La Leyenda del Elemental

Empaquetado desde América

Es la primera vez que piso Japón en años, estoy asustado. Vine aquí a relajarme y disfrutar de nuestro triunfo, ganamos la guerra y soy un héroe aclamado, tengo mi propia estatua en mi honor allá en Racyn City. Pero no estoy en esa ciudad, estoy en Japón y es muy diferente, no salvé ninguna vida aquí y ser un contingente no me hace especial, solo soy un ciudadano promedio por tecnicismos. Sena me dijo que ella y el Tío Shingo me esperarían en el aeropuerto Haneda, es el más cercano a Shibuya, mi hogar por un mes o dos, supongo que lo decidiré en el proceso. Me merezco ese descanso, he hecho mucho, solo que no me gusta tener que ocultarlo, el pueblo japonés ve muy mal presumir y aún más si hablamos de hacerte el héroe.

Tengo una vaga idea del japonés, Sena me dijo que no me preocupara porque sería mi traductora, solo tengo las líneas necesarias para sobrevivir en un viaje semanal, soy el peor nikkeijin de Racyn City y más considerando que mis padres son de Japón, el único amigo que está en mi situación sí sabía el idioma de su país perfectamente, lo veía conversar sin problemas pensando que yo sería igual y practicar en el avión no ayudó en nada. No tengo la suerte de tener a un compañero, fui solo porque los demás están graduándose de la universidad y Lizzie está abriendo su cafetería ecológica, me gradué un año antes de lo esperado por esforzarme de más y cursar dos semestres a la vez, quería cerrar ese capítulo de mi vida lo más rápido posible e iniciar con un nuevo viaje.

— ¡Primo, llegaste! —mi prima Sena corre hacia mí con su coleta negra balanceándose de un lado a otro, como cuando éramos niños—. ¿Te pasó algo, una cicatriz, un miembro amputado?

— Fue hace tres años, no tengo nada y no me amputaron ninguna parte del cuerpo, aunque no puedo decir lo mismo de todo mi grupo —para estar en una guerra lo único difícil fue la batalla final, con todos nosotros con nuestros trajes y enfrentándonos a esos soldados, empaqué por apego mi traje de batalla sin manchas de fluido y con los daños en este ya reparados—. Ambos hemos crecido mucho, ya casi terminas la universidad y sin problemas, perder medio año fue todo un desastre que jamás te dedicaría.

— Por esa guerra, ¿verdad?

— Sí, la ciudad fue un caos y no pude transferirme a otra escuela, no hay muchas escuelas para chicos como yo. ¿y cómo está el Tío Shingo?

— Amargado como siempre, no le cayó tan bien que te quedarás por un tiempo en la casa Atsuta —mi tío me preocupa mucho más que mi abuelo, ha sido el único al que le confesé todo y lo aceptó, mi tío no lo vería digno al salvar a otro lugar que no sea Japón.

— Si le digo que no estudie japonés por terminar antes mi carrera de programador le dará un infarto.

— Todo le molesta, no habrá gran distinción. ¿Y cómo se siente ser un contingente?

Sena sabe bien qué es lo que quiere y que dejar a la deriva, si supiera que estuve participando en la guerra me obligaría a decirle todo los detalles y chismes por ahí sin conexión con lo que hice yo.

— Has crecido mucho, puedes hacer mucho para ayudar en casa —el Tío Shingo ha cambiado aún más, no sólo dominar el inglés, está más alto, su elegante cabellera oscura se ha vuelto gris y en vez de ir tan elegante como siempre lleva unos pantalones azules y una chamarra verde oscuro.

— Tío Shingo, mucho gusto, ha pasado mucho desde mi última visita —mis padres actuaban igual, eran indiferentes a su mala actitud.

— Sí, lo sé, diez años es mucho —creo que no debí señalar mi conexión con este país—. Debemos irnos, tus abuelos se acuestan temprano.


 

En el camino admiro la belleza natural y urbana, Racyn City se queda corta a comparación, letreros luminosos, calles llenas de gente y el parque Yoyogi a lo lejos que veré mañana. No hablamos, no es porque sea de mala educación o porque estemos en medio de la calle, mi tío y yo no conectamos. Nuestra casa es sencilla, pero lo suficientemente grande para que nuestros abuelos, el Tío Shingo y Sena tengan su espacio, dos pisos en Japón es un beneficio que pocos se dan con el crecimiento demográfico y poco territorio. Al llegar me cambio de zapatos, dejando mis tenis deportivos en un anaquel especial, y me pongo una combinación de calcetines y crocs, que usaré exclusivamente en la casa por reglas de etiqueta e higiene. El abuelo sigue estando como lo recordaba y la abuela hace su deliciosa receta de carne de Kobe, el abrazo estaría muy de mal gusto, pero nuestra familia ya se acostumbró al afecto de occidente y corro a abrazar a mi abuelo.

— Te esperábamos, chico, ya veo que me superaste en altura.

— Pero en inteligencia jamás, la edad da sabiduría.

— Tú sí sabes —voltea hacia los demás y los hace despejar la sala, vamos a hablar de la guerra y espera una actualización—. ¿Y cómo lo hiciste? Eres muy bueno en lo que haces.

— Fue espectacular, ayudar a Racyn City y acabar con ese antiguo mal, también fui testigo de una revolución en una ciudad de México, pero Lizzie hizo que no pudiera interceder tanto como quisiera, lo cual ya hubiera sido limitado, eran problemas familiares de mi amigo.

— ¿Y está tu amigo bien? —Mi abuelo se preocupa por mis amigos, no tanto como lo hace conmigo.

— Se gradúa el próximo año, como los otros, es muy feliz verlo sonreír genuinamente. Oh, déjame hablarte de la cafetería ecológica de Lizzie, es todo un manjar a la vista, lo decoramos los dos y todos los materiales son reciclables, hacer el jardín para las mascotas fue difícil, casi me cae una pesada lámpara de periódicos viejos.



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En el texto hay: descubrimiento, dioses, héroe

Editado: 09.05.2024

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