30 minutos.
¿Qué tanto tienen para hablar?
¿Por qué llevan 30 minutos en su oficina?
Me estrujo el cerebro con alguna excusa para plantarme en la oficina de Roberto e interrumpirlos, pero no se me ocurre nada; al menos nada que suene realmente importante como para ameritar una interrupción. Ya tengo firmados los documentos que necesitaba que revisara, el nuevo manuscrito de Julieta ya está en su escritorio desde temprano y no tiene ninguna cita pronto...
31 minutos ¡Mierda!
Pero, enserio 31 minutos hablando con esa morena insípida. Toda la jodida semana ha estado viniendo a meterse en su oficina a la hora de almorzar, una semana entera en la que Roberto no ha almorzado conmigo.
"Siempre comía contigo" Susurra una vocecita todavía más insípida en mi cabeza. "Ahora prefiere comer con su conquista de turno."
32 minutos.
En fin, otro día en la oficina.
Luego de esta pobre cristiana seguro vendrá a meterse otra. Si la memoria no me falla han sido como ocho o diez que han desfilado por la oficina en estos tres años que he estado trabajando en la Editorial.
Ahora es turno de la fulanita Andrea esa, creo que así se llama.
El rugido de mi tripa interrumpe el hilo de mis cavilaciones, me cercioro que ya son las doce y treintaicinco, al ver por quinimil vez el reloj en mi muñeca, ya tengo hambre y esta tal Andrea no se va.
Entonces, completamente decidida a invitar a mi mejor amigo a almorzar tomo mi celular y lo meto en mi bolso, no obstante cuando estoy por salir de la oficina cae un mensaje y la computadora pita en aviso. Siento la necesidad de checar quien es, así que deshago mis pasos, dejo mi bolso a un lado de mi escritorio y me siento de nuevo.
"¡Buenas días señorita Reyes!" Se lee en la primera línea del correo.
"Sería tan amable de agendarme una cita con el señor Hernández, lo más pronto posible. Necesito hablar sobre la asquerosidad de portada que le quieren poner a mi libro. De antemano muchas Gracias."
Los ojos se me abren como platos y la mandíbula se me cae al suelo al leer aquello. Me sorprende tanto que leo el correo una vez más y hasta una tercera vez.
"...asquerosidad de portada..."
—Sofi —sé que es él quien ha entrado a mi oficina aún sin volverlo a ver.
—A Calvin no le hizo gracia la portada de "Horas extras" —suelto sin ningún tipo de tacto y sin que realmente me importe averiguar por qué se ha metido a mi oficina mientras tecleo una respuesta al correo intentando agendarle una cita.
— ¿Le dijiste que el libro ya estaba listo para mandarse a imprimir?
— Si, cuando le mande el archivo junto con la portada que tendría.
— ¿Qué ha dicho?
Retiro un mechón de cabello, casi imaginario, mientras peino toda mi melena hacia atrás cuando le digo, con la mayor calma que puedo fingir—: Qué le ha parecido una asquerosidad y quiere reunirse contigo.
—Robert, ¿nos vamos ya?
¿Robert? ¡Pero qué mierda! La tal Andrea se mete a mi oficina y se guinda del brazo de Robert. Para acto siguiente ignorarme descaradamente, como si ni siquiera estuviera aquí.
—Amor se nos hace tarde.
La punzada de irritación que siento me atraviesa de lado a lado, no puedo evitar rodar los ojos al cielo, pero me obligo a parecer impasible mientras esté medio le sonríe y la toma por la cintura.
—Si espera —le pide a ella, y noto como esta se encrespa—. ¿Cuándo es la reunión? —Me dice a mí.
—Ay no, otra reunión no —chilla Andrea en medio de un puchero—. No me puedes volver a dejar botada.
"Por supuesto que te va a dejar botada." Una sonrisita malévola lucha por pintarse en mi rostro pero la reprimo.
Aprovecho que no he mandado el correo respuesta y cambio la fecha de mañana a las cuatro de la tarde para hoy a las cuatro de la tarde.
—Quiere reunirse lo más pronto posible, así que hoy...
—No —vuelve a interrumpirme la carajita insípida esta—. Hoy tiene una reunión conmigo —le dedica una sonrisa sugerente a Roberto pero este solo barajea los posibles, y bastantes catastróficos, escenarios con la situación de Calvin.
— ¿Hoy a qué horas, Sofí?
—A las tres —adelantó una hora la reunión solo para joderla otro poco. Entonces si envío el correo.
—Pero me dijiste que te ibas a tomar el resto del día libre.
—Si, Andrea, yo sé. Pero Calvin es el autor más grande que tengo... Con la velocidad que ese hombre y su esposa escriben, ellos solos nutren mi catálogo de novelas románticas.
—El sello de "Gatito Romántico" en la editorial depende de Calvin y Julieta —le explicó a Andrea como quien habla con un niño pequeño que no logra entender algo sencillo.
Esta entorna los ojos en mi dirección y la rabia le rebalsa por los poros—: Es increíble que siempre me canceles por ella.
—No estoy cancelandote preciosa, solo lo vamos a posponer para otro día —hace amago de zafarse de su agarre pero este la aprieta otro poquito—. ¿Qué tal si almorzamos juntos, aquí en la oficina?
Mi mandíbula se aprieta y requiere de todo mi esfuerzo concentrarme en mis asuntos en la computadora para no soltar ningún tipo de comentario mordaz hacia ellos.
"Prefiere almorzar con ella." Grita la vocecita en mi cabeza.
— ¡Claro! —Escupe a la defensiva—. Si quieres la invitamos a comer a esta también.
—Me llamo Sofía —medio gruño en respuesta al mismo tiempo me doy cuenta del agarre de Roberto aflojándose sobre su diminuta cintura.
—No me importa como te llames y deberías ubicarte —arqueo una ceja en su dirección entre lo aburrida y molesta, para de inmediato ignorarla.
—La que no se ubica eres tú, muchachita —suelto sin volverla a ver mientras sigo tecleando en la computadora.
—No creas que no me he dado cuenta... —chilla, grita... No sé, toda ella me parece desesperante—. Te tomas atribuciones que no te competen. Solo eres su puta secretaria.