Érase una vez, Nosotros.

CAPÍTULO 10

CAPÍTULO 10

“Aunque nada los alejará, podemos ser héroes, solo por un día”

-Sebastián-

-Flashback-

Héroes- de David Bowie se reproducía en mis auriculares que ajusté sobre mis oídos para luego tirarme sobre mi cama.

La puerta de mi habitación se abrió de par en par, la figura imponente de mi padre parecía abarcarlo todo, me enderecé al verlo, tiró su casco a un costado, ese día llevaba la ropa de trabajo puesta, algo que jamás hacía, deslizó el pasamontañas negro que cubría su rostro dejando que vea su expresión descontrolada y ¿asustada?

Deslicé mis auriculares quitándomelos de los oídos casi en simultaneo mi padre me levantó de la cama jalándome por el brazo.

—¡Muévete rápido!

—Papá, ¿qué ocurre? —me tomó por la muñeca, su velocidad no se equiparaba a mis movimientos, corrimos atravesando nuestra inmensa casona, hasta llegar al sótano, era el lugar más ínfimo y recóndito de todo nuestro hogar.

Mi padre prácticamente me levantó en vilo ocultándome tras de él cerrando la puerta.

—¡¿Qué está pasando?! —grité, él asintió como si con aquello buscase serenarse para luego hacer algo que siempre correspondía a su trabajo. Una extraña calma lo invadió, mientras comenzaba a quitarse su chaleco antibalas.

—¿Cómo te fue en tu partido de baloncesto?

—¡A quién carajo le importaría algo así cuando…!—su mirada, con solo su mirada detuvo mi hablar.

—A mí. A mí siempre me importa—y con ello se quitó el chaleco colocándomelo, sentí el peso de aquello sobre mis hombros, por primera vez noté que por detrás de su chaleco llevaba cosida una pequeña fotografía de nosotros, con mis dedos la arrastre hacia mí. Era una fotografía del verano pasado, en la playa, sentados en la arena, mi padre junto a mi madre besándose, mis dos hermanos y yo unidos a ellos, nuestra felicidad era turbadora frente aquello desconocido que estaba ocurriéndonos—.Descubriste mi secreto—.Volvió a meter la fotografía dentro del chaleco ocultándola tras mi pecho—Los he llevado siempre conmigo—.Admitió con tristeza.

—Papá, ¡qué demonios…!—tapó mi boca.

—No levantes la voz, ¿entiendes? —de forma tonta quise líbrame de su agarre pero él me aprisionó sin la más mínima complicación contra el muro deteniendo cada uno de mis movimientos—.No puedes gritar. Deja de luchar—.Me ordenó, —¿Confías en tu padre? — asentí jadeando exhausto. ¡Claro que confiaba en él y con locura!

—Eso es…eso es…—quitó con cautela su mano de mi boca—tu tío vendrá, solo debes aguardar aquí dentro, no salgas por nada ¿me oyes, Sebastián? No salgas. Oigas lo que oigas: No salgas—.Se quitó una de sus armas de su cinturón, y me la entregó.

—Papá…papá…no…yo…no…—comencé a temblar, acarició mi cabello atrayéndome hacia él, me abrazó, besó mi frente una y otra vez intentando calmarme.

—Los amo con locura, sé que lo sabes, pero adoro…decirlo…—besó mi frente una última vez para luego colocar sus manos sobre mi rostro observándome directo a los ojos, mis manos de forma instintiva soltaron el arma para acariciar su rostro con desesperación—.Te amo hijo—jaló de mi cabeza aprisionándola, mi frente se acopló a la suya, resopló afligido, nunca había visto así de vulnerable a mi padre su mirada se humedeció, ¿iba a llorar?, rápidamente se compuso endureciendo su expresión una vez más irguiendo mi cuerpo con firmeza, obligando a que tome el arma.

—Eres muy bueno disparando, ¿recuerdas todo lo que te enseñé? —asentí de manera enfática— sabes que el centro —se tocó con un dedo el medio de su frente—es tu objetivo.

—Sí—acepté con docilidad.

—Eso es—tomé firme el arma entre mis manos—cuando salga de aquí, traba el cerrojo de la puerta, luego, debes alejarte de ella y replegarte lo más que puedas en absoluto silencio, sé sigiloso, —asentí nuevamente atónito frente a sus palabras—quiero que solo dispares si alguien que no sea yo o tu tío logra llegar hasta ti…solo ahí dispara, ¿comprendes?

Asentí sin miramientos.

Un sonido extraño se oyó a lo lejos, tanto mi padre como yo teníamos los sentidos demasiado agudos. Rápidamente tomo mis audífonos, de forma tétrica podía oír que la música aún seguía reproduciéndose, era su cantante favorito como así también el mío.

—¿Realmente podemos ser héroes? —cuestionó bajo un murmullo desconsolado observándome como si estuviese memorizando mi rostro, sonrió con desgano—quizás…sí. Te amo.

Y con ello se fue.

Esa noche, mi padre se suicidó.

Con el correr de los años me preparé e instruí, nunca más volví a hablar de aquello con Arthur y rechacé todo tipo de palabra con él, al punto que me olvidé de su existencia, enterrándolo en lo más profundo de mi ser. Me dediqué a formarme, mi familia no era cualquier familia poseíamos un nivel alto ante la sociedad debido a nuestro linaje heredado por nuestros ancestros. Mi madre, jueza, y mi padre como agente especial de las fuerzas de élite del FBI, mis hermanos ocupaban cargos políticos demasiado influyentes para mi gusto.

Mientras yo solo iba soportando a contracorriente la parte que sin desear me tocaba.




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