La vida a través de tus ojos

Capítulo 15. Así te veo.

Nos quedamos con Sarah y con Jerry aunque a una distancia prudencial, porque ellos no hacían otra cosa que besarse y toquetearse. Nathan y yo solo hablábamos, como si fuésemos simplemente un par de amigos. El fuego que hubo entre nosotros en la pista de baile bajó su intensidad.

Minutos después, el resto de las chicas del equipo femenino se nos unieron, así como algunos otros compañeros. La casa de la familia de Donovan se llenaba de gente extraña y cada vez había menos espacio para compartir. Tocaba quedarnos en la calle.

Los vecinos no se quejaban, parecían habituados a ese tipo de actividades en la zona. Varios se unieron al jaleo trayendo su aporte en bebidas.

Jerry resultó todo un personaje. Un tipo de veinticuatro años con alma de artista. Comenzó a estudiar arte en la universidad, pero nunca terminó. Al ser el mayor de cinco hermanos, tuvo que buscarse un trabajo cuando su padre los abandonó.

No hacía otra cosa más que eso, trabajar en el supermercado. No tenía planes a futuro, ni siquiera sabía qué desayunaría al día siguiente. Ahora que sus hermanos estaban por su cuenta y él vivía solo, no encontró ánimos para retomar su pasión. Solo lo hacía por diversión.

Estaba segura que eso había sido lo que unió a Nathan con ese sujeto: el amor por el dibujo. Contaban que cuando estaban aburridos en el trabajo, hacían figuras en los estantes del supermercado con la mercancía, organizándola por colores, o con la basura cuando les tocaba barrer el exterior.

Al principio se ganaban regaños, pero luego solo llamados de atención para que pusieran todo de nuevo en orden aunque después de tomarle fotografías a sus creaciones, que resultaban interesantes y asombrosas.

Me sentía extraña hablando con ellos, ya que las conversaciones se desarrollaban en un tono diferente, llevadas con menos efervescencia que las que tocaba con mis compañeros en clase.

Los temas de estos últimos solían estar centrados en las bragas que lograban verle a alguna de las chicas en el receso, en caso de los chicos, o en los músculos que comenzaban a notarse en los brazos o en el abdomen de algunos compañeros, en el caso de las chicas.

También había los que hablaban de videojuegos, deportes o en los memes que compartían en las redes sociales. Temas impregnados de picardía y de cierta perversidad, pero no resultaban ofensivos.

En cambio, los que manejaban Nathan y Jerry estaban algo embebidos de hastío y preocupación. Hablaban de viajes, de mejores sitios para vivir y trabajar, de economía y de costos de repuestos para autos. Era como si escuchara hablar a mi padre con sus amigos cuando hacían barbacoas en la casa.

En ocasiones sonaban cansados, pero en otras venían con una emoción más direccionada. No eran asuntos para cubrir el tiempo perdido, sino para analizar el tiempo futuro, como cuando hablaban de los planes para el verano considerando el dinero que ganarían en el trabajo.

Ellos no debían pedirles nada a sus padres, esperar a que estos se decidieran a pagar algún viaje o portarse bien y no bajar sus notas para obtener lo que querían, todo dependía de sus esfuerzos. Mientras su trabajo fuese mayor, las ganancias así lo serían, por tanto, los planes estarían menos ajustados.

Eso me encantó, yo anhelaba esa independencia. Mi interés se fue por las nubes con la idea de manejar mi propio tiempo y mi dinero.

Si me pagaran por estudiar, o cada vez que ganaba un partido de hockey sobre césped, podría tomar mis propias decisiones, sin estresarme por nada. No tendría que mentir para salir de fiestas con mis amigos o esconderme en los sitios más oscuros y lúgubres de la ciudad para que mi padre nunca se enterara de mi travesura y así lograr sentirme emancipada, ¡sería libre!

Nuevas ansiedades comenzaron a brotar dentro de mí tras esa idea, unas que necesitaban salir de la prisión de mi interior y volar con el viento.

Luego de que Sarah vomitara todo el alcohol que había tomado esa noche y que dos de los chicos del equipo masculino se quedaran dormidos en la acera, Jerry le hizo una propuesta a Nathan.

En la cajuela de su auto, un Hyundai que en el pasado debió tener una vida más digna, tenía variadas latas de pintura en aerosol.

—¿Qué me dices? ¿Me muestra tu verdadero talento?

Ambos compartieron una mirada emocionada. Luego Nathan fijó sus ojos abrasadores en mí, como si me invitara a formar parte de aquella aventura.

No sé si habrá sido por culpa del alcohol, pero lo animé a seguir adelante sin preocuparme por el riesgo. Adoraba como palpitaba la adrenalina en mis venas.

Al fin sería testigo del maravilloso talento de Nathan en algo que no fueran dibujos para mi hermana.

Frente a la casa de la familia de Donovan había una larga pared que formaba parte de la fachada de una vivienda. Estaba algo deteriorada y llena de infinidad de grafitis sin orden. Decidieron darle nueva vida y hacer refulgir los colores en ella.

Nathan sacó algunas latas y me las pasó.

—Ayúdame.

¿Cómo negarme a su pedido? El brillo de la euforia que había en sus pupilas me contagió. Era evidente que amaba esto, se hacía grande con él, como yo con el hockey sobre césped.

Tomé las latas y vi como entregaba otras a Jerry, luego él llevaba algunas más.




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