La Orante

LA ORANTE

Aunque desde pequeña siempre la habían llamado por el hipocorístico en lugar de por el nombre de pila, tras ganar terreno la acepción poligonera que de aquel había prevalecido en los últimos tiempos y tratándose de una "señora bien", Choni decidió volver a la prioridad natural del patronímico y se "rebautizó" como Ascensión a sus casi cuarenta años, lo que pareció imbuirle de una segunda vida que la hizo sentir renovada incluso a nivel físico.
Esta desacostumbrada sensación de "primavera interna" le provocaba un espontáneo sentimiento de gratitud, pues en los últimos tiempos se percibía a sí misma, sino como una fracasada sí al menos como "poco aprovechada" como solía expresar su amiga Susi en una forma no exenta de ironía (a saber por qué) y lo peor es que solo podía culpar de ello a su pusilánime sentimentalismo que le había llevado a desperdiciar "sus talentos" ahogándolos en el mar de desidia tan propio de su temperamento depresivo .
Cada vez que pensaba en su matrimonio, aunque no le había ido especialmente mal, se decía a sí misma que por qué no le habría hecho caso a San Pablo en eso de no complicarse la vida siguiendo el consejo que el apostol da en su Primera Carta a los Corintios, en el versículo 8 del Cap. VII.
Probablemente la acomodada posición de la que siempre había disfrutado hacía que su percepción fuera engañosa pero mirando el tema en perspectiva, en este momento de su trayectoria vital hubiera cambiado la protección y comodidad de su vida conyugal por una imprevisible y arriesgada existencia sin raíces ni planificaciones, pero ella misma era consciente de que era muy fácil optar por el romanticismo de esta segunda posibilidad "a toro pasado" y con la "barriga llena" y que si a día de hoy, algún hada madrina le ofreciera la posibilidad de volver al instante justo en que aquella elección estaba en su mano, casi con toda seguridad se hubiera vuelto a decantar exactamente por lo que había sido su vida junto a Ambrosio.
El tema de los hijos lo tenía más que superado, durante mucho tiempo pensó en adoptar pero entre que las posibilidades que le ofrecían eran siempre con niños muy mayores y que su marido aunque de acuerdo con sus deseos, absorbido más a menudo de lo deseable por los asuntos de la empresa, no podía entregarse con la incondicionalidad con la que ella lo hacía, Ascensión, (por aquel entonces Choni), acabó perdiendo la paciencia durante el proceso, pues aunque apasionada con la idea, la constancia nunca había sido su fuerte y acabó tirando la toalla.

(CONTINUARÁ)



#1388 en Otros
#215 en Relatos cortos

En el texto hay: reflexin de la vida

Editado: 30.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.