Ni siquiera sabíamos que era lo que sería el límite, a varios nos tenían contra las paredes, a otros los desnudaron, nos golpearon, hasta que suplicamos la muerte misma, rezando para que ese sea el fin del calvario que nos han hecho.
¿Por qué los que nos debían proteger nos asesinaron? A día de hoy no sabemos porque, mi madre aun me esperaba en casa, esperaba que volviera con vida, creo que la mate de tristeza. Perdóname madrecita santa, a mi jefecito por no poder ayudarle un sábado por la mañana en la obra, por no darles lo que ellos merecían.
Grito porque solo así me escuchan.