Salimos de la casa y caminamos por la calle apartándonos de los ruidos y de la gente conocida. Nathan guardó sus manos en los bolsillos y se mantuvo un instante cabizbajo, parecía bastante molesto.
—No hagas caso a las idioteces que dice Ray, está algo pasado de tragos —traté de justificar, pero él lo que hizo fue mirarme con rencor.
—¿Por qué lo haces, Becca?
—¿Hacer qué?
—Arriesgar la reputación que tanto te ha costado ganar con el hockey asistiendo a fiestas de este tipo —dijo y señaló la casa de Donovan de forma despectiva.
Su tono me molestó.
—¿A qué te refieres?
—Es genial que quieras disfrutar y compartir con amigos, que te emocione la adrenalina de la rebeldía, pero ¿drogarte? ¿Asistir a peleas ilegales o centros clandestinos de apuestas? —Se calló un instante para rugir de impotencia—. ¿No entiendes lo peligrosa que es esa gente? ¿Lo que en realidad ellos buscan de todos ustedes asistiendo a sus fiestas, o invitándolos a las de ellos?
Su rostro fiero e indignado me cabreó aún más.
—Ya te dije que no quiero tener a otro padre, Nathan. Si viniste aquí solo para…
—¡No quiero ser tu padre! —me interrumpió y detuvo su andar para observarme con fijeza—. Becca, eres asombrosa, tienes algo que muchos anhelamos con locura y lo estás desperdiciando.
Resoplé fastidiaba, harta de que me salieran siempre con la misma historia.
—¿Vas a decir también que soy una chica privilegiada? ¿Qué vivir en una familia convencional, con mis padres vivos y capaces de pagar todos mis gastos, me obliga a desechar mis propias aspiraciones para cumplir las de ellos? ¿Qué soy una desagradecida, una malcriada, una inconsciente, una…?
—¡No! —me detuvo—. Becca, sabes lo que quieres y luchas por ello sin importarte si rompes reglas o no. No todos tenemos ese don.
Lo observé confundida.
—¿De qué hablas?
Él respiró hondo y retomó la caminata, pero esta vez, con actitud derrotada.
Lo seguí, inquieta por su estado.
—No tengo ni la más mínima idea de qué hacer con mi vida —reveló cabizbajo.
—¿Qué dices? Trabajas para ser independiente —aclaré desconcertada.
—¿Y voy a pasarme la vida trabajando de reponedor en un supermercado? ¿No te parece un poco deprimente?
Lo observé impactada, nunca imaginé que Nathan se sintiera así.
—Tú tienes un plan de vida, algo que te apasiona con locura y quieres ir a la universidad —siguió—. Sabes qué deseas estudiar y qué harás luego de graduarte. Incluso, tienes una idea de lo que harás cuando decidas no jugar más de forma profesional. Yo ni siquiera sé qué haré si, al salir de la preparatoria, no tengo el dinero suficiente para independizarme. —Respiró hondo de nuevo, con pesadez, como si la vida le resultara una enfermedad crónica—. No pienso depender más de Roger, pero no tengo a dónde ir ni tengo a alguien que espere por mí.
Me conmovió su aflicción. Llegamos al auto de mi padre y él entró para sentarse frente al asiento del conductor sin decirme nada. Me aproximé a su ventanilla para seguir hablando.
—Dibujas hermoso.
—¿Y eso de qué me sirve?
—Podría tener una salida profesional.
Nathan resopló con burla, actitud que me molestó.
—Jerry estudió artes plásticas por años y trabaja como reponedor en un supermercado.
—A Jerry se le ve en la cara que solo busca dinero para cervezas, cigarros y latas de pinturas. Tú quieres algo más, aunque no sabes qué es.
Él no contestó, fijó su atención en la nada como si allí pudiera ver alguna respuesta.
Nunca imaginé que Nathan estuviese tan perdido y confundido. Siempre lo vi como un hombre maduro, seguro de sí mismo y capaz de salir adelante sin la ayuda de nadie. Era evidente que no todos éramos lo que aparentábamos.
«Eso confirma que necesitamos compartir más tiempo a solas, para conocernos», me había dicho en una ocasión. Él decía que yo le resultaba asombrosa solo por tener un plan, pero… ¿de qué servía el plan si no tenía los medios para llevarlo a cabo?
Ambos estábamos incompletos, nos faltaba algo, y ese algo lo tenía el otro.
Rodee el auto para entrar en el asiento del copiloto.
—¿Podemos ir a otro lugar? —Él seguía con postura derrotada, solo giró el rostro para mirarme con desánimo—. ¿Conoces algún lugar donde podamos estar solos?
Por un instante no hizo nada, solo verme con lo que me pareció un poderoso anhelo, el mismo que sentía yo por él.
Cuando logró reaccionar, puso el auto en marcha y enseguida nos alejamos de allí.
Minutos después llegamos a la playa Edgewood, donde habíamos ido antes. Encendimos el estéreo y dejamos que las enérgicas melodías de un tema suave de Aerosmith inundara el espacio que nos rodeaba.
Se detuvo cerca del muelle. El área estaba casi desolada. Se veían algunas personas paseando a lo lejos por el lugar.
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Editado: 31.03.2026