Érase una vez, Nosotros.

CAPÍTULO 6

CAPÍTULO 6

«Feliz cumpleaños ».

-Ana-

Había perdido mi camafeo, a pesar de que lo busqué en los distintos recorridos que hacía a diario, sería como encontrar una aguja en un pajar, también pensé en la posibilidad de que estuviese extraviado en la casa de ese arrogante, pero, no, allí no volvería, de hacerlo podría meterme en mayores problemas, y ya tenía suficiente con todo lo que me estaba pasando.

La pequeña habitación que había rentado en un edifico de mala muerte, no tenía ascensor, bueno, en realidad sí, pero estaba averiado hacía meses porque alguien cayó por error por allí muriendo…

Fruncí mi ceño turbada, ¿algo más tétrico? Subía y bajaba las escalinatas con mi gas pimienta en la mano, cada tanto me topaba con mujeres ebrias sentadas en los escalones con sus parejas a las que debía esquivar, o algún idiota en peor estado…vivía bajo un estrés constante no recordaba la última vez que había sentido cierta tranquilidad ya ni siquiera sabía cómo se percibía tal cosa. En un mundo plagado de tantas realidades, mi existencia adversa y diminuta parecía eclipsarlo todo a mi paso.

Una vez en mi trabajo, comenzaba la rutina de todas las noches, ir y venir, dentro de todo eso aquello mantenía mi mente en pausa, si bien mis preocupaciones no se alejaban ,solo se detenían dándome un espacio para olvidarme de mi situación.

Faltaba poco para que terminara mi turno, cuando mi jefa me llamo.

—Ana, alguien está buscándote,

—¿A mí? —repetí con extrañeza.

Ella asintió.

—Sabes que no puedes salir en horario de trabajo—.Me recordó.

—¿Dónde está? —mi jefa movió su cabeza hacia un costado, me giré en esa dirección, y mis ojos no tardaron en identificarlo entre la multitud me observaba atento y a la espera.

Era realmente guapo, las mujeres que pasaban cerca suyo lo observaban pasmadas y no era para menos, vestía de manera simple, pero, cada prenda que usaba parecía estar elegida para destacarlo, de jeans azules, una camiseta blanca y una chaqueta de cuero negra ceñida hacían resaltar su figura, el cabello lo llevaba algo desprolijo pero en él eso era ideal , su mandíbula perfecta haciendo juego con su rostro simétrico y esos ojos grandes y llamativos que no pasaban desapercibidos bajo ninguna circunstancia.

Me giré nuevamente, intentando obviar la turbación que él me producía, había perdido la cuenta de cuando fue la última vez que lo vi, ¿cómo logró encontrarme? Meneé mi cabeza moviéndome entre la gente, continué trabajando como si no existiera ¡ni siquiera sabía cómo reaccionar!

Eso sería por muy poco tiempo, llegado mi momento de irme, me despedí de todos mis compañeros ajusté el cordel de mi bolso a mi hombro, salí hacia afuera, el amanecer iba apareciendo, y con ello una vez más el tedio de tener que pasar todas las mañanas por una obra en construcción que era tan grande que se me hacía imposible cortar camino.

—Te avisaron que estaba esperando por ti, pero, por lo visto, juegas con mi tétrica paciencia—Su particular tono de voz teñido con algo de mal humor era inconfundible, me voltee sutilmente echándole un vistazo.

—No deberías haberme esperado, después de todo, das miedo sabiendo dónde trabajo, no es normal, ¿lo sabías? —comencé a caminar. Mientras lo hacia el fastidioso de Eddy se asomaba, se quitó su casco amarillo para salir a mi encuentro.

Iba tenerla difícil esa mañana derribando objetivos molestos. Pero su sola presencia cambiaba el inicio de mi mañana:

—¿Así que ya llevaste a un tipo al hospital por usar gas pimienta?

Su tono arrogante ¡uy!

Me voltee hacia él. Su expresión dura me enloquecía.

—¿Quieres ser el segundo? —le apunté intentando intimidarlo, pero él siempre tenía la forma de mostrase resuelto, elevó una de sus cejas y sus grandes ojos color ámbar derribaban incluso mi tonta amenaza.

—Créeme que difícilmente eso logre afectarme…— ahí iba de nuevo.

—¡Eso dicen todos! —exclamé volteándome hacia adelante para continuar, viendo que me esperaba el mismo grupo de tontos de todas las mañanas. Lancé un suspiro agobiada.

Cuando de pronto él me hablo, oí su voz algo alejada:

—Si caminas junto a mí, te aseguro que soy más efectivo que el gas pimienta—la calma con la que me dijo aquello me tentó, era un tedio pasar por allí y ser molestada por todos esos sujetos, dudé, pero mis pasos comenzaron a apaciguarse para que él pudiese alcanzarme. Hasta que percibí su presencia y más aún cuando se colocó a mi costado, al parecer su cercanía me turbaba pero también los nervios me jugaban una mala pasada, ese grupo de canallas estaban allí a la espera.

—No camines tan rápido, eso delata tus nervios al pasar por aquí, y ellos lo notan. —Capturó con suavidad mi codo logrando que relaje mis pasos, me voltee hacia él observándolo algo intimidada y con gran desconcierto—guarda el gas pimienta en tu bolso, —su serenidad surtía una especie de efecto en mí ya que ni siquiera lo dudé e hice lo que me pidió—ahora, solo camina junto a mí…—me dijo con suma tranquilidad.

Pasamos y ocurrió la magia, me convertí en invisible, junto a su aspecto esbelto, su porte fuerte, su andar arrogante, ese mismo, que parecía venir incluido en él desde su nacimiento, ninguno de esos hombres se atrevió a sobrepasarse incluso parecían otras personas ¡no podía creerlo!




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