La Paz de un Villancico

21. PARTE DE TI

MATTHEW

Me sentí aliviado cuando Sarah me dijo que iba a regresar a St. Paul.

La idea de que estuviera sola en Nueva York con Louis mientras se recuperaba de su tratamiento no me hacía gracia. No, necesitaba estar aquí, cerca de todos. St. Paul no era solo su hogar, era el nuestro. Y aunque mi viaje a Moscú se acercaba en dos meses, saber que estaría aquí con ella y mi familia me trajo paz.

Me dediqué a prepararme para Moscú, haciendo sesiones de entrenamiento en la pista local todos los días durante las últimas dos semanas.

El frío del hielo y el ritmo familiar de mis patines al atravesarlo me hicieron sentir como si me hubiera anclado en medio del caos. Sin embargo, nada se comparaba con los momentos que compartía con Louis.

Ese niño era realmente algo único.

Cada vez que sonreía o reía a carcajadas, sentía como si el mundo se detuviera momentáneamente, permitiéndome absorber por completo su alegría. Llamando mi atención con un entusiasta “¡papa!” cada vez que lo veía.

Todavía no podía creer que tenía un hijo, esta personita increíble que me miraba como si yo fuera su mundo entero. Lo que lo hace aún más asombroso es que el mes que viene cumplirá dos años.

Una noche, después de que Sarah había acostado a Louis, llamé a su puerta. Ella abrió, luciendo cansada, pero siempre tan hermosa en esa manera natural que solo ella tenía.

Sus padres estaban discutiendo quién la acompañaría para ayudar con el proceso de mudanza.

No pude evitar ofrecer mi ayuda.

—Estaba pensando —comencé, apoyándome contra el marco de la puerta—. Puedo ayudarte a trasladar tus cosas desde Nueva York. —Su ceño se frunció levemente.

—Matthew, no quiero molestarte. Ya tienes mucho qué hacer con tu entrenamiento.

—No es una molestia —la interrumpí—. Quiero ayudar. Y, honestamente, me gustaría mucho ver dónde has estado viviendo con Louis. Ha sido todo su mundo hasta ahora, y me gustaría ayudar, al mismo tiempo que conocerlo. —Ella dudó, agarrando el borde de la silla mientras estudiaba mi rostro.

—Está bien —dijo finalmente—. Si estás seguro y no te interrumpe en nada con tus entrenamientos, puedes acompañarnos.

—Estoy seguro —dije, firmemente.

—Entonces, eso está decidido —dijo Hailey, levantándose del sofá y dirigiéndose hacia la cocina—. ¿Te quedarás a cenar, Matthew? —Solo asentí en respuesta.

La atmósfera se sentía diferente a la anterior; Paul apenas me hablaba, pero siempre me sentí bienvenido en su casa.

La semana siguiente, volamos juntos a Nueva York. Sarah se quedó callada durante el vuelo, sus dedos jugueteando con el borde de su suéter. Podía sentir que estaba ansiosa por algo, pero no la presioné. En cambio, me concentré en Louis, quien estaba absolutamente emocionado por la vista de las nubes fuera de la ventana.

Cuando llegamos a su apartamento, me tomé un momento para asimilar todo. Era pequeño pero acogedor, con su personalidad reflejada en cada rincón. Libros apilados en todas las superficies, páginas sueltas junto al piano, una suave colcha sobre el sofá y fotos de Louis en las paredes.

Una foto de ella y Louis en el refrigerador me llamó la atención. Louis estaba durmiendo sobre su pecho mientras ella le leía.

—¿Tú tomaste esto? —pregunté, señalando la foto.

Ella negó, con una pequeña sonrisa bailando en sus labios.

—Mi mamá tomó esta foto la última vez que nos visitó.

La miré por un momento, y los dos no se dieron cuenta de la cámara. Fue un momento puro.

—Has hecho un trabajo increíble, Sarah —dije suavemente—. Criarlo sola. Este lugar se siente como un hogar. —Sus mejillas se sonrojaron y miró hacia otro lado.

—No es mucho —murmuró—. Pero ha sido suficiente para nosotros.

—Es más que suficiente. Le has proporcionado todo lo que necesita. Y ahora que te vas a mudar de nuevo a St. Paul, me aseguraré de que nunca más tengas que hacerlo sola.

Sus ojos se encontraron con los míos, un destello de emoción pasó por ellos antes de que rápidamente apartó la mirada.

—Concentrémonos en empacar —dijo, cambiando de tema. No estaba en mis planes incomodarla, así que eso hicimos.

Pasamos los siguientes dos días empacando sus pertenencias. Durante ese tiempo fue a explicarles la situación a sus estudiantes sobre su mudanza y regresó con su carita triste.

No pude evitar sentir una punzada de culpa mientras llevaba cajas llenas de juguetes y decoraciones, recordatorios de todos sus momentos en este lugar. Sus primeros pasos, sus primeras palabras, todo estaba aquí, escondido en este pequeño apartamento.

La tercera noche, después de que habíamos terminado el día entre cajas, me encontré sentado en el sofá que se había convertido en mi cama, sosteniendo uno de los pequeños zapatos de Louis en mi mano. Sarah entró, sosteniendo dos tazas de té.

—¿Estás bien? —preguntó, entregando una taza. Asentí, pero el nudo en mi garganta me traicionó.

—Es solo que odio no haber estado aquí. Lo siento, sé que es incómodo repetir esto una y otra vez. —Se sentó a mi lado, su mirada cálida.

—No lo sabías, Matthew —dijo suavemente—. No podrías haber estado aquí.

—Pero debería haber estado —dije, con la voz quebrada.

Sarah extendió su mano, su cálida mano posándose sobre la mía.

—Estás aquí ahora —susurró, su voz era como un suave bálsamo para mi dolor—. Lamento mucho que nuestro silencio te haya lastimado. —Suspiré, mi pecho se apretó ante la sinceridad que reflejaba en sus ojos.

—Gracias —murmuré, apenas capaz de encontrar mi voz.

—¿Por qué?

—Por todo —dije, mi garganta se llenó de emoción—. Por darme a Louis, por cuidarlo y por simplemente ser tú. Eres la mujer más fuerte que conozco.

Sus labios temblaron, sus ojos brillaron a causa de las lágrimas no derramadas.

Rápidamente miró hacia otro lado, tomando un sorbo tembloroso de su té.

—No me hagas llorar. No fue un trabajo que solo yo he hecho. Nuestra familia y amigos han sido una parte muy importante en su vida. Sería muy egoísta llevarme todo el crédito —dijo, una pequeña risa escapó de sus labios.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.