La asistente del Griego

Capítulo 4 "'La cena"

Bastián

El reencuentro con Maelis, fue justo como lo imaginé. Sexo duro, exigente, salvaje del tipo que nos gusta.

No aspiro a que ella me sea fiel, mientras estamos distanciados. Yo mismo no lo soy, ni creo poder serlo, pese a que nos casemos.

Agotado, me dejo caer a su lado en la cama. Nuestros cuerpos desnudos, brillosos por el sudor del último encuentro, se rozan.

—Eso estuvo excelente —expresa ella, aún con la respiración agitada.

—Confirmo —digo, entre risas.

Maelis se gira, para quedar de frente a mí, ambos recostados en la cama. Es hermosa, claro que lo es. Su cabello rubio, sus facciones delicadas, sus ojos verdes esmeralda y sus labios carnosos, que invitan a devorarlos.

—Te extrañé —expresa ella y yo me veo obligado a mentir, al responder lo mismo.

—Igual yo —dije, mirando hacia el techo, en ese preciso momento.

Maelis, se pega a mí y entrelaza sus piernas a mi cuerpo. Debo confesar que no soy del tipo que se queda acurrucado después de sexo. Soy más bien de los que se levantan, se visten y se van cuando ya se siente saciado, pero… supongo que debo irme acostumbrando a esto.

—Si no nos alistamos ya, llegaremos tarde a la cena en casa de tu madre.

—Creo que mi madre debe tener claro, lo que estábamos haciendo.

Maelis rió de forma genuina, antes de ponerse de pie para caminar desnuda hacia el baño.

—¿Vienes? —Pregunta, en un tono coqueto.

—Si voy contigo, jamás llegaremos a esa cena —vuelvo a mentir; simplemente, por ahora, no me apetece repetir.

Espero que Maelis salga del baño y de inmediato, entro yo. En medio de una conversación sin importancia, nos vestimos para luego salir rumbo a casa de mi madre.

—Estás más hermosa que nunca —dice mi madre, al ver a Maelis.

—Gracias Isa—responde ella, mientras la abraza.

—Bienvenida, hija —dice mi padre, en un tono cariñoso.

—Gracias, Marco —dice, con una deslumbrante sonrisa.

Maelis, se gira hacia dónde está mi hermana y la saluda de lejos.

—Selene.

—Hola —responde ella, no hay efusividad de parte de ninguna de las dos, solo la cordialidad necesaria.

Por alguna razón, ellas dos solo se soportan y eso, es evidente.

—Hermanito —expresa Selene, mientras se acerca a mí, para abrazarme.

La recibo gustoso y la levanto para girarla. La risa cálida de Selene, inunda el lugar mientras que nuestros padres nos miran, con cariño.

—Pasemos al comedor —anuncia mamá y de inmediato todos la seguimos.

La mesa está elegantemente vestida, tal como le gusta a mi madre. Mi padre toma su lugar en la cabecera de la misma y a su lado lo hace mi madre. Maelis, se sienta junto a mí y frente a nosotros lo hace Selene.

—¿Y que tal la universidad, pequeña? —pregunto, mirando a mi hermana.

—Muy bien, de hecho iba a pedirte ayuda con un tema de administración. Pero bueno, sé que estás un poco ocupado —agrega, ella.

—Solo me dices, para cuando necesitas mi ayuda y nos ponemos de acuerdo —respondí.

—Vale, luego hablamos.

Las chicas del servicio, sirven la cena y mientras tanto, conversamos de los últimos preparativos de la fiesta de mamá, que por lo visto será el acontecimiento del año.

—Wao, todo suena espectacular —interviene Maelis, fascinada por todo lo que narra mamá.

—Justo así quiero que sea, espectacular —Agrega, mamá.

—Mi esposa ha estado al pendiente de cada detalle, para que todo sea perfecto —responde, mi padre.

—Así es. Me recomendaron algunos organizadores de eventos peo ninguno me convenció. Digamos que quise tomar esto, como un ensayo para lo que viene —responde, mamá.

—¿A qué te refieres cariño? Cuestiona mi padre y yo, ya me imagino el rumbo que tomará la conversación.

—¿Pues a que más? a la boda de Maelis y Bastián, que será la firsta del siglo —responde mi madre emocionada —Supongo que ya, han elegido la fecha.

Continúo comiendo, como si no estuvieran hablando de algo que me incumbe. Conozco las estrategias de mi madre y este es un tema, que solo nos compete a Maelis y a mí.

—No, no hemos hablado de ello —responde Maelis, al ver que yo estoy completamente ajeno a la conversación.

—Bastián… —dice mamá, mirándome.

Frunzo el ceño y luego de una pausa, algo larga que incomodó a mi madre, finalmente decido hablar.

—Ya escuchaste a Maelis, no hemos hablado del tema.

La forma en la que digo aquello, deja claro que no hay lugar a discusiones, mucho a menos a alegatos. Es el tipo de tono que uso, cuando quiero cerrar negociones y acuerdos millonarios.

Selene, sonrié por lo bajo mientras que mi padre me mira fijamente. Estoy seguro de que luego, él y yo tendremos una conversación de esas que él llama: “De hombre a hombre”, pero en este momento le agradezco, que guarde silencio.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.