Infame

29

Capitulo 29.

POV: SOFÍA

—¡Bianca, ven aquí! —mi voz sale más aguda de lo que pretendía, rompiendo el hechizo de los niños—. No es momento de juegos. Hay que prepararse para la cena.

Alexander no se inmuta. Bianca, mi pequeña estatua de hielo, me mira con una rebeldía que me hiela la sangre. Siento el peso del secreto que llevo en las entrañas desde hace cuatro años.

—Yo creo que deberían jugar —la voz de Erik Vance se desliza por mi nuca como una serpiente. Se acerca, invadiendo mi espacio, y su aliento huele a victoria—. Son niños, Sofía. Tienen que conocerse. Después de todo, el pasado siempre encuentra la forma de entrelazarse, ¿no crees? Especialmente lo que ocurrió en... ciertos graneros.

Me quedo sin aire. Erik me mira con una fijeza letal. Él sabe que Bianca es el fruto de nuestra noche salvaje. Si hablo, si me opongo, él lo dirá. Y mi mundo de porcelana estallará.

—Tal vez... —trago saliva, sintiendo el sudor frío en mis sienes— tengas razón.

—Hagamos algo mejor —sugiere Erik, con una sonrisa perversa—. Seamos sus recreadores. Mila, Caleb e Isaac pueden quedarse aquí discutiendo los detalles de la cena. Nosotros los llevaremos al jardín. Una pequeña expedición antes de que caiga la noche.

—Erik, no es necesario que ella... —interrumpe Mila, pero Erik la silencia con una mirada.

—Sofía lo desea, ¿verdad? —Erik me clava sus ojos—. De hecho, ella va a proponer el juego. Y mientras nosotros estamos fuera, Isaac se encargará de organizar la recepción. Él siempre ha querido tener más peso en la familia, ¿no es así?

Mi corazón late desbocado. Ceder el control de mi cena, de mi casa, de mi protocolo... es mi muerte social. Pero el miedo a su boca es mayor.

—Isaac —digo, con la voz temblorosa—, ocúpate tú. Delega en el servicio. Yo... iré al jardín con Erik y los niños.

Isaac me mira como si me hubiera vuelto loca. Caleb y Mila se tensan. Nunca, en toda mi vida, he soltado las riendas de un evento. Al hacerlo, acabo de confesar que Erik Vance me tiene el cuello bajo su bota.

********

POV: MILA

Veo a Alexander dar un paso hacia Bianca. Veo a mi hijo, el heredero que protegí con garras y dientes en Italia, a punto de mezclarse con la estirpe de la mujer que me destruyó. El instinto me golpea como un latigazo. No voy a permitirlo.

Me lanzo hacia adelante, decidida a cruzar el vestíbulo y arrancar a Alexander de ese juego antes de que empiece, pero no llego a la puerta.

Unas manos grandes y firmes me interceptan. Un agarre de hierro rodea mi antebrazo, frenándome en seco con una fuerza que me obliga a girar sobre mis talones. El calor de su piel atraviesa la tela de mi abrigo, quemándome como si estuviéramos de nuevo en aquel granero, bajo la lluvia.

Caleb.

—¡Suéltame! —siseo, forcejeando. Mi voz es un susurro violento que rebota en las paredes de mármol.

Alexander, Bianca, Sofía y Erik ya han cruzado al jardín. Las pesadas puertas de cristal y roble se han cerrado tras ellos, aislándonos en el silencio sepulcral de la mansión. Ellos no escuchan nada. No saben que aquí dentro, el aire se ha vuelto inflamable.

Caleb no afloja el agarre. Sus ojos, esos ojos Hazel que Alexander ha heredado con una precisión cruel, me recorren el rostro con una mezcla de agonía y una furia contenida que me corta la respiración.

—Alexander no va a jugar con esa niña —digo entre dientes, clavándole la mirada—. No voy a permitir que respiren el mismo aire.

—Esa niña tiene nombre, Mila —responde Caleb. Su voz es profunda, rota, cargada de un cansancio que parece haberle envejecido diez años en un segundo—. Y Bianca no es culpable de nada de esto. Déjalos.

—¿Pero no estoy entendiendo qué está pasando exactamente? —la voz de Isaac corta la tensión. Mi hermano nos observa desde el centro del salón, con el rostro desencajado por la confusión. Mira mi brazo atrapado, mira la palidez de Caleb, y su desconcierto empieza a transformarse en algo más oscuro—. ¿Por qué se tratan así? ¿Por qué esta agresividad nada más cruzar la puerta?

Caleb abre la boca, su pecho sube y baja con una respiración errática. Por un momento, creo que va a soltarlo todo. Que va a confesarle a Isaac que el mundo que él cree perfecto está podrido desde la raíz.

—Lo que está pasando es que... —empieza Caleb, con la voz temblorosa.

—Lo que está pasando —le interrumpo, elevando el tono para silenciarlo— es que Sofía rechazó antes a mi hijo, y yo estoy actuando como una tonta al ponerme a su nivel. Caleb tiene razón. Bianca no tiene la culpa de las guerras entre Sofía y yo.

Caleb me suelta el brazo lentamente, pero no se aleja. El espacio entre nosotros vibra con un deseo que se confunde con el odio. Puedo oler su perfume, ese aroma a madera y cuero que solía ser mi hogar y que ahora es mi sentencia.

Isaac se pasa las manos por la cara, desesperado.

—Dios, ¿cuándo van a parar? —suelta un suspiro quebrado—. Llevan toda la vida peleándose... Son hermanas. Somos familia los cuatro, ¿recuerdan? Sangre de la misma sangre.

—No soy un Blackwood —suelta Caleb con un amargor que me hiela la sangre—. Mi sangre es Thorne, aunque haya renunciado a mi apellido por este imperio de cenizas.

—¡Me importa una mierda el apellido! —estalla Isaac, dando un paso hacia nosotros—. Quiero que paren. No sé qué pasó entre ustedes en Redford, ni sé qué demonios pasa entre Sofía y tú ahora mismo que la hace ceder el control de esta casa a un Vance. Pero hicimos un pacto. Los cuatro. Con sangre. ¿Lo olvidaron?

Miro a Caleb. Él me sostiene la mirada, y por un segundo, la mansión desaparece. La frialdad de los Cotswolds se disuelve y el olor a salitre de un verano lejano me golpea la memoria.

FLASHBACK: VERANO EN LA COSTA (HACE 11 AÑOS)

El fuego de la hoguera chisporroteaba contra el viento de Dorset. Yo tenía 13 años y miraba a los tres adolescentes frente a mí como si fueran dioses. Isaac y Caleb, a sus 16, ya proyectaban las sombras de los hombres en los que se convertirían. Sofía, con 15, mantenía su vestido impecable incluso en la arena.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.