La Leyenda del Elemental

Un Atsuta

En vez de llevarme a donde alcancé a ver la señal de Masato me lleva a donde están los refugios, en el lado montañoso de la ciudad. No sé qué hacer, pero regañarlo no sería de mucha ayuda; me lleva a un sendero que se aleja mucho de los grupos de chozas, al bajarme sé por qué Viajero me llevó a este lugar. Tío Shingo está atrapado en unos escombros, una columna de concreto cayó sobre una de sus piernas. Sigo sin ser de su agrado.

— Vete a hacerte el héroe a otro lado, niño, yo puedo sólo —lo hace con la intención de herirme o alejarme, pero no hago caso y levanto la columna, su pierna está morada y con varias heridas que me asustan, intento guardármelo para mí y no asustarlo.

— Los demás Atsuta te esperan, no estarás seguro aquí.

— Puedo caminar, no me hagas caso —lo dijo él, órdenes son órdenes.

Lo levanto y me lo llevo al hombro tratando que no caiga de frente. Lo voy llevando por el sendero con un silencio incómodo, sé qué debo decirle, solo que él no sabe qué responder al ver que no me alejo.

— Ambos sabemos que somos como el agua y el aceite, no tienes que hacer esto por mí.

— Sí tengo que hacerlo, no te odio, solo quiero que entiendas quién soy. Sé qué no encajo aquí de ninguna manera, pero dejándote morir no conseguiré nada.

— No te odio, pero no puedo entenderte.

— Yo tampoco puedo entenderte, después de pasar por tanto debería ser capaz y ni así puedo comprender por qué me lastimas cada vez que me ves y por qué no puedo estar en tu presencia sin sentirme incómodo.

— Solo quiero que todo esté en su lugar, no quiero más cambios y llegas tú con tu vida tan americana y diferente a la tranquilidad que Japón me da… No puedo con esto.

— Yo ya me acostumbré al cambio, no pertenezco a ningún lugar y me da tanta paz poder aceptarlo. Soy demasiado japonés para los americanos y tan americano para los japoneses, un pez fuera del agua se podría decir.

— No te culpo por lo que hicieron tus padres…

— No deberías culparlos a ellos por tomar la decisión de salir de Japón, yo tomé la decisión de venir a Japón para cerrar un capítulo de mi vida. Todos tomamos nuestro propio camino y la mayoría intentamos ir por el que nos haga feliz intentando lastimar a la menor cantidad de personas; los tres hemos ido viajando para encontrar la felicidad.

— Yo encuentro paz en el país, en sus tradiciones y en la familia, salir del país no será una opción para mí.

— Lo entiendo y lo respeto. Hay mucho que apreciar en cada país por más horrible que pueda parecer. Antes de ir a México solo escuchaba a las personas de por ahí sobre la delincuencia y corrupción, pero cuando fui encontré lo hermoso de su cultura y lo unida que es su gente. Tal vez no es tranquilo como Japón o una potencia como Estados Unidos, pero tiene belleza como la hay aquí y en todas partes.

— ¿Fuiste a dónde?

— Parte de mi odisea de héroe estadounidense incluyó ir a México para conseguir una cura para el virus con el que habían infectado a buena parte de la ciudad, para mí fue turismo y hacer un buen análisis del país, para mi amigo y conocidísimo líder fue lidiar con problemas familiares. Eso me hizo ocultarles todo, ver cómo meter a la familia en estos temas provocaban peleas combinado con el miedo a deshonrarlos me motivó a ocultar todo lo que ustedes consideraban indigno bajo el tapete.

— Nosotros hubiéramos ayudado si lo hubieras dicho.

— No podía contarles, no contigo sacando toda la munición acumulada contra mí y contra la guerra de Racyn City. Era más fácil fingir ser normal e inventarme una historia falsa, no tengo tu confianza y después de todo esto dudo que la pueda tener.

— ¿A qué te refieres con “todo esto”?

— Soy el elemental de tierra, elegido por ser un nikkeijin y por haber sido un héroe, técnicamente soy un dios que no quiere serlo, seguramente lo habrás notado porque hablo en japonés y no en otro idioma.

 — Sobrino, he cometido un error al juzgarte, pensé que eres una amenaza y no lo eres. No merezco tus disculpas.

— Y te disculpo, es fácil dejarse llevar por lo que digan los demás, hay un punto donde te dejas vencer y te dejas arrastrar por los demás.

Llegamos al refugio conformado por al menos 20 chozas bien distribuidas con letreros por doquier indicando el funcionamiento de la choza. Todos se me quedan viendo y sé que no me tienen miedo o asco, se sorprenden al verme y me van guiando a la enfermería más cercana, donde dejo al Tío Shingo. Los enfermeros, después de procesar quien soy y toda la situación que entienden al verme, le dan una pequeña revisión y me avisan que su pierna no corre el peligro de ser amputada, pero puede que Tío Shingo necesite de un bastón para volver a caminar.

No pierdo el tiempo y me voy a buscar a los demás Atsuta, doy vueltas por doquier dejando anonadados a los demás, no es normal ver al Joven Atsuta rondando por ahí con un traje simplemente excepcional hecho para un dios. Me piden que haga algunos favores rápidos y lo hago sin pensarlo, claro que les explico que no puedo curar a la gente, no está entre mis nuevas habilidades. Media hora después me entero que no solo no están aquí, están en un refugio cercano y al que iba Tío Shingo era uno especializado en medicina y suministros, donde están los abuelos y Sena es para dormir y esperar lo mejor. Para no perder el tiempo (los otros chicos ya me han de estar esperando) llamo a Viajero y aterriza suavemente, impresionando a todos por lo increíble de ver a un dragón real frente a ellos.



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En el texto hay: descubrimiento, dioses, héroe

Editado: 09.05.2024

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