Conexión prohibida
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Desperté de golpe, tomando aire como si hubiera estado bajo el agua. Mi cuerpo estaba empapado en sudor y el corazón me latía con tanta fuerza que me dolía el pecho. Tardé unos pares de segundos en darme cuenta de dónde estaba. Mi habitación. Mi cama. Todo parecía verse normal...
Me levanté poco a poco y miré a mi alrededor. Las cortinas se movían suavemente con el viento y la luz de la mañana entraba por la ventana. ¿Había sido un sueño?, pensé. No podía haber sido un sueño, se sintió demasiado real —dije.
De repente, bajé la mirada y entonces lo vi.
En el lado derecho de mi brazo había una marca, como si alguien me hubiera sujetado con fuerza. No era un moretón común. Tenía una forma extraña, casi como un símbolo. Al tocarla recordé todo lo que pasó ayer en el baile. Fue Kaemon, pero lo que no podía entender era cómo llegué hasta aquí, a mi habitación. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y una sensación conocida me atravesó el pecho...
En ese mismo instante, escuché una voz que resonó dentro de mi mente.
Darmira...
Me llevé la mano al pecho, asustada. No había nadie en la habitación, pero la voz era clara, profunda.
—Kaemon... —dije en voz baja.
De repente, sentí una presión en la cabeza, como si alguien estuviera intentando entrar en mis pensamientos. Imágenes comenzaron a aparecer frente a mis ojos: un lugar oscuro, antiguo, criaturas moviéndose, y él, de pie, mirándome con una mezcla de culpa y preocupación. Era como si estuviera mostrándome todo lo que iba a pasar.
No debió pasar así —dijo su voz dentro de mí—. No debía tocarte.
—¿Qué me hiciste? —pregunté temblando—. ¿Qué está pasando conmigo? Kaemon, respóndeme, por favor.
Hubo un silencio largo, pesado.
Darmira, ahora estamos conectados —respondió finalmente—. Una conexión que está prohibida.
Esas palabras me dejaron helada la sangre.
—¿Prohibida? ¿Por qué? —insistí—. ¿Qué eres tú, Kaemon?
—Pertenezco a un mundo que no es el tuyo. No podemos estar vinculados. Si otros lo descubren... tú estarás en peligro.
Mi respiración se comenzó a acelerar más de lo que ya estaba. Todo aquello era demasiado para asimilar. Quería creer que estaba perdiendo la razón, pero la marca en mi muñeca ardía, recordándome que todo esto era real.
—Darmira, sé que estás asustada, pero es mejor que no le digas a nadie sobre esto. Si lo haces, estaremos en peligro. Te prometo que te contaré todo después —dijo.
De pronto, escuché golpes en la puerta.
—¡Darmira! ¿Estás despierta? —era la voz de Rose.
Me sobresalté. La presión en mi mente desapareció de golpe, pero la sensación de Kaemon seguía ahí, latente, como si nunca se hubiera ido.
—¡Sí! Ya voy —respondí, tratando de sonar normal.
Rose entró a la habitación y me observó con atención. Sus ojos se detuvieron en mi rostro, luego en mi muñeca.
—¿Qué te pasó ahí? —preguntó, señalando la marca.
Me quedé en silencio unos segundos.
—No lo sé —mentí—. Debe haber sido en el baile.
Ella frunció el ceño, claramente no convencida.
—No te ves bien —dijo—. Desde anoche estás rara... como si no estuvieras aquí del todo.
No supe qué responder. ¿Cómo explicarle que una voz hablaba dentro de mi cabeza? ¿Que estaba unida a alguien que no pertenecía a este mundo?
Bajé a desayunar. Me comí unos waffles que había preparado mamá y un vaso de jugo. Luego volví a mi habitación, me senté en el escritorio y comencé a escribir en mi diario cómo me sentía y todo lo que había pasado en estas semanas.
Se hizo de noche, así que decidí acostarme a ver una película. Esa noche, al quedarme sola, la habitación volvió a enfriarse. Me acerqué al espejo y, lentamente, su reflejo apareció detrás del mío. Esta vez no desapareció; era como si estuviera ahí, a mi lado.
—No voy a dejar que te hagan daño —dijo con voz grave—. Pero esta conexión nos condena a ambos.
—Entonces, ¿por qué lo hiciste? —pregunté, mirándolo a los ojos a través del espejo.
Kaemon bajó la mirada.
—Porque te he estado observando desde mucho antes de que tú supieras de mí —respondió—. Y porque, aunque no debería... no puedo soltarte.
—Vi que ya despertaste una de tus habilidades —dijo.
—¿De qué hablas?
—Te vi aquel día en el bosque, cuando apareció el fuego. Fuiste tú quien lo incendió. Ese es uno de tus poderes, y el otro es que puedes tener visiones: puedes ver todo lo que va a pasar —dijo.
Sentí una opresión en el pecho. Miedo, confusión... y algo más que no quería admitir.
En ese momento, una sombra se movió detrás de él, reflejada en el espejo. Más grande. Más oscura.
—Nos encontraron —susurró Kaemon—. Y esto... apenas comienza.