La vida a través de tus ojos

Capítulo 35. Sigo cometiendo errores.

La pista de skate estaba muy animada. Había música, decenas de chicos haciendo acrobacias con sus patinetas y otros bailando. En cada rincón se llevaban a cabo competencias de rap, o de habilidades con patines o bicicletas.

Al fondo se hallaba una cancha de baloncesto, donde dos equipos mixtos se enfrentaban. Varios apostadores se encontraban entre el público, aprovechaban la diversión para captar el dinero de algún incauto.

Por supuesto, también estaban los vendedores de drogas y cerveza, mal escondidos entre los autos aparcados. A esa zona me dirigí, Sarah debía estar allí con los chicos. Ellos solían asistir llevando consigo sus propias bebidas ocultas en los autos.

Al encontrarla, no fue necesario decirle nada. Mi rostro acontecido la puso en alerta. Se quitó de encima al tipo que besaba y me tomó de la mano para llevarme a un lugar apartado y tener privacidad.

Nos sentamos en el borde de la acera y le conté, entre lágrimas, lo que había sucedido en casa.

—Mierda, Becca, esto es serio. Si los padres y la policía hacen un escándalo, nuestra reputación de verdad quedará manchada. Más de un tonto le hablará de Walter y la relación que él ha tenido con nosotros, no podemos cerrarle la boca a todo el instituto.

—Ese maldito artículo fue un terrible error. ¿En qué mierda estaban pensando los idiotas que lo escribieron?

—Ray y Donovan quisieron hablar con Juno y con sus amigos para ofrecer una disculpa pública —reveló mi amiga—. Pero se desató una fuerte discusión en medio del entrenamiento de los Tigres y varios se fueron a las manos delante del entrenador. Al parecer, suspenderán a casi todo el equipo y se retirarán del torneo.

Torcí mi rostro en una mueca de rabia. Nada de eso iba a resolver el lío en el que estábamos metidos.

—Mi padre ahora está en el instituto. Hablará con mis profesores y con la entrenadora para sacarme del equipo. Se acabó el hockey para mí.

—Becca, él no tiene decisión en eso, lo sabes. —Sarah me frotó la espalda para darme consuelo, pero también, fortaleza. Ella sabía que la tarea que tenía por delante para hacer valer mi posición sería titánica—. Aunque falte poco para cumplir tu mayoría de edad, puedes tomar desde ya tus propias decisiones. La entrenadora no te suspenderá por un capricho de él, pero si tú acatas su orden, nada podremos hacer.

—Tendría que enfrentarme a sus dictamines rompiendo la relación entre nosotros.

—Entonces, haz lo que él quiere y pierde tu identidad. Con el tiempo estarás tan amargada y llena de rencores que igual habrá enfrentamientos entre ustedes y se romperá la relación. ¡El final siempre será el mismo!

Me froté la frente con ansiedad.

—No sé qué hacer. Le dije un montón de mentiras, con eso va a manipularme.

—Te manipulará si lo dejas. Tienes que ser firme.

—Me quitará toda entrada de dinero. ¡¿Cómo puedo ser independiente si no tengo los recursos?! —expuse desesperada—. Me impidió que siguiera trabajando en el supermercado.

—Entonces, busca otro empleo.

Me produjo rabia la forma tan despreocupada con que se expresaba mi amiga.

—Hablas como si todo fuera tan fácil —le reproché, y sequé las lágrimas que habían escapado de mis ojos.

Ella respiró hondo antes de continuar.

—Entiendo que para ti no es fácil, Becca, porque siempre has sido una chica privilegiada. —La miré con odio al pronunciar ese calificativo, pero ella mi ignoró—. Te han dado todo mientras escondías tus anhelos y cumplías con tu rol, pero resulta que la vida real no es así.

Su sentencia me doblegó, porque de eso ya me estaba dando cuenta.

—Los sentimientos no se pueden ocultar por siempre, porque ellos son la llama que nos mueven. A ti no te emociona la carrera de Economía como espera tu padre, sino el hockey sobre césped. Aunque él quiera lo mejor para ti debe aceptar tus decisiones, porque la que vivirá por siempre con eso serás tú. Si tu padre de forma injusta pretende manipularte eliminando las ayudas financieras, entonces, deberás apretarte el cordón de las deportivas y salir a buscar por tu cuenta esos recursos, no sentarte a llorar por el miedo que eso te produce. Eso déjaselo a la Becca niña, la adulta tiene que actuar de otra manera.

—No quiero enemistarme con él. Me importa, eso es lo que en realidad me preocupa, no el dinero —revelé con pesar e irritación—. Valoro todo lo que ha hecho por mí y sus buenos sentimientos, enfrentarme a él de forma abierta le hará un gran daño. No quería llegar a este punto. ¡Necesito su cariño y su apoyo moral para seguir!

—Bequi, ya todo está hecho. Los secretos han hecho mucho daño, debes continuar.

Cerré los ojos y los apreté con mis manos mientras me agobiaba un remolino de emociones. No podía pensar con claridad por culpa de todos esos sentimientos.

—Lo peor de todo, es que compliqué las cosas para Nathan, tanto con mi padre como su situación personal.

—Lo que cuentas es una mierda, pero él tiene parte de culpa. Si hubiese dicho algo…

—Si te fueses a vivir a otra ciudad para huir de los problemas que te persiguen, ¿se lo contarías a tus nuevas amistades? —la interrumpí.




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