El resto de los días de esa semana fueron feroces. Entre los exámenes y las exigentes prácticas de hockey se me iba la vida. La noticia de la presencia de los reclutadores en los partidos y en las actividades culturales del próximo fin de semana tenía a todos muy nerviosos.
Pero el mundo se me vino abajo cuando recibí los resultados de la evaluación de Historia. Mi existencia, tal como la conocía, iba a cambiar por culpa de esa nota.
—¡¿Un seis?! —dije espantada—. Se acabó. ¡Todo se acabó para mí! —expuse con dramatismo.
Sarah se acercó y me arrancó la evaluación de las manos.
—Becca, jamás había sacado una nota tan baja. ¿Qué pasó?
—Odio esa materia —revelé y sostuve mi cabeza agobiada con ambas manos—. Odio las guerras, las revoluciones, las peleas y las discusiones diplomáticas. ¡Odio las fronteras, a los ejércitos, al que fabrica las armas y al que inventó la política! —empecé a recitar alterándome cada vez más.
Mi amiga me tomó por los hombros y me sacudió con fuerza.
—¡Ey! Prohibido entregarse al fracaso. Becca River no se rinde a la primera.
—Becca River dejó de existir en este momento —pronuncié con lágrimas en los ojos.
Sabía lo que vendría después. Perdería el hockey y mi oportunidad de una beca deportiva para la universidad, ya que me ganaría un encierro de por vida en mi habitación para leer todos los libros de Historia del mundo.
—¡Tonta! No fuiste la única que obtuvo una nota baja —trató de tranquilizarme Sarah, pero estaba tan entristecía que nada lo haría—, más de la mitad del salón aplazó. Al menos, aprobaste.
—Sabes que eso no es suficiente para mi padre y este sábado estarán los reclutadores en la cancha. ¡Perdí mi oportunidad!
Una lágrima corrió por mis mejillas, conmoviendo a mi amiga.
—No digamos nada. —La vi con los ojos agrandados—. El profesor estará obligado a hacer un recuperatorio y de seguro lo hará la próxima semana. Luego del partido nos desgastaremos estudiando.
—Tú sacaste un siete.
—No me importa. ¡Juntas hasta el final!, ¿lo recuerdas?
La abracé con alivio. Las palabras de mi amiga me llenaron de esperanzas, aunque no fueron suficientes para calmarme. Era imposible que me aprendiera todo el contenido de esa materia en un fin de semana, ya lo había intentado y mi cabeza se negaba a asimilar esa información.
Pero si no subía esa nota todos mis esfuerzos quedarían a la deriva, la única forma de seguir adelante con ellos era creando una situación crítica con mis padres y no deseaba llegar a ese punto. Deseaba imponer mis deseos, pero dándoles a cambio la satisfacción de verme triunfar en los estudios, como en realidad querían.
Sin embargo, pensar en estrategias para aprenderme aquel extenso material me irritó. En la tarde, durante la práctica, mi mal humor estalló haciéndome insoportable.
—¡Becca! Tienes que relajarte, con esa actitud pierdes por completo la concentración —me retó mi entrenadora.
Todos los ejercicios me salían mal, los disparos, los dribles… Descargaba mi rabia discutiendo o enfrentándome a mis compañeras. Las empujaba, hacía trampa para no perder el dominio de la bola o les gritaba ofensas si no lograba superarlas.
—No volveré a hacerlo —mascullé con la cabeza baja, ansiosa porque se alejara para continuar en soledad con mis berrinches.
Ella pudo notar mi estado. Sabía que por ese día nada me calmaría.
—Mejor, vamos a dejarlo por hoy. No tienen ánimo para entrenar —dijo haciendo referencia a la poca energía que mostraba el equipo.
Varias de las chicas habían salido mal en las evaluaciones de esa semana y debían repetir los exámenes la próxima, acumulando sus responsabilidades. Eso, sumado al exigente entrenamiento al que nos sometíamos, las tenía agotadas.
—¡No!, debemos seguir. ¡Mañana es el partido! —porfié, molesta.
—¡Han practicado toda la semana, Becca! Si no descansan, mañana no lograran ni levantarse de sus camas.
—¡Para todas es importante este juego! —grité al ver como la entrenadora le indicaba al equipo a abandonar la cancha. Las chicas le obedecieron sin rechistar.
Ante mi arrebato, ella se giró hacia mí con rostro severo.
—Lo dejaremos por hoy, Becca. Tienen un nivel alto en cuanto al deporte y van invictas en el torneo, pueden darse un descanso.
Me mordí los labios para no rebatir sus palabras, su mirada de advertencia me indicó que si lo hacía podría estar en problemas por desacato y mala actitud.
Al ver a las chicas aceptar con sumisión la retirada y caminar de hombros caídos hacia los baños, como si hubiesen sido apaleadas, aumentó mi rencor. Hasta Sarah me ignoró para salir rápido de la cancha, se veía exhausta.
—Traidoras —susurré para mí misma, antes de dar media vuelta y apuntarme de voluntaria a recoger los implementos de la práctica para no encontrarme con ellas en los baños.
Mi pecho ardía por la ira. De seguro terminaría discutiendo con alguna, o con todas, si me topaba con ellas y me ganaría una sanción que empeoraría mi situación.
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Editado: 31.03.2026