La Leyenda del Elemental

Consecuencias

No me arrestaron por contrarrestar los daños, internacionalmente se opusieron a eso y decidieron que solo controlarme y tener a alguien cerca para supervisarme, soy y sigo siendo una figura pública, casualmente Masato se ofreció y me dejó en claro que tenemos que tener más cuidado con lo que hacemos para no arruinar todo. Lo peor sucede en mi casa, el Tío Shingo me interroga cruelmente dando un repaso de todos mis errores para él conmigo llevando todavía el traje de batalla.

— No sabes cómo nos has humillado, años pensando que eras alguien decente y resultaste ser otro asqueroso nikkeijin que vendería a Japón por dinero, eras una deshonra desde antes de llegar, ahora que exhibiste quién eres no podría estar más decepcionado de ti. ¿No se te ocurrió pensar en la familia?

— No tenía otra opción, quedé atrapado en la guerra.

— ¡Tenías otra opción! Era tan fácil escapar de ahí y ya, nos metiste a todos a tus problemas por ser tan egoísta.

— Jamás pretendí dañarlos, estaba haciendo lo correcto, no podía quedarme viendo como morían muchas personas, no quería ser el responsable de verlos morir sin ayudarlos.

— Claro, siempre pones excusas, siempre tan sentimental…

— ¡Hijo, basta! Es suficiente —mi abuelo quiere evitar que llegue lejos, no aboga por mí como esperaría, solo quiere que no nos destruyamos… o lo haga yo a él.  

— Jamás vas a pertenecer a los Atsuta, eres una vergüenza.

No puedo guardar la ira que llevo dentro, todo el estrés, toda la presión, toda la rabia, toda la ansiedad, toda la melancolía, todo lo que siento que está mal en mí. Sabía que debía admitirlo y decirlo en voz alta, Kuki Kara me lo advirtió por una razón porqué esperaba que lo hiciera, pero no que lo haría en un solo momento.

— ¿Sabes algo? Tuve opción y aun así decidí conscientemente participar en la guerra sabiendo que te ibas a enojar y darme por traicionero —Tío Shingo se sorprende al verme responderle, jamás lo hecho hasta ahora, he decidido defenderme, decir la verdad y no quedarme callado—. Sabía que desde que obtuve mis poderes, desde que me convertí en un contingente, que jamás podría ser feliz contigo a mi lado señalándome lo mucho que me odias, porque solo eso puedo ver con todo lo que haces, dices y supones de mí. Si tengo que disculparme por algo es por ser tan mediocre e inferior, por no poder ir al ritmo de mis compañeros y ser tan inferior a todos, jamás podré sentirme al nivel de alguien porque siempre hay un algo que me frena y me golpea, lo que hago nunca será suficiente y tengo mi lista de obstáculos que yo mismo me voy a poner porque sé que sin ayuda voy a fracasar, estoy en la cuerda floja, si no son mis papás intentando que sea perfecto son mis amigos pensando que estamos al mismo nivel y para mí es tan simple, si no es una maldita guerra en la que muero en Estados Unidos y en México es mi futuro lleno de incertidumbre, si no eres tú lastimándome cada que tienes oportunidad es lo que tengo que hacer con esos enmascarados del parque. No tiene importancia el cariño y aprecio que podrías darme al lado del sentimiento de vacío y el no poder disfrutar lo que pasa en mi vida por más que lo intente. Solo tengo que disculparme por eso. Si tu no quieres a alguien como yo, ¿qué más da? Tengo muchas cosas con las que tengo que lidiar, te guste o no.

El Tío Shingo no dice nada, se levanta y se va sin mostrar emociones, en cambio, yo suelto todas las lágrimas obligándome a pensar que no está mal hacerlo, que llorar es humano y no símbolo de debilidad y fracaso.

— Jayden, tú… —mi abuela está anonadada, no sabe que pensar, dije demasiado en tan poco tiempo para saber por dónde empezar.

— Soy ese héroe misterioso, un telépata que participó en la guerra de Racyn City y con el paso del tiempo ganó más poderes y pensaría que si censuraba su rostro en Japón ustedes no saldrían afectados, pero se equivocó. Les fallé.

Yo también me voy a mi habitación, saco todo el dolor a base de lágrimas y abrazar la almohada tan fuerte que podría romperse, jamás pensé que me sentiría tan solo y que no quisiera ver a nadie prefiriendo estar aislado del resto, con que así debió sentirse él. Cada que siento que ya no tengo nada más que llorar aparece un periodista y curiosos listos para entrevistarme y con ello llamadas de queja de los vecinos amenazando con reportarnos con la policía. Todas las cosas vuelven a mi maleta, Kuki Kara y Masato estarán enojados, pero es lo que debo hacer.

Sena entra a mi habitación siendo silenciosa como siempre.

— No es buen momento para hablar, ya les causé suficientes problemas.

— ¿Es cierto que fuiste uno de esos héroes?

— Lo sigo siendo, solo en occidente, aquí soy otro nikkeijin problemático.

— Primo, para todos aquí eres un héroe, salvaste a miles en el parque.

— Pero ya soy tachado de traidor por muchos, Tío Shingo tiene razón, no pertenezco aquí —meto el libro del mito solo para que le llegue a alguien que lo merezca más, si me llega a mí veré que hacer cuando llegue a Racyn City.

— No te vayas, yo te quiero aquí.

— Lo sé y lo aprecio, pero hago más daño de lo que vale la pena —Sena no está feliz, su sonrisa ha desaparecido.

— Si te vas a ir, al menos quiero escuchar tu historia —saca el libro del mito y hace el mismo gesto para que le lea el libro—. Solo quiero eso.



#4811 en Otros
#808 en Acción
#4002 en Fantasía

En el texto hay: descubrimiento, dioses, héroe

Editado: 09.05.2024

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.