Gismara
Estoy atrasada, se supone que hace media hora debía estar en el hotel donde será el evento de la señora Papadimitriou, pero como el mundo conspira en mi contra, aquí estoy en un tranque a casi dos cuadras del lugar.
En su último mensaje, me pidió que no me preocupara por la vestimenta y sinceramente le agradezco, llevaba días pensando en qué iba ponerme para estar presente en un lujoso evento como este. Y en efecto, aunque tal dijo mi jefe, yo no soy una invitada, sí me va a corresponder recibir a los invitados, así que al menos debo verme presentable.
Si bien es cierto que podía encontrar en mi armario algo presentable, estoy segura de que cualquiera de mis mejores atuendos hubiera palidecido ante el lujo de los asistentes a esta cena.
Por otro lado, si la anfitriona escoge mi atuendo, no debo preocuparme por si es el apropiado.
Finalmente llego al Hampton. Me dirijo al salón de eventos y busco a la persona encargada por parte del hotel, que debe darme la llave de mi habitación y ponerme al tanto de algunos detalles que la señora Papadimitriou no tuvo tiempo de darme, porque hoy tenía un día de spa, demasiado ajetreado.
Rodeé los ojos, al recordarla decir aquello en ese tono dramático, ya que estaba demasiado abrumada con los horarios de spa, maquillaje y demás.
—Ojalá mis problemas, fueran de ese tipo —dije, en voz alta, mientras avanzaba hacia el salón donde se llevaría a cabo la fiesta.
Cuando entré al sitio me quedé de una pieza. Todo el lugar estaba tan hermosamente decorado, que no pude evitar detenerme, para mirar todo con cuidado.
Las flores, los manteles, los centros de mesa, los forros de las sillas, los candelabros. Todo, absolutamente todo, estaba exquisitamente combinado.
En este lugar todo gritaba lujo, elegancia y dinero.
¿Qué rayos hacía alguien como yo, aquí?
Ni en mis más locos sueños me hubiese imaginado, estar presente en una fiesta como esta. Y si, no se me olvidaba que no era una invitada, pero… al menos comería y bebería tal como lo harían ellos o al menos eso esperaba.
—¿Es usted la señorita Dalton? —pregunta una mujer, en tono amable.
—Sí —respondí, saliendo de mi ensimismamiento.
—La estaba esperando para darle las instrucciones finales y entregarle las llaves de su habitación.
—Disculpe, pero el tráfico estaba muy pesado.
—Descuide, tenemos tiempo de sobra. Por favor, acompáñeme.
La seguí a una mesa cercana, donde nos sentamos. La mujer con una paciencia increíble me facilitó, la agenda de la reunión y la lista de invitados.
—Usted será la encargada de supervisar que los invitados estén en sus lugares asignados y se encuentren bien atendidos. Eso significa, que el personal del hotel, responderá a sus órdenes.
—Entendido —respondí.
—La señora Papadimitriou, ha elogiado mucho su trabajo como organizadora.
—Espero no decepcionarla, esta noche.
—Estoy segura de que no lo hará —respondió, la mujer. —Esta es la llave de su suite. La anfitriona escogió su vestuario para esta noche. Lo encontrará en su habitación. Debemos estar listos, quince minutos antes del inicio del evento.
—Está bien —dije mirando mi reloj.
—¿Alguna pregunta?
—No, ninguna, gracias.
—Bien, entonces nos vemos aquí, en un cuarto para las siete.
—Perfecto.
Tomé la tarjeta de la suite y la Tablet, que me facilitó la amable mujer y avancé hasta el elevador.
Hice una nota mental, para agradecerle a la señora Papadimitriou, por la suite. No era necesaria, pero me facilitará, el arreglarme y poder estar a tiempo.
Marqué el piso, en donde se encontraba la habitación que me asignaron. La puerta del elevador se abrió justo, frente a la puerta de la suite doscientos.
Entré a la misma y de inmediato coloqué mi pequeño bolso, sobre un mueble ubicado junto a la puerta de la habitación.
Miré el sitio con detenimiento. Era un lugar cómodo y precioso. La vista de la habitación me dejó fascinada, la vista de New York, se erguía imponente frente a mis ojos.
Tenía el tiempo justo para revisar la lista de invitados, la ubicación de estos en la misma, revisar, la agenda del evento y vestirme para estar a la hora indicada en el salón.
Me metí en el trabajo, quería que todo estuviera perfecto. La señora Papadimitriou, confiaba en mí y yo, no quería defraudarla.
Una hora después, ya tenía todo organizado, por lo que decidí tomar mi tiempo para empezar a arreglarme.
Justo en ese momento recordé, que todavía no tenía claro que iba a ponerme para el evento, por lo que avancé hasta el armario, con la esperanza de encontrar mi ropa allí.
Lo que vieron mis ojos, me dejó de una pieza. Colgado dentro del armario, se encontraba un vestido de color negro, con un diseño asimétrico que deja un hombro al descubierto. La caída del vestido es de corte amplio, pero rompe la holgura del mismo al tener una abertura, que permite mostrar la pierna al andar. El vestido es precioso y elegante, sin ser ostentoso.