Luego de desahogarme con Sofi me voy directo a mi casa, se me ocurre llamarle a Andrea para quedar en algo pero al final descarto la idea cuando la pereza hace mella en mi cuerpo.
Lo único que quiero es estar tirado, en el sillón frente al televisor o en la cama, pero estar tirado con el cerebro apagado y los sentidos embotados. No quiero seguirle dando más vueltas al asunto, lo más probable es que Calvin prefiera a Calíope por encima de Gatito Lector. Y hay poco o nada que yo pueda hacer para evitarlo.
"Viejo desagradecido."
La Editorial Caliope rechazó dos de sus novelas, mismas que mi editorial publicó y terminaron siendo un éxito, Calvin se convirtió en un autor promesa con esos lanzamientos y ahora está dispuesto a irse con quienes no creyeron en él.
Hasta la cabeza me duele de tanto martirizarme con aquello.
Al llegar a la casa veo a mi mamá sentada de espaldas a la entrada en la isla de la cocina, noto que está con los audífonos así que ni cuenta que he llegado se da. Con algunos pasos acortó la distancia entre los dos y estoy apunto de abrazarla por la espalda cuando noto lo que está haciendo y el dolor de cabeza se acentúa otro poco.
¡Maldita sea! Ya me esta brincando el puto ojo.
— ¿Por qué estás buscando apartamentos en alquiler? —Digo lo suficientemente alto como para que me escuche a través de lo que sea que esté oyendo.
Ella da un respingo en su lugar al tiempo que apaga el celular de golpe antes de quitarse los audífonos y volverse a mí.
— ¡Dios mío! Roberto me asustaste.
— ¿Enserio vas a seguir con lo mismo? Pensé que ya había quedado claro en la mañana mamá.
—Hijo...
—No, mamá. De veras no sé cuál es la necesidad de buscarte un lugar para que te mudes.
—Tienes casi 40 años y sigues viviendo con tu mamá, ¿en serio no te molesta?
—No me estorbas. Eres mi madre —añado solo para que le quede claro. Aburrido y cansado me deshago del saco y la corbata dejándolos en la isla de la cocina.
—Jamás has vivido solo Roberto —entonces mi cerebro comienza una marcha a máxima potencia, eso que dice es verdad pero jamás se me había pasado por la cabeza siquiera intentarlo—. ¿No quisieras tener tu propio espacio?
—Tengo mi propio espacio —refuto de golpe—. Tengo mi cuarto, voy y vengo a donde quiero y cuando quiero...
—Hijo, estoy hablando de tu privacidad. ¿No quisieras...?
—Sabes lo que sí me encantaría y en serio amaría... Que dejaras de estupideces mamá —hace amago de interrumpirme pero no se lo permito—. No necesitas mudarte del apartamento, si no te gusta buscamos otro, si ya no quieres un apartamento pues buscamos una casa, pero no voy a permitir que te vayas por algo tan estúpido como...
—Hijo los vi medio encuerados a los dos. ¡Por el amor de Dios! —Chilla desesperada—. Iban a tener sexo en la sala... En la condenada sala —siento que me está gritando pese a que su tono es normal y eso me hace sentir regañado—. ¿Cómo se te ocurre, Roberto? —Soy incapaz de sostenerle la mirada. Hasta la mancha que hay en uno de los sillones es más interesante que darle la cara a mi mamá—. Coger en la sala con tu amiguita, ¿enserio? En esos sillones me siento yo también.
—No hicimos nada —aseguró vehemente porque es cierto.
—Tú sólo en boxers y ella con las tetas al aire, ¿a eso le llamas hacer "nada"?
— ¡Ay, mamá!
— ¿Ay, qué?
—Lo siento, de verdad, pensé que no estabas...
—Amor, necesitas tu espacio y yo también.
—No mamá, no. Mira, de verdad, lo siento mucho... No fue mi intención incomodarte. Te juro que no se va a repetir.
Entonces la abrazo. Me fundo en sus brazos como si de un niño pequeño se tratase. Al principio ella se niega pero termina acunándome en su regazo.
—No creas que lo hago de buena gente solo procurando tu espacio.
— ¿También quieres espacio? —Me deshago un poco de su abrazo para verla a la cara.
—Tal vez un poquito.
—Pues no veo el problema con que traigas a tus amiguitos —arqueo una ceja sugerente, lo que me acredita un fuerte empujón que me manda lejos de ella—. Solo dime cuando para no venir ni de chiste al apartamento.
Niega con efusividad—: ¡Ay ya cállate, Roberto! —Ordena partida de la risa, lo que eventualmente me hace reír a mi también al notar su sonrojo—. ¿Te hago algo de cenar?
Me cambia totalmente el tema a lo que yo aprovecho a molestarla otro poco, no obstante me mira tan seria que desisto en medio de una carcajada.
—Seguiré buscando apartamentos —asegura poniéndose los audífonos.
— ¡Ey! —Es su turno de reírse en mi cara. Antes de decirle algo se los quito y se los dejo en el cuello—. Venía con toda la actitud de tirarme en el sillón y ver una película. ¿Quieres pizza? Pidamos una.
—No me voy a sentar en esos mugrosos sillones.
— ¡Carajo! Que Andrea y yo no hicimos nada.
—Que no me voy a sentar, dije.
— ¡Mamá!
—Que no, dije.
—Ush.
—Pide una pizza de piña y unas alitas de barbacoa.
—Bueno —digo de mala gana—. Pero tú invitas —entrecierra los ojos en mi dirección, lo cual me hace imposible frenar la carcajada—. Siéntate en el sillón y yo te invito.
—No te preocupes, yo te invito.
Entonces ambos nos partimos de la risa. Hago un pedido de una pizza gigante de piña, también le pido unas alitas a la barbacoa y para mí unas picantes. Obviamente pago yo la comida y aprovecho para molestar otro poco a mi mamá.
Quién se termina quedando dormida, luego de cenar, en el sillón sólo para callarme porque "mucho jodo" según sus palabras.
Es hasta que la veo profundamente dormida que le tomó el celular y lo desbloqueo sabiéndome el sencillo patrón de memoria. Busco por un rato hasta que localizo donde ha guardado la información de los apartamentos que le interesan.
Ha utilizado su propio chat de WhatsApp para enviarse toda la información pertinente. Vacilo un poco pero de todos modos lo hago.