, van a odiarme. Es una señal... — se alejó y Calvin la miró sin entender. — que está cosa no me salga es una señal de que debo hacer lo que mi familia dice y dejar de intentar

— Jamás vuelvas a decir eso Samantha Blake. Tú puedes y debes ser lo que tú quieras, no lo que otros quieren para ti. — Calvin se volvió a acercar a ella y acunó su rostro entre sus manos. — Mírame a mí. Mi mamá no quería que viniera a esta universidad, dice que mi padre tuvo demasiadas malas experiencias por estudiar aquí y menos quería que estudiara lo mismo que mi padre. Pero lo hice igual. ¿Sabes por qué? Porque esto me hace feliz, me gusta, me siento conectado con él…

El chico se alejó unos pasos, con la mirada baja.

— ¿Tu papá también estudió aquí? ¿Bioquímica? — preguntó la chica. Calvin nunca hablaba de su familia, sólo le había mencionado una vez que tenía dos hermanos, pero no volvió a tocar el tema nunca más. Escucharlo mencionar a su padre le dio mucha curiosidad.

— Si. Él... En esa época está universidad era una de las mejores para la carrera… dejó su casa, a mis abuelos y a mi mamá, estar aquí era como un sueño para él.




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