Cuarto contacto.
Mairadí – Un hermano del cosmos:
Te saludo en nombre del Señor, querida hermana. Mi nombre es Mairadí. Nos conocemos por telepatía.
Vengo en nombre y en la voluntad del Padre y de Su Hijo, del Espíritu omnipresente, que amamos y veneramos, y hacia el cual tenemos que desarrollarnos, para que podamos volver a estar unidos en la eterna corriente primaria del Espíritu. Debe volver a ser como era antes. Igual que la humanidad y los no encarnados tienen que evolucionar hacia la corriente primaria, también nosotros tenemos que hacerlo hasta la divinidad absoluta.
Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, es vuestro Maestro. Él, os conduce hacia el Padre Eterno. Para nosotros Jesús, el Cristo, es nuestro Hermano y el Hijo del Todopoderoso, el Corregente de la Creación. Nuestra forma de existencia no ha caído tan bajo como el alma del ser humano. Por eso no necesitamos pasar los cuatro ámbitos astrales.
Visto desde vosotros, en la Caída de los ángeles nos quedamos en el quinto nivel de desarrollo. En este plano espiritual no perfecto nos dimos cuenta de que habíamos actuado contrariamente y que ahora necesitábamos ascender.
También nosotros permanecimos durante mucho tiempo en un sueño espiritual. Íbamos mirando una y otra vez a los demás, y conversábamos sobre formas de pensar y actuar, observando cómo se iban oscureciendo inapreciablemente más y más. Este tiempo fue un tiempo desperdiciado, en el que nos cargábamos, pero no en tal medida como para seguir cayendo.
Ahora sabemos que la Ley de Dios dice: «No debes ni pensar sobre tu prójimo, ni mirar cómo se enreda más y más en su mundo de pensamientos inferiores». «Piensa en todo momento positivamente», dice la Ley de Dios, «y ayuda donde la ayuda es necesaria».
Ya que nos encontramos en el quinto plano de evolución, no nos es necesaria la redención por parte del Redentor Jesús, el Cristo, sino solo la liberación por el espíritu etéreo, que no solo llevará a nuestros cuerpos parcialmente materiales a la vibración de la perfección, sino también a nuestro sistema planetario.
Ahora nos esforzamos continuamente, por reconocer nuestra actitud errónea y actuar de acuerdo con la Ley de Dios, para que la condensación parcial disminuya y se adapte a la corriente primaria.
Con nuestro desarrollo espiritual, le damos también a nuestro planeta una envoltura espiritual magnética. En ella puede refinarse lo que aún es denso, adoptando la vibración de la pureza, para que podamos ser atraídos por los mundos puros, incluido nuestro sistema solar. Pues como sabéis, cosas iguales se atraen. Así que hay que crear lo igual.
Nuestro planeta originalmente se llamaba Juli. El jefe del planeta es Maiamí. Por esto nuestro planeta también se llama Maiamí-Juli.
La condensación parcial corresponde aproximadamente a un tercio de la condensación de la Tierra. Por eso en nuestra, en mi patria, no existe la noche oscura, sino que en ciertos espacios de tiempo, hay una cierta luz más apagada, que apenas se diferencia del día, porque el Sol que ilumina nuestro planeta puede traspasarlo en su mayor parte. Nuestras sombras solo son unos leves contornos correspondientes a la condensación.
Cuando entramos en vuestro sistema solar, solo lo hacemos con una nave espacial. Estas las construíamos y construimos fuera de vuestro plasma solar. Con nuestros cuerpos espirituales podemos entrar en vuestro sistema solar, pero a la atracción de la Tierra solo nos acercamos con nuestras naves espaciales.
Fuera de vuestro sistema solar hay diversos planetas, que poseen metales muy desarrollados. Estos son muy parecidos a los metales de esta Tierra. Por ejemplo, el sirio y otros planetas parecidos poseen estos metales de alta vibración, que son estupendos para nuestros propósitos.
Nosotros reconocemos por estos metales a cuales ámbitos vibratorios debemos dirigirnos con nuestras naves espaciales, para poder entrar en la esfera terrestre. En un planeta rico en metales, como el sirio, hay muchas naves espaciales preparadas.
Nuestro deslizante es una nave de rotación, que está construida de forma parecida a los cuerpos espirituales –el ser humano habla de almas–. Los deslizantes en forma de platillos vienen de los ámbitos, que se encuentran fuera de los cuatro planos de purificación. Son los vehículos espaciales de mayor intensidad de irradiación.
Cada plano tiene su nivel de consciencia. Así también los seres que viven en ellos. De acuerdo con su grado de conocimiento también construyen las naves espaciales. Por eso hay las diferentes formas.
El alma es un cuerpo de rotación, que está constituido igual que la mecánica de los Cielos y también como cada sistema solar. El núcleo de ser en el interior es la fuente de luz. De ella depende el movimiento de todo.
También el átomo espiritual vuelve a estar constituido como el alma y la mecánica de los Cielos. En lo más grande se reconoce lo más pequeño y al revés también, en lo pequeño se ve lo grande. Según este sistema espiritual, que es la Ley de Dios, hemos construido nuestras naves espaciales en forma de platillos.
Siempre se vuelve a decir que el alma del ser humano es el microcosmos en el macrocosmos, lo que por otra parte significa, que el cuerpo espiritual completamente desarrollado, es absolutamente idéntico con el universo. Igual que los siete Cielos base giran alrededor del Sol Central Primario, y los sistemas solares se mueven en estas esferas celestiales, los cuerpos espirituales se mueven en el mismo principio. El alma del ser humano no es otra cosa que un cuerpo espiritual achicado, que al haberse cargado, ya no está en completa armonía con el infinito.
Nosotros sabemos acerca de la constitución de la Creación y de nuestros cuerpos espirituales. Con nuestra fuerza espiritual podemos tantear exactamente las energías de los planetas terrestres, y utilizarlas para nuestras naves espaciales. También podemos mirar en las órbitas de los planetas y calcular la rotación de los diversos planetas.