La vida a través de tus ojos

Capítulo 16. Una fuerza demoledora.

Si el alcohol volvía a adormecerme las reacciones como lo había hecho esa noche, juraré nunca más probar ni una gota.

—¿Qué sucedió allá afuera?

Me interrogó Sofía una vez que estábamos todas en la cocina de la casa de los familiares de Donovan, en busca de cervezas.

—Becca, ¿estás saliendo con el chico nuevo? —exigió Janis, interesada.

—Ray lo vio todo y desapareció.

El comentario de Mery me hizo empalidecer, había estado tan hechizada por el contacto y el beso de Nathan que no recordé las consecuencias que podría producir.

—Bien, bien, bien, jóvenes. Dejen las cervezas y vayan moviéndose hacia los autos, en minutos nos vamos —ordenó Sarah y sacó a todas las chicas, casi a empujones, de la estancia.

—¿Ray se fue? —pregunté cuando ambas quedamos solas.

—Es lo que parece —dijo ella sin darle importancia al asunto—. Jerry se ofreció a darnos el aventón hasta mi casa y Donovan y Charlie llevaran al resto.

Tapé mi cara con ambas manos, avergonzada. Ray se había marchado de la fiesta por mi culpa y quizás, furioso, complicando el traslado de todos. Con seguridad los chicos iban a odiarme.

—Ey, ¿qué pasa? —quiso saber Sarah y apartó mis manos de mi cara.

Ya no se notaba afectada por el alcohol. Sentía envidia por la manera en que su cuerpo superaba la resaca.

—Eche a perder la salida.

—Tú no hiciste nada —dijo molesta.

—Ray se marchó, ese no era el plan.

—Ray es un idiota, no podemos hacer nada por cambiar esa realidad. —Resoplé con fastidio y puse los ojos en blanco. Ella asumió una pose más seria y se aproximó para llamar mi atención y así verla a la cara—. Becca, tú y Ray no tienen nada. Si él se molestó por el beso que Nathan y tú compartieron y actuó como un niño dejándonos a todos tirados en este lugar, no es tu culpa.

Me crucé de brazos con frustración.

—Todos suponen que Ray y yo tenemos algo, y sé que él mismo piensa eso.

—Pues, triste por él y por los demás —sentenció mi amiga con firmeza—. Tú le has dejado muy en claro que no quieres nada. Si a pesar de eso, Ray quiere vivir de sueños y esperanzas es su problema, no el tuyo.

—Estoy asustada —revelé cabizbaja, porque era lo que de verdad sentía en ese momento. Un miedo desconcertante por el cambio brusco que daba mi vida.

—¿Miedo de lo que pueda hacer Ray? —consultó Sarah con incredulidad.

La miré con cara de cachorrito perdido.

—No, de lo que siento por Nathan. A pesar de que odio lastimar a mis amigos, tomaría una y mil veces las mismas decisiones.

Mi amiga amplió los ojos en su máxima expresión y por un instante quedó sin palabras, impactada por lo que había confesado. Luego estalló en risas.

Su reacción me indignó.

—¡No puedo creerlo! —exclamó y tapó su boca con las manos manteniendo una expresión incrédula—. La fiera tigresa de Harley enamorada.

—¡Cállate, tonta! —la regañé, y evalué los alrededores para asegurarme que nadie estuviera cerca y oyera sus disparates. Ella seguía riendo con diversión—. No estoy enamorada, es… es… —dije insegura, no comprendía mis propios sentimientos—. Es raro y muy intenso.

Sarah dejó de reírse para observarme con atención. Quizás, mi cara de desconcierto le aclaró que no mentía. En mi cabeza y en mi corazón se desataba un lío monumental que no sabía cómo enfrentar.

No podía quedarme por siempre encerrada en esa cocina, debía salir y darle la cara a Nathan. Después del beso, varios del público estallaron en aplausos, como si aquello fuese el final feliz de una película rosa.

Algunos se acercaron a nosotros para felicitar a Nathan por el arte y se creó un pequeño pandemónium que me permitió escapar de allí.

El corazón me palpitaba como si estuviese defectuoso, a punto de explotar en mil pedazos. Necesitaba de una cerveza bien fría para sosegarlo, por eso me dirigí a la casa sin saber que las chicas me habían seguido muy de cerca.

—Es interés, al menos —dijo Sarah. Esta vez, muy seria—. Lo que sucedió era inevitable, Becca, lo sabes. Desde que él llegó, ustedes no hacen otra cosa que comerse con los ojos. Se buscan y se desean. De un momento a otro esto ocurriría. Si antes no habían hecho nada, es por Roger.

Al recordar a mi padre, mis emociones cambiaron por completo. De inquietud pasé a sentir terror.

No sabía cómo reaccionaría Roger ante la posibilidad de una relación entre Nathan y yo. A él lo tenía en mucha estima, pero a mí me exigía demasiado.

En el pasado, ante el insistente acercamiento de Ray, mi padre intervino dejándole en claro que no habría nada de romance entre nosotros, porque mis estudios eran mi único norte. Ese había sido uno de los momentos más humillantes de mi vida.

Ray, sin embargo, lo tomó como algo lindo. Decía que era normal que un padre cuidara de su hija, pero yo lo veía como un horrible ataque a mi personalidad y a la confianza mutua. ¿Cómo actuaría Roger en caso de que fuese Nathan quien me pretendiera?




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