Infame

18.

CAPÍTULO 18: EL CONTRATO DE LAS SOMBRAS

Mila POV

Isaac se ha ido, convencido de que su "huevos revueltos" han ganado la batalla por mi afecto. Pobre Isaac. No sabe que el desayuno es lo de menos cuando tienes un incendio en el vientre y un secreto que podría dinamitar los cimientos de esta mansión.

Me quedo mirando la mancha de café en la sábana. Es oscura, irregular. Parece una quemadura en el lino blanco, igual que Caleb es una quemadura en mi vida. Escucho un ruido en la puerta. No es Caleb. El paso es más ligero, más... calculado.

Erik entra sin llamar. Se apoya en el marco de la puerta, observándome con esa mirada de quien sabe exactamente cuánto pesas y cuánto vales en el mercado negro.

—Vaya, Dama Rosa. Tu "cuñado" ha salido del pasillo como si acabara de ver a un fantasma. O como si acabara de tocar uno —dice Erik, acercándose a la cama.

—No es asunto tuyo, Erik.

—Oh, lo es. Todo lo que ponga en riesgo mi "logística" es asunto mío. —Se sienta en la silla que Caleb ocupó hace unos minutos. El cambio de energía es brutal. Caleb era angustia; Erik es puro cinismo—. He estado abajo. Tu hermana Sofía está a punto de romperse. Solo necesité un par de frases sobre desabotonar camisas para que casi se desmayara en la mesa del comedor.

Me tenso. El asco me sube por la garganta. —Deja a Sofía en paz, no sabes lo despiadada que puede llegar a ser.

—¿Por qué? Ella también quiere jugar, Mila. Todos en esta casa quieren jugar, pero tú eres la única que tiene una bomba de tiempo dentro. —Baja la voz, inclinándose hacia mí—. ¿Cómo está el latido hoy?

Aprieto las sábanas. —Si alguien se entera, Erik...

—Nadie se enterará. Al menos no hasta que firmemos. Pero necesito que mantengas a Caleb lejos de tu cama. Su desesperación huele tan fuerte que Nora va a terminar rastreándola. Y mi hermana no tiene piedad con los activos defectuosos.

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Caleb POV

Me mojo la cara con agua fría una y otra vez. El espejo me devuelve la imagen de un hombre que desprecia. "Asfixiante". Le dije eso a Sofía y sé que la herida es profunda, pero no siento remordimiento. Solo siento una urgencia enferma de volver al cuarto de Mila y terminar lo que Isaac interrumpió.

Salgo del baño y me encuentro con mi suegra, Beatrice, en el pasillo. Su mirada es una hoja de afeitar.

—Caleb —dice ella, con esa voz que nunca tiembla—. Sofía está abajo organizando el desayuno con los Vance. Deberías estar con ella. Un hombre de tu posición no debería pasar la mañana en los establos... o en habitaciones que no le corresponden.

—Solo cumplía con mi deber familiar, Beatrice. Mila está enferma.

—Mila siempre ha estado enferma de atención, Caleb. No la alimentes. —Se acerca un paso, sus perlas chocando suavemente—. Esta boda es la única salida para ella. Y para tu tranquilidad. Asegúrate de que así sea.

Bajo las escaleras y entro en el comedor. La escena es una pesadilla de etiqueta. Nora Vance está sentada frente a una tableta, ignorando el café. Sofía está de pie, rígida, con las mejillas todavía encendidas. Y Erik... Erik me mira con una sonrisa que me dice que sabe exactamente qué hacía yo en la habitación de su prometida.

—Caleb —dice Nora sin levantar la vista—. Qué bien que te unes. Estábamos discutiendo la cláusula de fidelidad del contrato. Erik insiste en que sea... flexible. Yo insisto en que sea punitiva. ¿Cuál es tu opinión legal?

Miro a Sofía. Ella evita mi mirada, pero veo cómo sus dedos tiemblan sobre el respaldo de la silla. Luego miro a Erik.

—La fidelidad es una cuestión de honor, no de contratos, Nora —respondo, sentándome frente a ella.

—El honor no se puede embargar, Caleb —sentencia Nora, clavando sus ojos de acero en los míos—. El patrimonio, sí. Si Mila vuelve a causar un escándalo después de la boda, los Blackwood perderán el acceso a los fondos de inversión de los Vance. Es una cláusula de "buen comportamiento".

—Estás comprando a mi hermana —dice Isaac, entrando en el comedor, su alegría de hace un rato evaporada.

—Estoy asegurando mi inversión —corrige Nora—. Sofía está de acuerdo. ¿Verdad, querida?

Sofía asiente mecánicamente. —Es lo mejor para todos. Mila necesita estructura.

Siento una náusea violenta. Miro a este grupo de personas decidiendo el destino de Mila como si fuera una yegua de carreras. Y lo peor es que yo soy el que tiene que redactar el documento que la entregará a un hombre que la mira como un juguete roto.

—Redactaré los términos —digo, mi voz saliendo como un eco desde el fondo de un pozo—. Pero quiero privacidad con el cliente. Hablaré con Mila a solas para que entienda lo que va a firmar.

___

Mila POV

El dolor ha remitido a una punzada sorda, pero el vacío en mi estómago sigue ahí. Me levanto de la cama ignorando las órdenes de reposo. No voy a permitir que decidan mi vida mientras estoy tumbada entre sábanas manchadas de café y mentiras. Me pongo un vestido de seda blanco, fluido, que no aprieta nada pero que me hace sentir como si llevara una armadura.

Cuando entro en el comedor, el silencio se vuelve denso, casi sólido. Todos están ahí. Mi madre con sus perlas, Sofía con su rigidez de cristal, Nora con su eficiencia quirúrgica y Caleb... Caleb con los nudillos destrozados y la mirada perdida en su taza.

Erik es el único que sonríe. Se levanta y me ofrece la silla a su lado con una galantería exagerada que sé que es solo para molestar a Caleb.

—La novia ha resucitado —dice Erik, y sus ojos brillan con esa diversión maníaca que tanto me irrita y me alivia a la vez—. Te ves radiante para ser alguien que anoche quería mudarse a una camilla de urgencias.

—Mila, deberías estar descansando —dice Isaac, preocupado.

—He descansado suficiente, Isaac. Quiero ver qué es lo que tanto firman.

Nora desliza la tableta hacia el centro de la mesa. Sus ojos azul acero me diseccionan. —Es un acuerdo de salvaguarda, Mila. Tu entrada en la familia Vance viene con condiciones. Si hay escándalos, si hay recaídas, los Blackwood pierden su participación en el fondo de inversión. Básicamente, tu buen comportamiento es el aval de la fortuna de tu padre.




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