La vida a través de tus ojos

Capítulo 5. Una responsabilidad incómoda.

Comía sin apuro una deliciosa ración de helado de crema francesa con galletas mientras discurrían conversaciones variadas dentro de la heladería. Maya había hecho amistad con una chica de su edad y ambas jugaban muy animadas en el parque del establecimiento. Mi madre y Anna estaban pendientes de ella, al tiempo que disfrutaban de ricos postres, y mi padre y Henryk seguían discutiendo aburridos temas de la oficina frente a sus tazas de café en una mesa apartada.

Nathan se hallaba junto a mí, veía con poco ánimo las travesuras de los niños al tiempo que comía su paleta de frutas.

—Supongo que papá te trasladará a mi instituto —comenté para iniciar una conversación agradable, sin ataques o desafíos.

No quería que pensara que era una caprichosa con un humor de perros.

—Me dijo que iríamos mañana a hablar con el director.

—Y, ¿eres buen alumno?

Él sonrió con picardía. Sus malditas sonrisas me estaban gustando demasiado, eso comenzaba a preocuparme.

—En ocasiones puedo ser bueno.

—¿Te animarás a jugar hockey sobre césped? Puedo ayudarte a entrar en el equipo masculino aunque estén en medio de un torneo —ofrecí sabiendo que podía cumplirlo.

Rai no me negaría la posibilidad de que él formara parte de los Tigres, eso lo ayudaría a integrarse rápido.

Al ver que el rostro de Nathan perdía sus expresiones, entendí que ese no era su plan.

—La condición que le puse a Roger para venir, fue que me permitiera trabajar y colaborar con los gastos.

Amplié mis ojos en su máxima expresión. Papá era estricto con el tema del trabajo. Para él lo más importante en esta etapa de nuestras vidas era culminar los estudios con buenas notas y desarrollar algún talento con los deportes, la música o el arte sin preocuparnos por trabajar.

Él era partidario de que el dinero era como un vicio, que una vez que se probaba no había forma de dejarlo. La ambición era capaz de hacernos perder el horizonte de nuestros sueños y metas.

—¿Y aceptó?

—No estuvo muy contento, pero lo hizo. Aunque quiera ayudarme, no puede imponerme condiciones. Mi padre no lo hizo, él no puede llegar de la noche a la mañana e intentar controlar mi vida.

—Al menos, podría darte algunas sugerencias.

—Y lo hizo y solo acepté la de terminar el instituto y quedarme en su casa hasta que tuviera los recursos para valerme por mi cuenta. Soy mayor de edad.

Lo miré sorprendida. No podía negar que su determinación me producía cierta envidia.

—¿Ya tienes dieciocho?

—Sí, los cumplí hace poco.

—Es decir, trabajarás mientras estudias para luego independizarte.

—Sí —respondió enseguida. Era evidente que ya tenía mentalizado un plan para sobrevivir y enfrentar su futuro. Yo lo más lejos que llegaba era a organizar el método de estudios que llevaría a cabo la próxima semana, mientras invertía tiempo en entrenar para los partidos que se presentarían—. Aspiro que para cuando finalice el año escolar, ya tenga el dinero suficiente para alquilar un lugar donde pueda vivir solo.

Me mordí el labio inferior dejando vagar mi mirada por la mesa mientras pensaba en ese perfecto plan.

¿Yo sería capaz de hacer algo similar? Si tuviera que irme de casa mañana mismo, ¿cómo sobreviviría? ¿Dónde podría conseguir empleo? ¿En qué sitio hallaría un refugio seguro?

Me aterré al darme cuenta que no tenía ni los recursos ni el valor para hacerlo. La sensación de confusión y angustia que me produjeron esos pensamientos me heló la sangre y me hizo sentir una fracasada.

Era muy buena sacando excelentes notas en clases, jugando al hockey sobre césped o posando para la cámara de Naty, la fotógrafa del periódico escolar, pero nada de eso me ayudaría a subsistir. ¿Y así pensaba independizarme del control de mi padre?

Al regresar mi atención hacia Nathan me impactó que sus ojos estuvieran tan fijos en mí, o mejor dicho, en mis labios. Relajé la postura y me aclaré la garganta antes de continuar, logrando que sus ojos abrasadores ahora se posaran en mi cara.

—¿Dónde piensas hallar empleo?

—Roger me ayudó con eso —confesó en medio de un suspiro y bajó el rostro para ocultar su enfado. Era evidente que no estaba acostumbrado a recibir tanta ayuda.

—¿Cómo?

—Con los Davis —respondió y señaló a Anna con la cabeza—. Uno de los hermanos de Anna es gerente en una cadena de supermercados. Ella hablará con él para que me ayude a conseguir un puesto en alguno de los establecimientos. Es posible que mañana deba presentarme ante él.

—Vaya, papá piensa en todo —expresé asombrada.

Aunque sabía esa información del hermano de Anna, nunca se me vino a la cabeza la idea solicitarle apoyo.

Por eso mi padre había convocado a los Davis luego de su llegada y se desvivía ofreciéndoles una cena deliciosa, una atención esmerada y una salida a comer postre. Esa era su manera de agradecerles por la ayuda que recibiría de ellos.

—Sí. Roger da un poco de miedo, es muy rápido resolviendo problemas —dijo Nathan torciendo el rostro en una mueca divertida que me arrancó una sonrisa.




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