La asistente del Griego

Prólogo

—¡Está hermoso! —exclama la espectacular mujer, llevándose ambas manos a la boca, evidentemente emocionada.

Bastián, sonrié con suficiencia, como si él tuviera algo que ver con eso, cuando en realidad no fue así.

—Desde que lo vi, supe que era el indicado —dice, el muy descarado.

—¡Está divino! —agrega ella, mientras mira el anillo de compromiso que Bastián acaba de colocar en su dedo anular y con el que acaban de sellar su compromiso. El mismo anillo de compromiso que yo escogí, porque él no es un hombre que esté dispuesto a perder su tiempo en algo como eso.

La veo colgarse de su cuello y besarlo frente a todos los presentes. Los aplausos no se hacen esperar, ni tampoco, las felicitaciones para la feliz pareja.

Desde donde estoy, miro la escena con dolor. No es fácil ver cómo el amor de tu vida, besa a otra mujer frente a tus ojos.

Bebo el contenido de mi copa, de un solo trago. Tal vez el alcohol pueda calmar el dolor que se anida en mi pecho.

Duele, duele verlo con otra, pero más duele saber que para él, yo no existo. Al menos no, como mujer.

Tal vez ya sea tiempo de marcharse y dejar de vivir sonando, con algoq ue nunca ocurrirá.




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