—Dios… esto es terrible —mascullé inquieta.
—En el reportaje también pretenden dar una mala imagen de Nathan —contó Naty—, porque lo creen un creído al ser tan inteligente. Eso lo sé porque algunos chicos de la redacción me llamaron para decirme que no estaban de acuerdo con lo que Scott pretende hacer.
—¿Y Lorna sabe de esto? —pregunté contrariada.
Lorna, la editora del diario, podía ser una persona desagradable, autoritaria e irreverente, pero jamás actuaría con tan mala intención.
Ella cuidaba mucho de la calidad de los artículos que se publicaban porque necesitaba mantener el diario en un alto nivel, para alcanzar su beca universitaria y el premio periodístico que anualmente ofrecía la Alcaldía.
—Lorna fue seleccionada para representar al estado en un Congreso estudiantil de periodismo en Washington D.C. —explicó Sarah cruzándose de brazos—. Está semana faltará al instituto para preparar su presentación y la próxima no estará en Rhode Island. Por eso dejó el periódico en manos del miserable de Scott.
—¡¿Y no pueden hacer algo para detenerlo?! —fustigué con rabia hacia Naty.
Ella retrocedió un paso y casi se ovilla del miedo. Era una chica dulce, tímida y un poco insegura, pero tenía un gran corazón.
—Ya lo hice —comentó nerviosa—. Ayer, cuando me enteré de todo, se me ocurrió buscar una noticia más importante que opacara a esa y de esa forma obligar a Scott a aceptarla y olvidarse del tema de Ray y de los Tigres.
Sarah llamó mi atención al tomarme de un brazo, para así dejar de presionar a la chica con mi mirada irritada y mi postura tensa centrándome en ella.
—Ayer Naty me contó que el viernes estuvo en la práctica de baloncesto tomando unas fotografías y escuchó al entrenador decir que había posibilidad de que los reclutadores universitarios estén el próximo fin de semana en los partidos del torneo escolar.
La noticia me impactó.
—Como no pude hablar contigo ayer, porque estabas apurada, lo hice con Sarah —siguió Naty—. Necesitaba confirmar esa noticia, así que juntas hablamos con tu entrenadora y le dijimos lo que sucedía en el diario escolar, lo que Scott pretendía hacer. Ella entendió nuestra urgencia, por eso nos dio toda la información concerniente a esa visita de los reclutadores para que eso sustituyera a lo ocurrido en la fiesta de Holguin. Ese asunto es de mayor importancia para los estudiantes, sobre todo, los de último año. Le pasé el dato a Scott y él no pudo negarse a incluirlo.
Me mantuve en silencio un instante, reflexionando todo lo que me decían. Me sentía saturada.
—¿Los reclutadores vendrán? —indagué desconcertada.
—Sí —aseveró Sarah—. Los entrenadores iban a mantener esa información en secreto postulando para la beca solo a algunos deportistas elegidos por ellos, pero nuestra entrenadora, al enterarse del problema que se avecinaba, nos dijo la verdad para usarla en el reportaje central de esta semana. Esa noticia aplasta totalmente el chisme de Ray y nos dará tiempo para pensar en algo y resolver ese problema.
De mi pecho brotó una risa de alivio, tuve que sentarme en una silla para asimilar aquello. No solo me inquietaba el asunto de Ray, sino también la presencia de los reclutadores universitarios. Esta era una oportunidad que esperaba con anhelo.
—¿Por qué los entrenadores no quisieron decir nada y pretenden postular ellos a los estudiantes merecedores de beca? —consulté confundida.
—Por los exámenes —señaló Naty—. La presión que genera el torneo de por sí amenaza el rendimiento de los deportistas, el hecho de saber que los reclutadores estarán en la cancha los pone más nerviosos y hay posibilidades de que descuiden los estudios por entrenar para las becas. Además, no solo reclutadores deportivos vendrán, también los de algunas escuelas de arte y de música.
—¡Son excusas tontas! —porfié—. No es la primera vez que ellos se presentan y jamás se ha visto una baja generalizada del rendimiento estudiantil. No tienen por qué limitar las oportunidades. Todos tienen derecho a participar.
Naty sonrió con aprobación, mostrándose más calmada al ver que yo abandonaba mi postura amenazante.
—Por suerte, todo está solucionado para la publicación de mañana. Vine porque Sarah me dijo que era importante que supieras lo que estuvo a punto de suceder por mi boca. Por ahora, estamos a salvo. Scott tuvo que aceptar el cambio de tema por la relevancia que tiene, pero para la próxima publicación no sé si tendré la misma suerte de enterarme a tiempo de los planes de la redacción. A mí no se me comunican esas cosas.
—Pero igual hablarás con Lorna para que vigile a Scott, ¿cierto?
—Lo intentaré… —Como me puse de pie para enfatizar mi petición, asumiendo de nuevo una postura amenazante, la chica corrigió sus palabras—. Hare mi mejor esfuerzo, Becca. Lo prometo.
—¿Por qué hablas como si fuera muy difícil?
—Porque Lorna confía mucho en Scott y casi nada en mí. Sin pruebas no me creerá, pensará que es un chisme para molestarlo por envidia y ninguno de los chicos de la redacción se atreverá a hablar por miedo. Lorna es un poco aterradora.
Gruñí de rabia. Odiaba la cobardía, pero debía aceptar que yo también sufría de ese mal con mi padre.
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Editado: 31.03.2026