Infame

22.

Capítulo 22

POV: Isaac

Mila se siente pequeña entre mis brazos, como un pájaro herido que intenta recordar cómo se usan las alas. No me gusta la forma en que Caleb la soltó, ni el brillo de triunfo en los ojos de Erik Vance mientras bailaba con Sofía. Hay un hedor a podrido bajo todo este perfume y champán caro.

—Respira, Mila —le susurro, moviéndonos apenas—. Ya pasó lo peor.

—Lo peor acaba de empezar, Isaac —me contesta ella, y sus ojos, al abrirse, están llenos de un vacío que me hiela la sangre.

Cuando la música se detiene, la devuelvo al lado de su ahora esposo. Erik la recibe con una mano posesiva, rodeándole la cintura como quien sujeta un trofeo. Sofía, por su parte, camina hacia la barra para recuperar a Caleb, quien parece haberse convertido en parte del mobiliario de mármol.

Camino hacia mi mesa, intentando mantener la fachada de orgullo de los Blackwood. Me siento al lado de Nora Vance. Ella es la versión femenina de Erik, pero con una elegancia que parece más afilada, más consciente del peso de su apellido. Observa la escena con una copa de cristal tallado entre los dedos, sin perder detalle del espectáculo.

—Tu cuñado bebe demasiado, Isaac —dice Nora, su voz es suave pero tiene el filo de una navaja—. ¿Tiene problemas de alcoholismo?

Miro hacia la barra. Caleb está empinando un vaso de whisky con una desesperación que raya en lo patético. Sofía está a su lado, rígida, vigilante, fingiendo que todo está bajo control mientras el hombre con el que se casó se desmorona a la vista de todos.

—No es fácil para nuestra familia entregar a Mila —contesto, forzando una sonrisa de cortesía. Mi voz suena sólida, defendiendo el honor que nos queda—. Los cambios de esta magnitud suelen afectar los nervios, Nora. Caleb solo está... celebrando a su manera.

—Celebra como un hombre despechado, no como un cuñado alegre —sentencia ella, clavando sus ojos en los míos—. Hay un caos muy poco elegante en esa esquina del salón. Y mi hermano no es alguien que tolere el caos ajeno durante mucho tiempo.

Miro a Caleb otra vez. Somos amigos desde la infancia, compartimos secretos que enterraríamos con nosotros, pero lo que veo ahora me hace dudar. Su postura, la forma en que sus ojos buscan a Mila entre la multitud incluso mientras Sofía le habla... no es la de un hombre estresado por una boda familiar. Es la de un hombre que acaba de ver cómo su mundo se quema y no tiene agua para apagarlo.

—Caleb es un pilar para nosotros —digo, más para convencerme a mí mismo que a ella—. Sofía sabe cómo manejarlo.

—Sofía parece una carcelera, no una esposa —responde Nora, bebiendo el último sorbo de su copa—. Ten cuidado, Isaac. En este condado, las familias se hunden por lo que se calla, no por lo que se dice.

Apreto los puños bajo la mesa. Mi lealtad a Caleb está empezando a chocar contra mi instinto de hermano. Si mi mejor amigo está poniendo en riesgo la reputación de mis hermanas —o peor, si está sintiendo algo que no debería por la mujer que acaba de entregar a los Vance—, el "honor de la familia" será lo último que me preocupe proteger.

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POV Sofía

El cristal de la copa de Caleb tintinea contra sus dientes. Lo agarro del brazo, no con cariño, sino para evitar que se tambalee frente al alcalde, que está a escasos metros.

—Basta, Caleb —le siseo al oído, manteniendo la sonrisa para los invitados que nos miran—. Nos vamos ahora mismo.

—Déjame, Sofía —arrastra las palabras, su aliento a whisky es un insulto a mi vestido de seda—. Solo... un trago más. Por la novia.

—La novia ya no te pertenece. Nunca lo hizo —le devuelvo, y la frialdad en mi voz parece cortarle la neblina del alcohol por un segundo—. Erik nos está mirando. Isaac nos está mirando. ¿Quieres que mañana el titular sea cómo el abogado estrella de los Blackwood se perdió en el fondo de una botella porque no supo aceptar su lugar?

Él me mira, y hay un odio tan puro en sus ojos que casi me hace retroceder. Pero yo soy una Blackwood, y en esta casa, el orden se mantiene a cualquier precio.

—Vámonos —le ordeno, tirando de él—. Haz el papel de esposo impecable una última vez. Por el bien de lo que sea que crees que estás protegiendo.

Caleb deja el vaso con una brusquedad que casi rompe el mármol y camina hacia la salida. Yo lo sigo, sintiendo los ojos de Nora y de Isaac en mi espalda. La boda ha terminado, el sacrificio se ha consumado, pero mientras cruzo el umbral de la mano de un hombre que me desprecia, entiendo que Erik tenía razón: ahora soy libre. Libre del engaño de que este hombre alguna vez me amó.

Y con esa libertad, voy a quemar cada recuerdo que lo una a mi hermana.

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POV Mila

Veo a Caleb cruzar el umbral de la mano de Sofía. Sus hombros están caídos, y esa forma en la que ella lo sujeta... no es apoyo, es una cadena. Siento un tirón en el centro del pecho, como si un hilo invisible se estuviera tensando hasta cortarme la carne.

Una lágrima, traicionera y caliente, se escapa de mi ojo derecho y resbala por mi mejilla, quemando el maquillaje que debería hacerme lucir feliz.

Antes de que llegue a mi barbilla, unos dedos fríos y largos la interceptan. Erik.

Me obliga a mirarlo. Su rostro está a centímetros del mío, y por un segundo, la máscara del "coleccionista" cae para dejar ver una curiosidad genuina, casi perversa.

—¿Por qué dejaron que lo de ustedes llegara a este punto, Mila? —me susurra, y su voz es una caricia de seda sobre una herida abierta—. Claramente se desean. Es patético observarlos.

Trago el nudo de hiel que tengo en la garganta. El peso del anillo me recuerda quién soy ahora.

—No era la Blackwood indicada, Erik —respondo, y mi voz suena a cristal roto—. Sofía es la perfección. Yo solo soy... el error.

Erik suelta una risa corta, una exhalación de aire que golpea mis labios.




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