Érase una vez, Nosotros.

CAPÍTULO 5

CAPÍTULO 5

«Alguien como yo ».

-Ana-

A pesar de que él tenía un notable carácter, en esos momentos estaba mostrándose con una calma pasmosa, su plato solo tenía ensalada, mientras el mío tenía carne además de verduras. Bebió agua de su copa con tranquilidad, pinchaba las verduras con cuidado, masticaba con serenidad era como si se hubiese olvidado de mi presencia, o quizás mi silencio provocaba eso. A decir verdad, después de lo que me había dicho digamos que algo en mí había enmudecido, desgraciadamente él parecía no notar esa extraña forma de ser que poseía que definitivamente irrumpía con su carácter tan llamativo.

—¿Te gusta? —me preguntó con cierta indiferencia llevando una vez más la copa de agua hacia su boca.

Asentí, daba pequeños bocados, ese innecesario nudo en mi estómago aparecía cuando menos lo necesitaba.

—Sabe muy bien, gracias…—él asintió desviando su mirada hacia la pared de vidrio que rodeaba el otro extremo de la sala.

—Intento no observarte para que puedas comer, a pesar de que en todo este tiempo he sentido tu mirada sobre mi frente.

¿Cómo se había dado cuenta? Si ni siquiera me prestaba atención ,bueno, o eso era lo que aparentaba.

—Es solo que no estoy acostumbrada, como dije antes, no es usual que me ocurran estas cosas…

Entonces él elevó su vista hacia mí, sus negras pestañas se abrían dejando ver la claridad singular que poseía el color amarillento de sus llamativos ojos.

—¿Hace cuánto tiempo murió la persona que te tenía a cargo?

—Alrededor de un mes. No tenía muchos familiares, pero el día de su funeral estuvieron.

—¿Dónde vivías?

—En la residencia del señor Clement, no tenía permitido ir hacia las casas de los empleados que circundaban su propiedad, entonces él accedió que pudiese quedarme en un especie de ático, no era muy grande, pude acomodarlo para poder tener un lugar allí.

—¿Ático? —repitió en un sigilo de voz, sus cejas se curvaron y su mirada se achicó observándome de forma felina, apretó suavemente su mandíbula en señal de desagrado—.Viejo miserable…—murmuró por lo bajo dándole otro sorbo a su copa.

—Él era un hombre muy desconfiado, era exigente con su servidumbre, y no permitía que nadie ni nada saliese bajo sus órdenes, en cuanto a mí… me mantenía cerca porque no podía quitarme, no de buenas a primeras. Era como su asistente.

—¿Realmente lo eras?

Asentí.

—En algún punto, sí, lo asistía en todo lo que necesitaba cuando sus empeladas o enfermeras no estaban, algunas de ellas odiaban atenderlo. A pesar de ello fue el único que me permitió salir para estudiar y buscar trabajo, dejó que fuese a su biblioteca a leer, y también me permitió tener mi propio lugar, con el tiempo supuse que lo hacía porque era más inteligente que los anteriores dueños que tuve, ya que mi sola presencia lo turbaba aunque él intentase mostrase resuelto, yo lo intimidaba.

—¿Por qué alguien como tú intimidaría a un cretino como ese?

—Como habrás notado , soy algo particular…—comencé diciendo pues mi condición me avergonzaba y mucho más aún frente a él.

Él apoyó parte de su mentón sobre una de sus manos, en efecto lucía relajado, muy relajado, y su tono de voz se suavizó al punto de sonar encantador…

—¿Qué tan particular eres?

—La curiosidad mató al gato…—respondí de forma escueta él era un completo desconocido y mi instinto de supervivencia de forma repentina se encendió.

Él pillo aquella respuesta como un desafío, desramo su postura relajada para cruzarse de brazos enderezando su postura. Era intimidante.

—La intrusa aquí eres tú, no yo.

Meneé suavemente mi cabeza él me ponía nerviosa.

—Quise decir, que tu curiosidad, podría causar que mi existencia esté en peligro. Demostré contra mi voluntad mipeculiaridad, —desvié mi mirada buscando encontrar las palabras correctas—Lo siento…—murmuré regresando mi mirada sobre la de él descubriendo que sus comisuras se elevaron mínimamente, no era una sonrisa, claro que no, había algo más que centellaba en él.

—¿Quién me creería lo que ocurrió anoche?—resolvió sin más descomprimiendo su postura para beber una vez más de su copa—.En un mundo tan racional, tú y yo definitivamente estaríamos acabados…

Aquello era tan real, que sus palabras sonaron como una llave, la indicada, sin más ni menos, de esas que abrían un corazón frágil como el mío.

—Puedo distinguir cuando alguien va a morir—deslicé evitando sentirme avergonzada por cada una de mis palabras—poseo siete vidas, seis, son para quien se encargue de mí, si no las desea para prolongarse en el tiempo puedo esperar hasta que mueran sin intervenir—admití con amargura.

—¿Qué ocurriría si das todas tus vidas?

—Mi condición no es permanente, si logro pasar por distintos dueños llegando a agotar mi sexta vida, seré libre, mi maldición se romperá. Por supuesto el tiempo regula todo…tener todo aun intacto en mí es peligroso, he sabido que mi condición es buscada por otros que pueden reconocerme y eso sería muy peligroso para mi existencia—.Él me observaba con detenimiento escuchándome con atención—.Es por esa razón que necesito encontrar a quien el señor Arthur dejo mi guarda, ya que eso significa que tengo menos chance de caer en manos de la persona incorrecta.




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