La Leyenda del Elemental

Ruinas ocultas

No tengo energía para hoy, toda la semana he estado entrenando en secreto con Masato y visitando cada monumento de Shibuya, aunque no pude visitar la mitad del parque Yoyogi, es enorme y Masato dijo que hoy visitaríamos un sitio que jura que será importante y muy interesante, advirtiendo que necesitaría ropa nueva y usara lo que menos extrañaría. Despertar sin energía en otros países significa quedarte en cama o prepararte un café, antes que nada; pero aquí debo hacer ejercicio en las mañanas, ya hacía ejercicio temprano en la universidad, solo que era a las 10 y no a las 8 con una temperatura de una morgue, una habitación helada que tuve que visitar una sola vez para ver por última vez a Rick. Hablando de él y para tener menos ganas de ser feliz, hoy es su cumpleaños, normalmente le llevaría un ramo gigante de hortensias para rendirle honor, solo que esta vez no puedo más que decirle a Lizzie que lo haga por mí, ella lleva otras flores, así sabemos quién ha llevado sus flores a Rick, enterrado al lado de sus padres.

Me obligo a obedecer mis propias indicaciones; salir de la cama, cambiarme y hacer ejercicio y después desayunar, lo mismo que he hecho toda la semana sin tener la presión y el inevitable sentimiento de vacío. Afortunadamente me dejan hacer ejercicio en mi habitación, papá dejó una de esas máquinas de ejercicio no experimentales. Incluso logro fingir que estoy contento en el desayuno al no poder explicar la razón sin sacar la guerra a flote. Tal vez no gozaba de ser su mejor amigo, pero igualmente lo quería mucho como a un hermano que era tan agradable y siempre nos ayudaba, si no fuera por él todos nosotros estaríamos muertos, nos reveló la verdad y de ahí todo fue acelerando a cosas peores, pero con personas que me querían y el gran apoyo de Rick, siendo tan optimista en las peores situaciones, cuando me enteré que sufría mucho y lo ocultaba estaba angustiado, no sabía cómo ayudarlo a ser feliz y superar el trauma, merecía más de lo que le dieron.

Pasa lo de costumbre, Masato viene a mi casa, vamos a su apartamento para ver si mis poderes han crecido más, esta vez haciendo brotar un cactus recién cortado, y después vamos a lo que me avisó desde un inicio, la visita al parque Yoyogi. Las fotografías lo hacen ver más pequeño de lo que es, en las fotografías se veía muy grande y en la vida real es gigantesco. Pasamos por el espacio central, el jardín de los cerezos, el de rosas, el área de descanso de los tres champiñones y terminamos visitando el santuario de aves. Pienso que es para relajarnos y ver a las aves cerca del estanque, pero tiene otros planes, le envío una foto a Lizzie del estanque y avisándole que estoy de visita ante de ser arrastrado por Masato a lo parecido a una cueva en una parte poco llamativa. Quita el arbusto y hay un hueco terminado en un piso de ladrillo rojo intacto, y con una trampilla dorada con marcas exactas en el asa.

— Esto es lo que quería enseñarte, lo descubrí hace años —abre la trampilla y me señala la escalera—. Bienvenido al palacio volador de los elementales, el nuevo Chikyu Kara vuelve a su hogar.

Ambos entramos usando la linterna de nuestros teléfonos y con Masato señalando donde debo pisar. Es tan imponente como en el libro, paredes enormes con montones de ornamentos y murales en todas las paredes. No sé si es por “magia” o Masato, pero las antorchas y algún que otro chochin se prenden a nuestro paso, dejando ver mejor los pasillos, con demasiados dentículos y detalles de oro puro. También hay habitaciones abiertas con una enorme sala de descanso, muchas salas con pólvora, fuegos artificiales y cualquier cosa relacionada al fuego o la iluminación; y lo que podría ser la habitación de Kasai No con una estatua propia, con todos los lujos que solo un emperador podría tener.

— Debemos ir a tu torre, ahí podremos acceder a la sala central, necesita más de un elemental para abrirse.

— ¿Y cómo sabemos que no está del lado opuesto? No sabemos lo que está detrás de las puertas.

— Dilo por ti, tu torre está a la izquierda, el palacio está pensado para tener del lado opuesto a los elementos contrarios, así que si fueras elemental de aire tendríamos que ir a la derecha, así de sencillo.

Seguimos caminando en silencio, dejé de suspirar de la impresión a admirar la belleza del palacio, ese sí es un palacio. Si estuviera en el aire habría más luz en vez de tener tierra y roca del otro lado de las ventanas, tenemos la mínima iluminación y sabríamos si se hace tarde o no, la amistad entre los Usami y Atsuta no asegura que me dejen pasear por Shibuya.

Hemos llegado a mi torre, la entrada verde ya es imponente con su enorme arco de medio punto y una puerta doble, con el kanji de la tierra construido en jade, una línea horizontal con una línea perpendicular a esta que termina en una línea más grande a la primera, representando una pequeña planta emergiendo de la tierra. En medio de esas dos puertas hay un relieve de una mano, no sé si será de mi predecesor o será para mí. Debo intentarlo de todas formas, es mi deber dar paso a otra parte del palacio. Pongo la mano y las puertas se abren, despareciendo entre los muros como las de un elevador. Al cruzar escucho a Chikyu kara dándome su aceptación sin necesitar de traducción, me da un traje de samurái verde como el que usa en el libro del mito, combinando varios tonos con algunos detalles en café y oro, con tonfas talladas con tal delicadeza formando la mitad de una hoja de roble capaz de cortar la piel. Se supone que el traje samurái es pesado, es de metal y muchas prendas de tela sin contar el casco, pero es tan ligero y tan cómo al ser hecho para mí. Nací para ser el Elemental de la Tierra.



#4793 en Otros
#805 en Acción
#3986 en Fantasía

En el texto hay: descubrimiento, dioses, héroe

Editado: 09.05.2024

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.