Infame

25.

CAPÍTULO 25: EL BESO Y LA SENTENCIA

POV: Caleb

"Bésame y manda todo a la mierda, Caleb".
Es el reto final. El abismo abriéndose bajo mis pies. Miro a Mila y ya no veo a la niña que jugaba conmigo en los campos de los Blackwood; veo a una mujer que ha sido empujada al límite. Si no la beso ahora, si no la reclamo frente a este monstruo y frente al mundo, la habré perdido para siempre. Me habré confirmado como el cobarde que ella cree que soy.
Mando todo a la mierda.
Doy el paso. La tomo por la nuca con una urgencia que me quema los dedos y la atraigo hacia mí. Cuando mis labios chocan con los suyos, el primer "te amo" público de mi vida se sella sin necesidad de palabras. Es un beso desesperado, como todos los que nos hemos dados, cargado de años de silencio y de la rabia de haberla entregado ayer. Por un segundo eterno, siento que ella me corresponde. Siento su aliento mezclarse con el mío y el calor de su cuerpo rindiéndose al contacto. Es la victoria más amarga de mi vida.
Pero la victoria dura lo que un parpadeo.

****
POV: Mila

Sus labios saben a la vida que me robaron. Durante un latido, le correspondo con toda la fuerza de mi alma rota, dejando que el mundo desaparezca. Pero entonces, el recuerdo de la bofetada de Sofía me quema la mejilla. El recuerdo del mensaje de desprecio, me quema el orgullo.
Me separo de él con un movimiento brusco. Antes de que pueda decir una palabra, levanto mi mano y descargo toda mi furia en su rostro.
El sonido de la bofetada resuena en la entrada de mármol de los Vance como un latigazo.
—¿Ahora? —le siseo, con los ojos inyectados en llanto y rabia—. ¿Ahora que tengo su anillo en el dedo te atreves a decirme que me amas frente a su casa? ¡Llegas tarde, Caleb! ¡Llegas una vida tarde!
Caleb se queda congelado, con la marca de mis dedos roja sobre su piel pálida, mirándome como si le hubiera arrancado el aire de los pulmones.
En ese momento, la puerta principal se abre de par en par con una violencia ensordecedora. Nora Vance aparece en el umbral. Su rostro es la viva imagen del horror.
—¡¿PERO QUÉ MIERDA ESTÁ PASANDO AQUÍ?! —brama Nora, bajando los escalones como una ejecución en marcha—. ¡¿Caleb Blackwood, te has vuelto completamente loco?! ¡¿Besas a mi cuñada en mi propia casa?!
Erik, que ha estado observando todo con una calma exasperante, suelta una carcajada seca. Se separa de la columna y camina hacia Caleb, deteniéndose a solo unos centímetros, con una sonrisa triunfal.
—Vaya, vaya… —dice Erik, ignorando la furia de su hermana—. Despertaste tarde, cuñado. Pero te daré un crédito: por fin dejaste de ser un cobarde. Lástima que tomaste la peor decisión de tu vida.
Erik rodea mis hombros con su brazo, reclamándome de nuevo.
—Ahora, asume las consecuencias con Nora —continúa Erik—. Porque nosotros nos vamos de luna de miel.
Erik me da la vuelta con firmeza, obligándome a caminar hacia el interior del auto. Dejo a Caleb atrás, siendo devorado por la mirada gélida de Nora.

****

POV: Caleb

El ardor de la bofetada de Mila todavía vibra en mi mandíbula, pero el dolor físico es un alivio comparado con el vacío de verla alejarse hacia el auto de Erik. He gritado mi verdad al mundo y el mundo me ha respondido con un golpe y un portazo.
Nora se planta frente a mí, su respiración es un silbido de pura rabia. Sus ojos azules escanean mi rostro, buscando la debilidad que cree que todos los que no llevan el apellido Vance poseen.
—¿Eres consciente de lo que acabas de hacer, Blackwood? —sisea Nora, su voz cargada de una amenaza que ya no me alcanza—. Acabas de suicidarte. Mañana mismo me encargaré de que el consejo de administración te expulse. Voy a hundir tu nombre y me aseguraré de que los Blackwood pierdan hasta el último contrato que tienen con nosotros. ¡Voy a destruirte!
La miro fijamente. No parpadeo. Me enderezo, ajustándome los puños de la camisa con una parsimonia que la saca de sus casillas. Ya no soy el chico que buscaba aprobación; soy el hombre que maneja los hilos de la familia más rica del condado, y ella parece haberlo olvidado. Suelto una carcajada seca, cargada de desprecio.
—Haz lo que te dé la gana, Nora —le digo, y mi voz suena con la autoridad de quien sabe que tiene tanto poder como ella—. Me vale mierda.
—¿Cómo te atreves...?
—¡Me vale mierda tu consejo de administración y me valen mierda tus contratos! —le corto, dando un paso hacia ella e invadiendo su espacio personal—. ¿Crees que me asustas? ¿A mí? Soy la cabeza de los Blackwood, Nora. Si tú decides romper con nosotros, yo decidiré qué secretos de los Vance salen a la luz en la próxima junta. Tú cuidas tu "imagen" de porcelana, pero yo sé qué hay debajo del esmalte.
Me acerco más, hasta que mi aliento roza su cara perfecta.
—Llama a la prensa, Nora. Haz la conferencia. Pon mi cara en todos los periódicos si eso te ayuda a dormir. Pero mientras tú juegas a las damas, yo acabo de incendiar el tablero. Así que adelante... lánzame a los lobos. Ya no me queda nada que puedas quitarme porque yo mismo he decidido que nada de esto vale la pena sin ella.
Nora se queda muda, con la boca entreabierta. Su shock se transforma en una mueca de asco profundo.
—Eres un demente, Caleb. Pero no te preocupes, no voy a ser yo quien termine contigo. Sofía va a saber esto ahora mismo. Y ella no va a permitir que arruines el imperio que tanto le costó construir.
—Díselo —le respondo, dándole la espalda mientras camino hacia mi auto—. Dile a mi esposa que Caleb Blackwood por fin despertó. Y que si el precio de amar a Mila es ver cómo este maldito condado se quema hasta los cimientos, estoy listo para ser el que sostenga la antorcha.
Subo al coche y arranco con un chirrido de neumáticos, dejando a Nora sola en su jardín, rodeada de una opulencia que ahora se siente como una cárcel vacía. Voy camino a casa, no para pedir perdón a Sofía, sino para terminar de demoler la vida de mentiras que compartimos.




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