En el abismo

26. Amenaza

Un mes después le dieron el alta.

Sam aún no había recibido la visita de sus padres, ni siquiera la habían llamado. Su abuela la llamaba todos los días y para su gran asombro, también John.

— ¿Qué haces aquí? — preguntó al ver a su hermano parado en la puerta de su habitación del hospital.

— Vine a buscarte y llevarte a casa Samantha. — le dijo rodando los ojos.

— No quiero ir a casa. Mamá y papá ni siquiera me han preguntado cómo estoy. — respondió la chica cruzándose de brazos.

— Están enojados porque metiste en el asilo de la abuela a ese vago. Qué te dije que no te convenía. — los ojos de Sam se enrojecieron, al igual que su rostro. — Ese tipo es el hijo de Pierre Rousseou y ayudó a que salga ese informe. 

— ¡Lo sé! — gritó la chica indignada. — Sé que me engañó. ¿Qué quieres? ¿Decirme que soy una imbécil? No hace falta. Lo sé. — no logro contener más las lágrimas; se puso a llorar , Calvin le dolía... había intentado estar enojada con él, odiarlo, pero no podía. 

Su hermano se acercó a ella y la abrazó, la chica se quedó paralizada.

— Samantha por favor dime que no te enamoraste de ese maldito bastardo. — la chica no podía hablar de lo angustiada que se sentía. — Samantha. ¿Qué le dijiste? — se alejó, por eso John se estaba comportando tan bien con ella. 

— ¿Eso es lo único que te importa? ¿Qué le haya dicho algo que pueda perjudicarte a ti o a ellos? — se alejó un poco más y se levantó como pudo. — Vete de aquí. — gritó. — No quiero verte nunca más. Vete. Vete. Ya.

Sentía la garganta rasgada de tan fuerte que estaba gritando.

— Eres una desagradecida. Te mereces todo esto. — le dijo y sin más se marchó.

***

Al final Tim la fue a buscar al hospital, junto con Jessica, para llevarla de vuelta a su habitación de la universidad.

— No puedo creerlo. Te lo juro. — le dijo de pronto el chico, bajando la música del auto. — Me niego a creer que el mismo tipo con el que compartí todo durante 3 años hizo esto.

— No creo que sea un buen momento. — comentó por lo bajo Jess.

— Es que... — Tim golpeó el volante. — nos engañó a todos si es así. Realmente pensé que le importabas Sam. Lo siento. Le pedimos que se fuera. ¿Sabes? No queremos saber nada de él.

— Timothee. Basta. — dijo Jessica entre dientes.

— Si. Lo siento. — respondió el chico y volvió a subirle el volumen a la radio. — Cuenta con todos nosotros. Estamos de tu lado.

***

Llegaron y en cuanto lo hicieron Sam se acostó, aún estaba muy medicada, lo que hacía que no pudiera permanecer demasiado tiempo despierta.

— No quiere verte. — escuchó a su amiga, no sabía cuánto tiempo había pasado pero se dio cuenta de que bastante, porque ya era de noche.

— Jessica, por favor. Necesito hablar con ella. — era Calvin. Sam se tensó por completo.

— Escúchame bien. Vete de aquí, alejate de ella, tu, tus tontos tatuajes, y tu estúpido peinado, porque si no lo haces te arrancaré esas mechas de a una y te las meteré donde no te da el sol. — la amenaza de su amiga le hubiera causado gracia en otro momento, pero, ahora y teniendo en cuenta que era lo único que la defendía y separaba de él, le pareció bien.

— Jessica, por favor. No entiendes. No me han dejado hablarle, no querían que entrara al hospital, necesito verla...

— Vete Calvin Rousseou. — dijo Sam con odio. — No quiero saber nada de ti.

— Samantha por favor. — por sobre su amiga se asomaba él, con esa mirada de cordero que la hacía temblar, pero no podía, estaba decidida, lo iba a odiar. 

— Dijo que no. — la voz de Winston provenía de atrás de él. — Vete ahora o haré una denuncia de que estas acosandola.

Sam se levantó de la cama y se acercó a la puerta. La idea de ver a Calvin otra vez le resultaba dolorosa, pero lo necesitaba.

Cuando lo tuvo frente a frente sintió la mano de Jess alrededor de su brazo, era la parte del mundo que le decía que recuerde lo que él había hecho.

— Te amaba. — miró hacia abajo. — ¿A quién engañó? Aún lo hago. — se encogió de hombros. — Pero aunque se me esté partiendo el corazón, no quiero que te me acerques nunca más. Felicidades. Me engañaste a mi, a Jess, a tus amigos... — él quiso acercarse pero ella no lo dejó. — tu venganza no resolvió nada. Mi padre sigue siendo rico, tu familia sigue sin justicia y tú... tus amigos te pidieron que dejaras la casa en la que has vivido por tres años; tu madre me pidió que no te perdonará. — los ojos de Calvin se abrieron de par en par, sorprendido. — Y… te quedaste sin alguien que hubiera hecho cualquier cosa por ti. — ambos tenían los ojos vidriosos, Sam no sabía cuánto tiempo podía soportar sin derrumbarse. — Si me hubieras dicho en el auto, ese día, la verdad... te hubiera perdonado. — unas lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, le dolía el estómago de los nervios y la angustia. — Hubiera valorado que al menos me dijeras la verdad que te hubieras arrepentido, pero... ¿Saber todo por boca de tu madre? ¿Saber que aún acorralado no querías que me enterara? Eso no lo puedo perdonar.

Dicho esto, Sam, se giró y le dio la espalda. Escuchó que Calvin la llamaba, que Winston y Jessica le decían que se fuera, pero no se volteó, no podía mirarlo.

— Fuiste muy valiente Blake. — le dijo su amiga mientras la abrazaba.

— Me duele Jess. — le dijo la chica poniendo la mano sobre su pecho. 

— Lo sé mi vida. Pero sanaras.




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