La Leyenda del Elemental

El legado del elemental

Caigo de cara en el salón central, Kuki Karas ha llevado sin ninguna razón al palacio y al igual que Masato está espantado, necesito ver qué es lo que vieron como para terminar traumatizados de por vida. Eso sí, abandonamos el campo de batalla en plena pelea y dejando a MizuNo, quien no solo estará más enojado de lo que ya está, ha de estar en camino al palacio.

— ¿Qué mierda fue eso? —le reclamo mientras me sobo la nariz, siento que se me metió toda la tierra en la nariz.

— No podíamos enfrentarlo ahí, no cerca del mar y no con lo que estaba haciendo.

— ¿Qué viste? —Zyo tiene la misma duda que yo, estoy seguro que solo conmigo tuvo piedad.

— Jayden, ¿tú que viste? —ahora soy yo quien está siendo interrogado, Kuki voltea todo para que sea yo quien diga algo útil—. No te ves nada asustado o alterado.

— Yo lo vi tal y como es, pero estaba muy enojado y me decía que yo debía pagar por los errores de Chikyu —me golpeó y me sacó antes de matarme, no podía con él.

— ¿Usaste tus poderes contra él? —Zyo me hace recordar que jamás usé ningún poder, ni los que tengo de nacimiento ni mis poderes elementales, como si fuera un chico normal.

— No, no tuve tiempo de hacerlo, me aterré y lo aprovechó para usarme como saco de boxeo.

— MizuNo tiene un modus operandis que ni nosotros conocíamos, no podemos sorprenderlo y podemos aprovechar que tiene cierta preferencia por Jayden para engañarlo o cansarlo de más.

— Sí, pero ¿por qué nos trajiste al palacio? —Masato pregunta lo que se me olvidó preguntar—. Sabe que estamos aquí, no es tan difícil descubrir el enorme palacio que hay en medio de una ciudad.

— Lo vamos a alejar del agua, no tiene tanto poder, así como Jayden en el reino del agua.

— Ósea que en la tierra podría contra él.

— No dije eso, solo dije que lejos de su elemento pierden poder —Kuki Kara rompe las ilusiones de vencerlo sin problemas—. También los traje para que Izanami nos pueda ayudar, tenemos que comunicarnos con ella para que se apiade de nosotros. No le gusta hacerme favores, cada vez ofrece tratos más peligrosos y de doble filo, con ustedes será más clemente.

— ¿Quieres que le pidamos a una diosa que nos ayude a matar a su hijo? —es tan raro para mí.

— ¿No hacen eso, pedirle clemencia a sus dioses o dios?

— Soy agnóstico, para mí es raro ver a alguien rezar, cuando mis amigos rezaban o iban a misa no sabía qué hacer —de todo mi círculo de amigos soy el único que no forma parte de una religión, la mayoría son protestantes y hay uno que otro católico o judío.

— Solo concéntrate y pídele lo que quieras siendo muy respetuoso y dándole el respeto que se merece —Kuki parece estar muy atado a su mundo, Masato y Zyo están en las mismas que yo.

No quiero perder más tiempo en lo que MizuNo llega a masacrarlos y empiezo a pedirle con todo el esfuerzo del mundo a Izanami que nos ayude con una visión, armamento nuevo o algo que nos ayude a igualar la fuerza de MizuNo. Los cuatro rezamos generando un aura dorada sin que al menos yo pueda escuchar la voz de Izanami, los demás giran la cabeza de vez en cuando como si alguien les estuviera susurrando. Quisiera conectar con ella, también porque me debe una respuesta. Pero MizuNo tiene otros planes.



 

MizuNo me saca de la sala y termino cruzando todo el pasillo sin tocar el suelo, cayendo en donde mi torre inicia. Sigue llevando su tridente y ya se ha quitado su kimono para dejar paso a una armadura que lo cubre más y se asemeja a la nuestra. Más vale que Izanami intervenga inmediatamente.

— Que ni se te ocurra escapar otra vez —genial, me culpa por otra acción que no cometí.

Viene hacia mí y en el terror del momento me voy corriendo al jardín babilónico para confundirlo, quiero poner la mayor distancia entre ese tridente y yo. Como es un laberinto y una estructura nueva para él, se termina confundiendo y le arrojo una maceta con una planta que estaba muerta desde antes de llegar. Sé que no iba a funcionar, no sé bien por qué lo hice.

— Para ser elegido por Chikyu no podrías ser más estúpido.

¡Es cierto! No que soy un estúpido, soy el elemental de tierra. Alzo unas enormes raíces y lo detengo ahí mismo, claro que MizuNo no se queda quieto y sigue intentando zafarse de las raíces. En lo que eso llega a suceder, intento golpearlo lo más que puedo sin llegar a mostrar todo mi potencial, quiero dejar lo mejor para un ataque sorpresa

«¡¿Por qué nos odias?!»

Suelto un pensamiento que termina en la mente de MizuNo, de quien no me atrevo a leer su mente por miedo a lo que pueda encontrar o lo que me pueda suceder. Deja de luchar como lo hace y me hace una mirada asesina. 

— No te odio, pero me da asco ver cómo defiendes a esos animales, los amas demasiado para ver que son un error.

— Tus soldados tampoco han hecho mucho para ayudar, han destruido una ciudad llena de personas inocentes en lo que respecta a esta guerra.

— Pero amenazan a mis hijos, contaminan mis océanos y destruyen el reino con sus asquerosos y despreciables juguetitos.

— No son perfectos, pero matarlos no es la solución.



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En el texto hay: descubrimiento, dioses, héroe

Editado: 09.05.2024

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