En el abismo

29. ¿Feliz cumpleaños?

Otra vez en esa casa, con esa gente que odiaba, vestida de la forma que a ellos les gustaba. Sam se miró al espejo y se insultó mentalmente. 

— Me das asco. — se dijo a sí misma.

— Lista. — le preguntó Jess. — Me siento extraña con este vestido. — dijo girando sobre su eje. 

— Te ves genial. Además... pareces toda una perfecta señorita. — le dijo imitando la voz de su madre. Jess soltó una carcajada. 

— Samantha deja de hacer bromas, debes comportarte. — bromeó su amiga.

Ambas bajaron tomadas de la mano, si bien Sam había hecho la lista de invitados e incluido a sus amigos, sus padres también agregaron a gente que a ella no le interesaba y en comparación eran más que sus propios invitados.

— Todo estará bien. Nos quedaremos cerca de ti. — le murmuró Jess mientras tomaba la mano de Tim. Esos dos habían encontrado la horma de su zapato; él le daba la seriedad que a ella le faltaba, mientras que Jess brindaba la locura y diversión.

Verlos juntos, felices, le hacía tenerles un poco de envidia, su vida no era como ella creía que sería hacía algunos meses… y eso le dolía mucho.

Cuando la música empezó y comenzaron a bailar, sólo en ese momento ella se sintió un poco más alegre.

Habían pasado unas horas cuando uno de los meseros se le acercó.

— Señorita Blake. Uno de los invitados la está esperando en la biblioteca. 

Sam, sorprendida camino, sin decirle a nadie hasta la biblioteca. La chica esperaba encontrar a Winston, era el único de sus invitados que no había llegado aún.

En su lugar encontró a Calvin... apoyado contra el escritorio, lo primero que notó fue que ya no tenía rastas, su cabello castaño había crecido y lo tenía peinado hacia atrás. Vestía demasiado elegante, una camisa bordo, unos pantalones de vestir... 

Le temblaron las manos con solo saber que estaba cerca, su primer impulso fue correr hacia él, besarlo… se dio cuenta de que a pesar de que se mintiera a sí misma, seguía enamorada de él pero… lo odiaba con la misma intensidad.

— Te cortaste el cabello. — dijo la chica casi desilusionada. 

— Dijiste que si no me las sacaba no me dejarían entrar. — a Sam le pareció algo tierno, pero luego recordó el motivo por el cual no lo quería ahí. 

— ¿Qué haces aquí? — preguntó, sumamente nerviosa y acercándose un poco, a su paso cerró la puerta.

— Es tu cumpleaños. — respondió él como si nada.

— Por ese motivo, deberías saber que no te quiero aquí. — se cruzó de brazos y comenzó a golpear uno de sus pies contra el suelo.

— ¿Por qué no me sacaste de la lista entonces? — se apoyó contra él escritorio y sonrió de costado. A Sam le temblaron las piernas.

— Porque me olvidé de que estabas, la hice hace meses, además, no creí que fueras tan descarado de aparecerte. — soltó en un tono más fuerte que el que quería. Su intención no era demostrar el poder que tenía sobre ella.

— Pues lo hice. Y te traje un regalo. — respondió sacando de su bolsillo un pequeño estuche.

— No quiero nada de ti. — Calvin la tomó del brazo y eso le provocó escalofríos. 

— Samantha por favor. Han pasado 5 meses. Necesito que hablemos. Insúltame todo lo que quieras, pero necesito cerrar esto. — sus ojos se inyectaron de sangre y sintió como el corazón le daba un vuelco.

— ¿Cerrar? — dijo irónico. — Yo ya lo cerré.

— Es mentira y los dos lo sabemos. — bufó y se despeinó, el cabello así le quedaba genial. — Sam. Te amo y no puedo dejar de pensar en ti.

— Dirás qué no puedes dejar de pensar en el plan que tenías...

— No tenía ningún plan en tu contra. Te lo juro. Desde el principio me acerqué a ti porque me parecías la mujer más hermosa que había visto en mi vida, nunca quise herirte...

— No mientras. No quiero escuchar ni una más de tus mentiras. — estaba a punto de llorar y no quería eso. 

— Samantha, mírame. — sus ojos fugazmente hicieron contacto y no puedo soportarlo más, comenzó a llorar sin control. 

Calvin la abrazó y eso hizo que se sintiera peor. Se separó y se permitió mirarlo, como antes de que todo fuera un desastre.

— ¿Qué es esto? — preguntó Sam al notar que en su cuello tenía tatuados sus iniciales CS, pero no era eso, parecía una fórmula de química. 

Él sonrió de costado.

— Sulfuro de carbono. — respondió como si nada. — La primera fórmula que te enseñé. — Sam soltó una risa amarga, en otro momento eso le hubiera parecido tierno. — Eres tú Samantha y siempre lo serás.

Antes de responder, estiró los dedos y tocó el cuello de Calvin.

— Al final tenías razón, exponerse a eso es peligroso, nosotros lo hicimos y terminamos intoxicados. — vio como el brillo en los ojos del chico se desvaneció. — No soy yo Cal, yo… también lo creí, pero no es así, algún día encontrarás a la persona ideal para ti y no la harás sufrir como lo hiciste conmigo.

— Lo siento. — respondió con ojos de cordero. — Sé que te lastime, pero no volveré a hacerlo, te juro que puedo hacer que seas la persona más feliz del mundo… — lo miró y lo besó, sin pensarlo, con demasiada necesidad, él no tardó ni un instante en tomarla por la cintura y profundizar el beso. 

El corazón de Sam latía a toda velocidad, tan fuerte que incluso le dolían las costillas; se separó un momento y sonrió de costado, él también lo hizo.

— Quédate ahí. — dijo con voz seductora. — Ya vengo.

Sonrió y sin que Calvin se diera cuenta tomó el estuche que le había dicho que era su regalo y la llave de la biblioteca. Salió corriendo y cerró la puerta, le puso llave. 

— ¿Crees que soy tan estúpida? — grito al otro lado de la puerta. — ¿Crees que de verdad iba a creer tu disculpa? — rió casi histéricamente. — Me quedaré con el regalo y... en cinco minutos vendrán tres guardias a escoltarte a la salida. Adiós Calvin.

Luego de llamar a los guardias y ver desde el balcón cómo arrastraban a Calvin hasta la salida, se dirigió al salón.




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